• viernes, 30 de enero de 2026
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COMERCIO LOCAL

El emocionado adiós al bar de Pamplona que convirtió a sus clientes en amigos: “Nos retiramos a descansar”

“Tantos años y muchos clientes fijos pues haces amistad. Como seguimos en el barrio ya nos veremos”, aseguran Lourdes y Pedro.

Lourdes y Pedro en su último día de trabajo en el bar Malú de Pamplona. Navarra.com
Lourdes y Pedro en su último día de trabajo en el bar Malú de Pamplona. Navarra.com

María Lourdes Morales (59 años) y Pedro Marín (58) han dicho adiós a su bar de Pamplona con una mezcla de orgullo, cansancio y mucha emoción. Después de casi cinco años al frente del negocio, la pareja ha bajado la persiana con una frase sencilla y directa: “Nos retiramos a descansar”. No se van por un mal momento, insisten, sino porque había llegado el punto en el que el cuerpo pedía un cambio de vida.

En el barrio de Iturrama, el bar cafetería Malú se ha convertido en un pequeño punto de reunión. Está en la calle Serafín Olave 11 trasera, muy cerca de otros comercios locales que también han ido ganándose su hueco, como el restaurante Corazón Mexicano, de los hermanos Mayra y Daniel Costa. En el Malú, con el tiempo, los clientes dejaron de ser “clientes” y pasaron a ser “amigos”.

La historia del cierre llevaba tiempo escribiéndose. Lourdes, ella de Lodosa, y Pedro, aragonés de Tarazona, llevan décadas en Pamplona y apostaron fuerte por el bar tras la pandemia. “Nos enorgullece haber llegado hasta aquí. Cada año hemos crecido, tenemos más clientes y trabajamos mejor y más a gusto”, contaban. Y, aun así, tenían una meta marcada: vender cuando llegara el momento oportuno.

Ese momento llegó ahora, justo cuando en marzo se iban a cumplir cinco años desde que abrieron. “Ha salido la oportunidad. Me han comprado el bar y me retiro a descansar”, relató Lourdes, que no escondió el desgaste acumulado. “Terminamos hoy. Ya con un poco de cansancio. En un mes va a hacer cinco años desde que estamos. Me puse una meta, un tope y ha llegado”, añadió.

El último día tras la barra fue el domingo 25 de enero. Y quisieron que fuera diferente. Aunque normalmente cierran, tuvieron el detalle de abrir también el domingo por la tarde para despedirse “en plan despedida” e invitar a los clientes más conocidos. Fue una tarde de abrazos, frases de “qué pena” y promesas de verse en el barrio, porque ellos no se marchan de la zona.

“Nos ha costado dejarlo porque los clientes son amigos”, reconoció Lourdes. “Tantos años y clientes fijos pues haces amistad. Como seguimos en el barrio ya nos veremos”. Entre conversación y conversación, fueron apareciendo las peticiones de siempre, las que dicen mucho de cómo era el bar: que se mantenga la tapa gratis con la bebida, que no se pierda la receta de la tortilla “que está súper buena”, que vuelvan las migas “una vez a la semana” y que sigan las tostadas, “que triunfan”.

El Malú, eso sí, no cierra para siempre. Estará cerrado un tiempo, pero la idea es que vuelva a abrir pronto. “Los que vienen son una pareja venezolana con experiencia en hostelería. Les ha gustado mucho y se han animado. Tienen el bar Aldapa. Ha habido buen acuerdo y están conformes con todo lo que les comentamos. Espero que abran para febrero y que lo sepan llevar como nosotros”, explicó Lourdes.

Y si alguien piensa que se van por falta de trabajo, la respuesta de Lourdes fue tajante: “Qué va. Estamos en auge. Cada día hay más trabajo. Estas semanas de enero ha sido bestial. Sin parar”. El cambio, insiste, es personal. “Hay que cambiar de vida y hacer otras cosas”. Entre sus planes está disfrutar de lo que estos años apenas han dejado: “Este año voy a tener una nieta en Bélgica, en Bruselas, y quiero tiempo para ver a mi hijo, viajar y hacer otras cosas”.

Pedro vive el adiós con ese mismo sentimiento agridulce. También le da pena, pero mira hacia adelante. “Por supuesto, pero siempre hay proyectos nuevos, cosas nuevas juntos”, comentó, orgulloso del camino recorrido. “En estos años hemos hecho amistades. El negocio va a más. No hemos llegado al tope”.

El ritmo de trabajo también explica parte del desgaste. “Nos gustaría que lo llevaran parecido a lo nuestro y que metan más horas porque nosotros estábamos los dos solos con un horario tranquilo cerrando al mediodía”, explicó Pedro. Su dinámica era clara: cerraban “día y medio, el domingo por la tarde y lunes”, y abrían “a las 10 de la mañana”.

Las reseñas de clientes en redes sociales reflejan ese ambiente cercano del que hablan. “Sitio perfecto para tomar algo. El servicio increíble, muy atentos y amables. Terraza cubierta y limpia al lado de un parque”, dice una. Otra destaca: “Situación idónea y muy accesible, terraza acogedora, excelente servicio, magnífica atención, precios acordes a la calidad, organización y dirección perfecta. Recomendable 100x100”.

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