De Lituania a Pamplona: los amigos que se reencuentran en San Fermín como excusa para volver a verse
Los Sanfermines convierten Pamplona cada 6 de julio en un gran punto de reencuentro para amistades nacidas a miles de kilómetros. A pocas horas del Chupinazo, el Casco Antiguo se ha llenado de historias de jóvenes, familias y viajeros llegados desde distintos rincones de España y del mundo.
Algunos se han conocido en una universidad, otros en el trabajo y otros durante una etapa fuera de casa. Pero todos encuentran en Pamplona una misma excusa para volver a verse: vivir los Sanfermines, compartir la fiesta y reencontrarse antes de que estallara el Chupinazo en la plaza Consistorial.
En la calle San Antón, una amplia cuadrilla ha compartido un almuerzo antes del inicio oficial de la fiesta. Son amigos, hijos de amigos y parejas llegados desde distintos puntos de España, con un grupo muy especial formado por Gisela y Hugo, de Valladolid; Jorge, de Ponferrada; y Luis, de Zaragoza.
Algunos de ellos se conocieron mientras estudiaban de Erasmus en Lituania y, desde entonces, han convertido los Sanfermines en su cita anual. Este año han celebrado juntos sus terceros Sanfermines, ya con rutinas propias dentro de la fiesta.
“Llevo un par de años viniendo. Me gusta el ambiente, la gente. El encierro lo veo todas las mañanas”, ha explicado Luis. Para él, madrugar para ver la carrera más famosa del mundo ya forma parte del ritual sanferminero.
Unas calles más allá, dos horas antes del Chupinazo, la plaza del Ayuntamiento ha comenzado a llenarse de ropas blancas todavía impecables. Allí esperaba Laura, llegada desde Jaén, junto a David y Aitana, de Pamplona.
Su historia también ha empezado lejos de Navarra. “Vivimos juntos en Irlanda y ella es de Pamplona. Me dijo en mayo: ‘vente a San Fermín’. Cogí un vuelo y para España”, ha relatado Laura.
Llevaba años queriendo conocer la fiesta, pero le faltaba algo importante: alguien que se la enseñara desde dentro. “Quería subir desde hace muchos años, pero nunca había conocido a nadie de aquí y quería conocerlo desde dentro”, ha comentado.
Ahora tiene claro el plan para estos días en Pamplona. “Queremos salir, beber, disfrutar y ver los toros”, ha señalado Laura mientras miraba a su alrededor en la plaza del Ayuntamiento.
La joven también se ha sorprendido por el ambiente previo al cohete. “Hemos venido muy pronto a la plaza del Ayuntamiento y estamos muy limpitos, pero siempre preparados”, ha dicho entre sonrisas, antes de que la fiesta manchara de vino y emoción el blanco de la ropa.
No muy lejos de allí, Jimena y Consuelo han cambiado Madrid por Pamplona durante unos días gracias a la familia. El vínculo con la ciudad ha llegado por el cuñado de Jimena, pamplonés, que llevaba años insistiendo en que vivieran los Sanfermines.
“Mi cuñado es de Pamplona y todos los años me dice de venir a San Fermín”, ha contado Jimena. Aunque ya conocía la ciudad en Navidad y Semana Santa, ha reconocido que verla en fiestas es otra cosa.
“Es impactante cómo cambia la ciudad”, ha valorado. Acompañadas por Jonatan y Alejandro, de Pamplona, permanecerán hasta el viernes y tienen un programa muy claro para estos días.
“Queremos ver los fuegos artificiales y los encierros”, han explicado. La visita no ha sido improvisada, ya que tenían todo preparado desde hace meses: “Tenemos nuestra reserva para el aluerzo hecha en el mes de febrero”.
Mientras miles de jóvenes han llenado las calles del centro, otros han preferido empezar la jornada con más calma. En una terraza de la plaza de San Francisco, José Antonio, de Valladolid, e Iñigo, de Santander, han desayunado tranquilamente antes de sumergirse en el bullicio.
“Iñigo y yo somos amigos de hace muchos años del tema deportivo”, ha explicado José Antonio, que vive sus primeros Sanfermines. Su objetivo es disfrutar del ambiente, pero con los pies en el suelo: “Quiero ver el ambiente y los toros, pero no voy a correr”.
Lo que más le ha impresionado ha sido la imagen de Pamplona antes de que comenzara oficialmente la fiesta. “Me gusta ver el ambiente, toda esta marea blanca, es algo que me atrae”, ha señalado.
Iñigo, en cambio, ha regresado después de tres décadas. “Corría hace años, pero ahora no me dejan”, ha dicho entre risas, consciente de que su forma de vivir la fiesta ha cambiado con el paso del tiempo.
Lo que busca ahora es comprobar cómo han evolucionado los Sanfermines. “Quiero ver si esto ha cambiado, porque la última vez que vine fue hace treinta años. Entonces quiero ver la diferencia. Venía antes muchas veces, pero cuando eres joven lo ves de otra manera”, ha explicado.
Y si San Fermín tiene fama internacional, basta acercarse a la salida del hotel Maisonnave para comprobarlo. Allí estaban Gina y Ed, llegados desde San Francisco, en California, para cumplir un sueño que llevaban años imaginando.
“Queremos comprobar la emoción y la diversión de las fiestas de Pamplona. Y esperamos volver pronto”, han asegurado. Su agenda ya estaba decidida antes incluso de pisar la plaza Consistorial.
“Vamos a ver el Chupinazo, tendremos comidas y mañana, por supuesto, estaremos viendo el encierro”, han explicado. La posibilidad de correr también pasó por su cabeza, aunque finalmente preferirán verlo desde la barrera.
“No vamos a correrlos, aunque era una posibilidad… pero me temo que no nos vamos a atrever”, han reconocido. Como tantos otros visitantes, han elegido empezar por mirar, escuchar y dejarse llevar por una fiesta que han visto muchas veces desde lejos.
Historias distintas han terminado este 6 de julio en un mismo destino. Amistades nacidas en Lituania o Irlanda, familias que se reencuentran, viejos amigos que regresan treinta años después y viajeros que han cruzado un océano han llenado Pamplona antes del Chupinazo.
Antes incluso de que el cohete estallara sobre la plaza Consistorial, Pamplona ya ha demostrado que los Sanfermines son mucho más que nueve días de fiesta. Para miles de personas, también son el lugar al que se vuelve para reencontrarse.