SOCIEDAD

Así es el campus que ha reunido a 55 niños en Fitero para aprender, convivir y descubrir el municipio durante el verano

Niños divirtiéndose en el Campus de Verano en Fitero. UNIVERSIDAD DE NAVARRA

El programa, celebrado por cuarto año consecutivo, ha combinado actividades creativas y deportivas con una inmersión en castellano y propuestas sobre naturaleza, patrimonio, gastronomía y vecinos.

El campus de verano de Fitero ha reunido este año a 55 niños y niñas de la localidad en la cuarta edición del programa ‘¡Vivir Fitero! ¡Viva Fitero!’, impulsado por la Universidad de Navarra. La iniciativa se ha desarrollado durante el mes de julio con actividades educativas, creativas y deportivas.

El programa se ha llevado a cabo en el Colegio Público Juan de Palafox, en Fitero, y ha sido promovido desde el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra. En su organización han participado dos estudiantes de la Facultad de Educación y Psicología, otros dos de la Escuela de Arquitectura y diez voluntarios.

El campus de verano de Fitero ha tenido como principal objetivo favorecer la socialización, el respeto y la convivencia entre los menores. Para ello, las distintas propuestas han utilizado el castellano como lengua vehicular durante toda la programación.

La iniciativa ha contado además con el respaldo del programa de prácticas Revitalizar el Patrimonio Rural, financiado por el Gobierno de Navarra/Fundación La Caixa. También han colaborado el Ayuntamiento de Fitero y la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra.

La coordinación del proyecto ha recaído en Ana María Fernández, profesora de la Escuela de Gestión Aplicada y colaboradora del ICS, junto con Ruth Breeze, codirectora científica del instituto, y Katya Palafox, profesora de la Facultad de Educación y Psicología.

Fernández ha valorado de forma positiva la evolución que ha experimentado el campus de verano desde su puesta en marcha. “Año a año el campus de verano se ha consolidado y ha adquirido una gran reputación, como lo demuestra la participación tan alta de este año, tanto de niños de origen migrante como nacidos aquí”, ha explicado.

El proyecto nació en 2023 para responder a una realidad detectada entre un porcentaje elevado de escolares de origen migrante, principalmente magrebíes. Durante las vacaciones se había observado una pérdida de competencia en castellano, una circunstancia que podía dificultar su vuelta a las aulas.

A partir de ese problema lingüístico también se detectaron otras dificultades relacionadas con la socialización, el respeto a las normas, la empatía y la convivencia. El programa se ha planteado desde entonces como un espacio compartido en el que participan niños y niñas de diferentes procedencias.

Los participantes, de entre 6 y 12 años, han acudido durante julio al centro educativo para realizar distintas actividades creativas y deportivas. Cada semana se ha trabajado en torno a una temática relacionada directamente con Fitero, desde su naturaleza y patrimonio cultural hasta la gastronomía y sus habitantes.

“El municipio se convierte en el escenario en el que vivimos y, al mismo tiempo, en un marco cultural e identitario que queremos que nuestros niños y niñas conozcan, comprendan y sientan como propio”, ha subrayado Ana María Fernández sobre el planteamiento de las actividades.

El campus de verano de Fitero también ha buscado ofrecer nuevas experiencias a menores que durante las vacaciones tienen menos posibilidades de realizar viajes o participar en otras propuestas. Según ha explicado la coordinadora, para algunos participantes su entorno cotidiano puede ser especialmente reducido.

“En estos casos, el campus adquiere un valor especial: les proporciona una razón para salir de casa, encontrarse con otras personas, relacionarse con otros niños y niñas, divertirse y descubrir espacios que habitualmente quedan fuera de su alcance”, ha señalado Fernández.

La profesora ha destacado también que la iniciativa supone un “encuentro con la cultura y la educación”, ya que facilita que los menores puedan acceder a espacios, actividades y experiencias culturales. “De este modo, salir de su entorno cotidiano significa también ampliar el mundo que conocen”, ha añadido.

Todas estas experiencias se han desarrollado con el castellano como lengua vehicular, de manera que el programa también ha funcionado como una inmersión lingüística durante el periodo estival. Esta dimensión ha resultado “especialmente relevante” para los niños y niñas recién llegados a Fitero o a España y para quienes llevan poco tiempo, ya que les ha permitido mantener y enriquecer su conocimiento del idioma.