La navarra de 65 años que debuta como voluntaria en la tómbola de San Fermín: "Me gusta desde pequeña"
La Tómbola de Cáritas en San Fermín ha vivido este 2026 una edición diferente por su cambio de ubicación y por las altas temperaturas. Las obras en el tradicional Paseo de Sarasate de Pamplona han obligado a trasladarla a la plaza situada junto al edificio de Baluarte, un espacio nuevo para una cita muy arraigada en Pamplona.
La nueva ubicación ha coincidido con unas semanas especialmente calurosas, algo que se ha dejado notar en la afluencia de público. La organización ha detectado una menor venta de boletos y espera compensarla en el tramo final, ya que la tómbola permanecerá abierta hasta el 14 de julio.
El calor también ha afectado directamente a los voluntarios, muchos de ellos personas mayores. Por ese motivo, se ha modificado el horario de tarde para evitar las horas más duras del día y facilitar que puedan realizar su labor en mejores condiciones.
Entre esos voluntarios se encuentra María Antonia Gallego Madrid, de 65 años, que vive este verano su primera experiencia en la tómbola. Aunque nació en Salamanca, recuerda que "vivo en Pamplona desde los cinco años" y se considera una pamplonesa más.
María Antonia está casada con un navarro (Juan Carlos), y tiene dos hijos y tres nietos. Se jubiló el año pasado tras una larga trayectoria profesional vinculada a la Universidad de Navarra, aunque contratada por la Clínica Universidad de Navarra: "Me he dedicado a la investigación de implantes cocleares".
Durante su vida laboral ha trabajado en un ámbito muy concreto y especializado. Los implantes cocleares son dispositivos electrónicos implantables pensados para personas con pérdida auditiva neurosensorial severa o profunda, una labor profesional que ella resume con pocas palabras: "Es algo muy importante".
Su relación con la tómbola viene de lejos, porque siempre le había gustado desde pequeña. "Como a todo el mundo, la tómbola me ha gustado desde que era niña. Siempre nos ha gustado", explica María Antonia, que ha tenido muy cerca el ejemplo de su cuñada, Maite Iraceburu, voluntaria desde hace años.
Ese vínculo familiar ha sido decisivo para que diera el paso tras jubilarse. "Mi cuñada era y es voluntaria y yo me dije que cuando me jubile también me haría voluntaria. Y así lo hice. Me llamó para que me apuntara y así empecé", relata.
María Antonia se jubiló el 29 de julio del año pasado, justo el día de su cumpleaños. "Me jubilé el 29 de julio del año pasado, que fue mi cumpleaños", recuerda. Este año se ha apuntado como voluntaria desde la apertura y acude de lunes a viernes, normalmente de 10.30 a 12 horas, para ayudar en la entrega de premios.
Su primera experiencia le ha resultado mucho más gratificante de lo que esperaba. "Estoy aquí desde que abrieron. Todos los días de lunes a viernes a primera hora de la mañana, de 10.30 a 12 horas, para entregar premios, salvo que me cambien la hora", explica sobre su rutina en la tómbola.
Lo que más le ha sorprendido ha sido la respuesta de la gente que se acerca a probar suerte. "La experiencia es fantástica. La gente que viene es tan agradecida... Les das lo que les ha tocado y te dicen muchísimas gracias. Vienen siempre con una sonrisa y es muy agradable", asegura.
También valora mucho el ambiente entre las voluntarias, una parte importante de esta primera experiencia. "Con las compañeras todo súper bien. Hay un ambiente muy bueno y nos ayudamos", afirma María Antonia, que tiene previsto continuar hasta el cierre de la tómbola.
Antes de que termine la edición hará una pequeña pausa para estar con sus nietos. "Voy a aguantar hasta el día 14, aunque tengo que estar unos días con mis nietos que me los llevo a Las Landas", señala.
La conclusión para ella es clara. María Antonia ha encontrado en la tómbola una forma distinta de vivir los Sanfermines, ayudar a los demás y sentirse útil en una cita muy querida en Pamplona. "Estoy muy contenta. Es una experiencia para repetir, no tengo ninguna duda si me quieren", resume.