Pamplona

Tres décadas sin el maestro Turrillas en Pamplona: el navarro que le puso música a las fiestas de San Fermín

Fotomontaje del maestro Turrillas y la plaza de Pamplona que lleva su nombre.
Dedicó medio siglo a La Pamplonesa y compuso numerosas piezas para las peñas sanfermineras, que siguen interpretándose por las calles de la ciudad.

Hay canciones que nunca pasan de moda en Pamplona. Suenan cada mes de julio, acompañan a las peñas por las calles y hacen bailar a miles de personas. Muchas de ellas tienen un mismo autor: Manuel Turrillas Ezcurra, el músico navarro que convirtió su talento en una parte inseparable de las fiestas de San Fermín.

Este 20 de octubre de 2026 se han cumplido 29 años de su fallecimiento. El conocido como maestro Turrillas murió en Pamplona el 20 de octubre de 1997, a los 92 años, después de dedicar buena parte de su vida a la música popular de Navarra. Su recuerdo sigue muy presente, especialmente durante los Sanfermines.

Pero su legado no se limita a las partituras. El Ayuntamiento de Pamplona decidió dedicarle una gran plaza en el barrio de Azpilagaña, un espacio que lleva su nombre desde hace casi tres décadas y que se ha convertido en un punto de encuentro para los vecinos.

La historia de este músico, nacido en una familia de labradores de Barásoain, tiene además una particularidad poco conocida: compuso numerosas canciones para las peñas de Pamplona sin preocuparse por cobrar por ellas. Para él, contribuir a la alegría de las fiestas era una satisfacción suficiente.

De Barásoain a La Pamplonesa: los primeros pasos del maestro Turrillas

Manuel Turrillas Ezcurra nació el 1 de enero de 1905 en Barásoain, una localidad de la Zona Media de Navarra. Su familia se dedicaba a las labores del campo, pero él mostró desde muy pequeño una afición especial por la música.

Con apenas ocho años comenzó a aprender solfeo con Manuel Rodero, organista de la iglesia de su pueblo. A los diez años ya formaba parte de la banda de música de Barásoain, donde empezó a desarrollar unas cualidades que marcarían toda su vida.

A los veinte años se trasladó a Pamplona y consiguió ingresar por oposición en La Pamplonesa, la banda municipal de música. Allí tocó el clarinete y permaneció durante cincuenta años, una trayectoria que le permitió conocer de primera mano la evolución de las fiestas y de la música popular de la ciudad.

También tocaba el saxofón y el acordeón. Su actividad musical convivió durante años con su trabajo en una cooperativa agrícola, donde continuó hasta su jubilación.

El músico que puso banda sonora a las fiestas de San Fermín

Hablar del maestro Turrillas es hablar de los Sanfermines. Sus composiciones han acompañado durante generaciones a las peñas, las charangas y los miles de pamploneses que salen a las calles cada mes de julio.

Entre sus obras más conocidas figuran 'El primer cohete', 'Clarín de fiestas', 'Alegría sanferminera', 'Qué bien bailas', 'Navarra canta' y 'Pamplona Feria del Toro'. También escribió música para numerosas peñas de la ciudad.

Su firma aparece vinculada a entidades tan conocidas como Aldapa, Anaitasuna, La Jarana, Muthiko y Oberena, entre otras. Sus melodías terminaron convirtiéndose en parte del repertorio habitual de las fiestas.

Una de las particularidades de Turrillas era su generosidad. El compositor preparaba canciones y arreglos para las peñas sin exigir una remuneración económica. Su hijo José Luis Turrillas recordó años después que su padre entendía estas colaboraciones como una manera de contribuir al ambiente sanferminero.

"¿Qué les voy a cobrar?", se preguntaba el músico cuando surgía la cuestión del dinero. En ocasiones, las peñas le agradecían su trabajo con invitaciones a comer o entradas para los toros.

Aquella relación tan estrecha con las cuadrillas y las sociedades populares hizo que sus canciones fueran pasando de una generación a otra. Muchas personas las han cantado durante décadas sin saber quién había escrito sus partituras.

Más de 400 composiciones y el himno de Osasuna

La obra del maestro Turrillas fue mucho más amplia que la música de las fiestas. El Archivo de la Música y de las Artes Escénicas de Navarra recoge un catálogo de más de 400 composiciones, entre pasodobles, jotas, zortzikos, auroras, pasacalles y otras piezas populares.

