Beñat venía a Pamplona solo por San Fermín y ahora es empleado en Hipercor: "Con síndrome de Down sí podemos trabajar"
En los pasillos del supermercado Hipercor de El Corte Inglés de Pamplona, Beñat Huarte Zubillaga, de 37 años, consulta las fechas de consumo preferente y caducidad de los productos y los ordena. Parece una escena cotidiana, pero lo cierto es que a muchos clientes, todavía hoy, les llama la atención. Y eso porque encontrarse a una persona con síndrome de Down trabajando como uno más llama la atención.
"Claro que podemos trabajar", dice él con una media sonrisa que mantiene durante toda la conversación. Huarte entró en la Asociación Síndrome de Down de Navarra cuando tenía 20 años. Hoy, 17 años después, reconoce que por aquel entonces, no la conocía del todo y no quería venir a Pamplona. Natural de Leiza, insiste en que solo venía a la capital navarra "para San Fermín".
"Acepté porque me lo pidieron mis padres", subraya. Y, aunque fue una decisión tomada un poco a regañadientes, lo cierto es que no se arrepiente. Gracias a ella, hoy lleva una vida muy independiente, va a trabajar y genera sus propios ingresos.
Huarte no ha tenido una vida fácil. A las dificultades que vienen intrínsecas a un diagnóstico como el del síndrome de Down, se suman otros obstáculos que le ha ido poniendo la vida. "Perdí a mi madre biológica con solo 6 años", relata. Tres décadas después de este trágico acontecimiento llama "mamá" a la pareja de su padre, quién se ha implicado durante muchos años en su educación y desarrollo.
A todo esto, se suma el hecho de que cuando llegó a Pamplona apenas sabía hablar castellano. "Siempre había hablado en euskera y tuve que aprender con 20 años", comenta.
Pero Huarte, si algo tiene es motivación. Y lo ha demostrado sabiendo salir adelante de cada una de estas situaciones. Por eso, se siente especialmente orgulloso de cada logro conseguido y de cada sacrificio para alcanzarlo.
"Estudié hasta los 16 años en Leiza y de los 16 a los 20 en Tolosa. Iba y venía todos los días", indica. Estudiaba una formación profesional especial. En esa etapa realizó prácticas en Gureak. "Hice esculturas, como un loro y un ajedrez. Y también labores de carpintería", concreta.
Cuando llegó a Pamplona, en un primer momento, estuvo viviendo en un piso tutelado en la Rochapea. No obstante, hace unos años se mudó a un piso del Ayuntamiento de Pamplona con Ibai, otro compañero con síndrome de Down. Allí pueden llevar una vida más independiente, aunque conviven con una persona voluntaria. "La primera fue la prima de Ibai que se ofreció a vivir con nosotros, pero luego han venido más", detalla.
A través de la Asociación Síndrome de Down de Navarra pudo acceder a su primer empleo en Pamplona. "Realicé una formación en empleo que contaba con unas prácticas en Donapea", recuerda. "Justo cuando terminé las prácticas me avisaron de que me habían contratado en Carrefour. Empezaba al día siguiente. Eso me descolocó un poco".
Desde la Asociación Síndrome de Down de Navarra explican que suelen comunicarles la oferta de empleo con muy poco tiempo para "evitarles la ansiedad de preparación". En ese sentido, indican también que las personas con síndrome de Down que quieren encontrar empleo a través de ellos acceden primero al proyecto Ítaca SEPAP Ocupacional y Empleo. Esta iniciativa ofrece ajuste personal y social, capacitación laboral mediante empresas simuladas y preparación para la inclusión sociolaboral en empresas reales.
Una vez superado el programa, comienza la búsqueda de empleo. "Las personas con síndrome de Down pueden realizar perfectamente ciertas tareas mecánicas", sostienen. Sus capacidades están orientadas a tareas auxiliares. "Buscamos empleos en sectores específicos, como la hostelería o el comercio, donde sabemos que existen ciertos puestos que pueden realizar nuestros usuarios. Por ejemplo, servicio de mesas, atención al cliente, reposición en supermercados, labores en almacén, etc."
Desde la Asociación Síndrome de Down de Navarra son optimistas y confían en que cada vez va a ser más habitual encontrarse a personas como Beñat Huarte en el mundo laboral. "En estos últimos 8 años hemos visto una gran evolución en el tejido empresarial navarro. Cada vez más compañías están sensibilizadas con la inclusión y buscan incorporar a personas con Síndrome de Down en sus plantillas. Pero hacen falta muchas más para poder ofrecer más empleos a este colectivo", reflexionan.
La Asociación Síndrome de Down cuenta con la figura de la preparadora laboral. Se trata de una profesional que acompaña a los usuarios en el proceso de adaptación al puesto de trabajo. Al principio, le acompaña durante uno o dos meses en toda la jornada laboral. Este acompañamiento busca ver cómo desarrolla sus funciones, cómo se relaciona con los otros empleados y los clientes y cómo le tratan. "El objetivo es que el usuario desarrolle su trabajo tal y como se lo piden", puntualizan desde la entidad. A partir de ahí, el acompañamiento se va reduciendo. Primero, la preparadora va menos horas, luego menos días. Finalmente, se pasa una vez a la semana o cada quincena.
"Creemos firmemente que el empleo es fundamental para que los usuarios puedan llevar una vida independiente. El trabajo es la vía para que puedan vivir su propia vida sin tener que depender para siempre de sus padres", aseguran desde la Asociación Síndrome de Down de Navarra.
Huarte recuerda con cariño su primer empleo en Carrefour. En este supermercado realizó diferentes tareas. "Quitaba las alarmas de las películas", pone de ejemplo. Aunque el contrato era de corta duración, apenas trabajó allí 3 meses, lo cierto es que la suerte le volvió a sonrreir. "Enseguida me llamaron para entrar en le Burguer King", comenta muy contento.
Desde el año 2018 trabaja en el supermercado del El Corte Inglés, Hipercor. "Me encargo de poner los cartones del almacén en la trituradora, adelantar los productos con fecha más próxima a caducar en las estanterías y atender a los clientes que preguntan algo", explica. "Antes también reponía".
"Me siento muy bien. Ya no me pongo nervioso ni nada", cuenta. "Con síndrome de Down es mucho más difícil encontrar trabajo. No hay empleo para todos. Yo he tenido mucha suerte. Pero podemos trabajar y aportar a la empresa".
Y es que Huarte no es ajeno a las dificultades que entraña la búsqueda de empleo para muchos de sus compañeros. Por eso se considera muy afortunado. Y 17 años después sigue llevando a Leiza, su casa en el corazón: "Incluso, puedo gestionarme las vacaciones y organizarme para poder seguir yendo a los carnavales", cuenta muy contento.