Chivite cuela a Sánchez en la foto del acuerdo en China mientras la producción industrial se hunde en Navarra
La inversión de Hithium en Navarra ha irrumpido este miércoles como una de las grandes noticias económicas del año. La presidenta María Chivite ha firmado en Pekín el acuerdo con la compañía china para implantar en la comunidad la primera gigafactoría europea de sistemas de almacenamiento de energía en baterías, un proyecto valorado en 405 millones de euros que prevé crear 700 empleos en una primera fase y alcanzar el millar en una segunda. Por otra parte, la presentación de este acuerdo suena ya reiterativo, ya que el anuncio de la inversión viene repitiéndose meses sin mayor novedad y ni siquiera está cerrada la decisión de dónde se ubicará la planta.
La fotografía del acuerdo ha contado además con un respaldo político de primer nivel. En el acto ha estado presente el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha escenificado su apoyo a una operación que el Ejecutivo foral ha presentado como un espaldarazo al futuro industrial de Navarra. Sobre el papel, el mensaje es claro: llega una inversión millonaria, vinculada a un sector estratégico y con expectativas de empleo.
Para Chivite, se trata de “una muy buena noticia” para la comunidad. También el consejero de Industria, Mikel Irujo, ha definido la operación como un “hito” y ha reivindicado el peso del ecosistema industrial navarro, que, según ha explicado, ha sido clave para convencer a la multinacional asiática tras varias visitas técnicas y viajes institucionales a China.
El Gobierno foral ha situado además la futura implantación en el entorno de la antigua planta de BSH en Esquíroz, convertida desde su cierre en uno de los símbolos más recientes del deterioro fabril en Navarra. La previsión es que la producción pueda arrancar en 2027, siempre que la tramitación administrativa avance sin bloqueos. También se ha subrayado que el proyecto aspira a generar empleo local y a regirse por los convenios navarros.
Sin embargo, el contexto económico en el que se anuncia esta operación cambia por completo la lectura del acuerdo. Porque mientras el Gobierno foral celebra en Pekín la llegada de capital chino, la industria navarra sigue ofreciendo señales de debilidad muy serias en sectores que durante décadas han sostenido buena parte del empleo y la actividad de la comunidad.
Los datos más recientes del Índice General de Producción Industrial de Navarra reflejan un retroceso del 8,3% interanual en febrero de 2026, una caída que se eleva al 8,9% si se excluye la energía. El golpe resulta especialmente duro en ramas clave: la automoción baja un 21,1%, las industrias metálicas un 9,8% y los bienes de inversión un 17,6%. Son cifras que dibujan una pérdida de pulso mucho más intensa que la media nacional.
Ese deterioro no se entiende solo en estadísticas. También se ha traducido en cierres, expedientes y una creciente sensación de incertidumbre en algunos de los grandes focos fabriles de Navarra. BSH bajó la persiana con cientos de despidos. Volkswagen Landaben ha encadenado ERTE para miles de trabajadores, con motivo de su adecuación al coche eléctrico. Sunsundegui, por otra parte, acabó cerrando tras un proceso concursal que afectó a toda su plantilla.
Por eso, la fotografía de Pekín deja una lectura incómoda. El Gobierno foral vende la llegada de Hithium como una demostración de fortaleza industrial, pero la realidad es que esa promesa aterriza en una comunidad que todavía no ha conseguido frenar el desgaste de su tejido productivo tradicional. La gran pregunta no es solo cuánto invertirá la firma china, sino por qué Navarra necesita buscar fuera lo que no logra consolidar dentro.
A esa contradicción se suma otro elemento político de fondo: la presencia de Pedro Sánchez en un acto concebido como escaparate de diplomacia económica con China. El presidente del Gobierno ha respaldado con su presencia una operación estratégica con una potencia que compite con Europa y con Estados Unidos en tecnología, baterías y cadenas de suministro, en un momento de fuertes tensiones geopolíticas.
La imagen tiene un evidente valor simbólico. Mientras desde Moncloa se insiste en determinados discursos internacionales y en la defensa del “lado correcto”, el Ejecutivo central avala ahora una gran inversión china en un sector sensible para el futuro industrial europeo. La contradicción política está servida: se eleva el tono con algunos aliados occidentales, pero se abre la alfombra roja a una empresa china llamada a ocupar una posición clave en la industria energética.
En Navarra, además, el debate no se limita a la procedencia de la inversión. También afecta al uso de los recursos propios. La comunidad cerró 2025 con un superávit récord de 575 millones de euros, una cifra que alimenta la crítica de quienes consideran que ha faltado una estrategia más decidida para proteger, modernizar y reindustrializar lo que ya existía antes de salir al exterior en busca de grandes anuncios.
Nadie pone en duda que atraer inversión en almacenamiento energético puede ser positivo. Tampoco que una planta de estas características puede abrir una nueva vía de actividad en un sector con recorrido. Pero el problema aparece cuando el anuncio se utiliza como relato de éxito total en una Navarra donde la producción industrial cae, los expedientes se prolongan y varias de sus grandes fábricas han pasado de ser motor económico a símbolo de fragilidad.
Ahí está el verdadero riesgo de la operación. Que la firma de Hithium acabe convertida en una gran foto política antes que en una respuesta de fondo a la crisis industrial navarra. Porque una gigafactoría puede generar expectativas, pero no borra por sí sola el cierre de Esquíroz, los ERTE de Landaben ni la pérdida de fuerza del aparato productivo. Y porque una inversión extranjera, por cuantiosa que sea, no sustituye una estrategia propia si lo que se busca es blindar el empleo y el futuro de la industria navarra.