También es el autor del himno del Club Atlético Osasuna, una de las composiciones más reconocibles para los aficionados rojillos. Su música ha acompañado durante décadas los encuentros del equipo navarro y las celebraciones de sus seguidores.

Numerosos grupos e intérpretes han difundido sus canciones. Entre ellos figuran Los Iruña'ko, los Hermanos Anoz, los Hermanos Olaverría y Los Pamplonicas, que contribuyeron a popularizar sus melodías dentro y fuera de Navarra.

Su trabajo también estuvo relacionado con el Orfeón Pamplonés, los auroros, los gaiteros y distintas agrupaciones musicales y culturales de la ciudad. Esa intensa actividad le permitió convertirse en uno de los grandes referentes de la música popular navarra del siglo XX.

La plaza Manuel Turrillas de Pamplona: 5.100 metros cuadrados en Azpilagaña

El recuerdo del compositor también permanece en el callejero de la capital navarra. El 6 de noviembre de 1997, apenas diecisiete días después de su fallecimiento, el Ayuntamiento de Pamplona decidió dedicarle una plaza en el barrio de Azpilagaña.

La plaza Manuel Turrillas ocupa una superficie aproximada de 5.100 metros cuadrados y está situada entre las calles Río Alzania, Pedro Aranaz, Joaquín Maya y Buenaventura Íñiguez.

Se trata de un espacio prácticamente rectangular, con zonas verdes, lugares de estancia y un área de juegos infantiles. Su configuración ha permitido que se convierta en uno de los puntos de reunión habituales del vecindario.

La plaza también ha experimentado importantes transformaciones desde que recibió el nombre del compositor. En 2003, los vecinos comenzaron a realizar gestiones para construir un aparcamiento subterráneo, unas obras que terminaron en 2010.

La construcción del estacionamiento modificó la imagen de este espacio público. La superficie fue reorganizada con nuevas zonas de estancia y mobiliario urbano, manteniendo su función como lugar de esparcimiento.

Otra curiosidad se encuentra en la identificación de la plaza. Como los edificios que la rodean pertenecen a las calles colindantes, la placa con el nombre del maestro Turrillas se instaló sobre una gran piedra en el centro del parque.

Con el paso de los años, la placa sufrió un considerable deterioro por el desgaste y las pintadas, tal y como recogió Navarra.com en un reportaje publicado el 19 de febrero de 2023.

La Medalla de Oro de Pamplona que no pudo recoger

El maestro Turrillas recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su trayectoria. Entre ellos destacan el Pañuelo de Honor del Ayuntamiento de Pamplona, el Gallico de Oro de la sociedad Napardi, concedido en 1992, y su nombramiento como hijo predilecto de Barásoain.

También tuvo el honor de lanzar el chupinazo de San Fermín en 1991, un reconocimiento especialmente significativo para alguien que había dedicado tantas horas a componer la música de las fiestas.

Sin embargo, uno de los homenajes más importantes llegó cuando ya había fallecido. El 29 de noviembre de 1997, festividad de San Saturnino, Pamplona le rindió un homenaje en la Plaza Consistorial con motivo de la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad.

Miles de pamploneses participaron en aquel reconocimiento al compositor, que había fallecido poco más de un mes antes y no pudo recoger personalmente la distinción. El homenaje sirvió para agradecer una vida dedicada a la música y su contribución a la identidad festiva de Pamplona.

Un legado musical que conserva el Archivo de Navarra

La vinculación de Turrillas con Pamplona también se recuerda en otro lugar muy especial. El 11 de abril de 2005, el Ayuntamiento colocó una placa conmemorativa en el número 39 de la cuesta de Santo Domingo, en recuerdo del compositor.

Este homenaje se suma a la plaza que lleva su nombre en el barrio pamplonés de Azpilagaña y a los reconocimientos que recibió tanto en vida como después de su fallecimiento.

Además, en 2017, sus hijos donaron su fondo musical al Archivo de la Música y de las Artes Escénicas de Navarra, permitiendo conservar y estudiar una parte fundamental de su producción artística.

La donación fue realizada por José Luis, María Dolores, María Ángeles, Juana María, María Luisa y María Concepción Turrillas Roldán, descendientes del compositor. Entre las partituras conservadas se encuentran numerosas obras relacionadas con las fiestas, las bandas de música y las tradiciones populares de Navarra.

Su legado sigue sonando cada mes de julio en las calles de Pamplona, cuando las peñas recorren la ciudad acompañadas por las charangas y vuelven a interpretar las melodías que el maestro Turrillas escribió para ellas.