SOCIEDAD

Jóvenes arquitectos de cuatro países imaginan en Navarra la vivienda protegida que viene

Arquitectos participantes en la última edición del Campus Ultzama. CEDIDA
Campus Ultzama cierra su décima edición con proyectos diseñados por 18 jóvenes arquitectos

El Campus Ultzama ha cerrado este sábado su décima edición con la presentación de los proyectos diseñados por 18 jóvenes arquitectos procedentes de Estados Unidos, Portugal, Eslovenia y España.

La iniciativa, impulsada por la Fundación Arquitectura y Sociedad y patrocinada por Nasuvinsa, ha cumplido una década reuniendo a estudiantes con talento y proyección internacional. Durante una semana, los participantes han trabajado sobre un reto concreto: diseñar vivienda protegida real en parcelas de Navarra.

En esta edición, los proyectos del Campus Ultzama se han centrado en solares situados en Noáin, Ripagaina y Sarriguren. Además, las propuestas debían incorporar sistemas de construcción industrializada, una condición marcada por la empresa pública de suelo y vivienda.

Antes de la presentación final, el arquitecto Patxi Mangado, impulsor del Campus Ultzama, ha valorado el resultado de esta décima edición. A su juicio, el valor del programa está en plantear un proyecto real, con condicionantes concretos, que obliga a los estudiantes a pasar de la lógica académica a la práctica profesional.

“Cuando se enfrentan a esas cosas, se ilusionan mucho”, ha señalado Mangado. También ha explicado que “suele ser una de las primeras veces que trabajan con un proyecto real y el hecho de que haya profesores de mucha calidad que les ayudan en ese tránsito es fundamental”.

El arquitecto ha considerado que el trabajo desarrollado en apenas una semana ha cumplido los objetivos del Campus Ultzama, pese a las exigencias de las parcelas y de las condiciones de vivienda protegida marcadas por Nasuvinsa.

Mangado ha aprovechado el encuentro para trasladar a los participantes una de sus ideas centrales sobre el oficio. “El buen arquitecto no es el que renuncia a la realidad, es el que transforma la realidad en algo mucho mejor”, ha afirmado.

En esa misma línea, ha defendido la importancia de aprender a formular bien las preguntas antes de buscar respuestas. “Es más importante hacer buenas preguntas que dar buenas respuestas”, ha subrayado.

El arquitecto navarro ha añadido que ese es uno de los déficits de la universidad actual. “No sé si enseña respuestas, pero desde luego no enseña cómo preguntarse, que es realmente lo inteligente”, ha comentado ante los participantes.

El acto final del décimo aniversario ha contado también con la presencia de Javier Burón, director gerente de Nasuvinsa, y de Maitane Zazu, responsable de la sección de Proyectos y Estudios de la sociedad pública.

Durante su intervención, Mangado ha reivindicado el papel de Navarra en el panorama arquitectónico internacional. Según ha defendido, si la calidad de la arquitectura se midiera por habitante o por metro cuadrado, Navarra estaría “a la cabeza a nivel mundial”.

“He dado muchas vueltas por el mundo, he presentado lo que se hace aquí en escuelas muy prestigiosas y todo el mundo se queda verdaderamente asombrado”, ha afirmado el arquitecto.

Proyectos de vivienda protegida en Sarriguren, Ripagaina y Noáin

El equipo que ha trabajado sobre la parcela de Sarriguren, con capacidad para 96 viviendas, ha tomado como punto de partida un elemento ya presente en el entorno: el muro perimetral de una escuela cercana.

Para Franco Cardone, portavoz del grupo, ese muro ha sido el detonante conceptual de los tres proyectos desarrollados durante el Campus Ultzama. “Lo que queremos es hacer soñar a quienes caminan alrededor del sitio y que se pregunten qué hay dentro, a través de las pistas que la propia arquitectura nos deja”, ha explicado.

Las tres propuestas para Sarriguren comparten la intención de crear un interior sugerente e inesperado. Una de ellas plantea transformar el solar en un pequeño barrio de viviendas unifamiliares, con calles y plazas propias.

La segunda propuesta organiza los apartamentos en torno a un patio central con agua y piscina. La tercera convierte el corazón de la manzana en una especie de bosque, cuyas copas de árboles serían visibles desde el exterior.

“Desde afuera ves esas copas, que te sugieren algo, y adentro encuentras esa especie de paraíso, ese sitio para compartir y disfrutar todos juntos”, ha descrito Cardone.

En Ripagaina, donde el proyecto contempla alrededor de 100 viviendas, Belén Santiago e Irene Palacios han explicado en nombre de sus compañeros el reto de trabajar con una altura impuesta de diez plantas en un entorno ya muy densificado.

La respuesta del equipo ha sido abrir el edificio hacia la ciudad. “Queríamos que, aunque por fuera apareciese un poco masivo, tuviese toda la permeabilidad posible por dentro”, han señalado.

Para conseguirlo, el grupo ha trabajado con retranqueos y variaciones de altura que rompen la percepción de bloque. También ha proyectado una cubierta transitable conectada por pasarelas, con vistas hacia Mendillorri y el parque trasero que rodea la parcela.

La fachada incorpora chapa y elementos prefabricados. Además, el proyecto busca que la vegetación del parque posterior descienda de forma natural hacia la trama urbana, integrando naturaleza y ciudad en una sola pieza.

El solar de Noáin ha sido el escenario más exigente por su complejidad. El terreno está dividido en dos parcelas separadas y rodeado de infraestructuras como el aeropuerto, la autopista y la línea de tren.

En este caso, el equipo ha interpretado el solar como una bisagra entre lo urbano y lo rural. Luis Herrero del Barrio ha presentado una propuesta en la que un patio central funciona como jardín compartido entre los dos edificios y como prolongación natural de la plaza existente.

“Es una zona de transición entre muchas cosas, porque también se encuentra la realidad rural: dando unos pocos pasos hay una presencia del campo”, ha señalado.

El proyecto de Noáin incorpora además criterios climáticos concretos. Entre ellos, ventilación cruzada y una piel exterior retráctil que protege del sol en verano y se abre en invierno.

El equipo también ha reflexionado sobre la dimensión temporal de la propuesta, ya que las viviendas son de protección oficial con cesión de uso a 75 años.

“Tienes que diseñar teniendo en cuenta que tú no eres el mismo durante ese tiempo, así que tu vivienda tampoco tendría que serlo. Esa adaptabilidad es lo que hemos querido transmitir con esta propuesta”, han argumentado sus promotores.

Construcción con tierra como alternativa sostenible

El viernes concluyó el ciclo de conferencias desarrollado durante el X Campus Ultzama. La ponencia final corrió a cargo de José Manuel Toral, arquitecto del estudio barcelonés Peris + Toral Arquitectes.

Su intervención se centró en la construcción con tierra como respuesta a la emergencia climática que atraviesa el sector. El punto de partida fue claro: “La construcción es responsable del 40% de las emisiones globales, y el cemento representa el 25% de ese porcentaje. De alguna manera, tenemos que encontrar alternativas”, aseguró.

Esa búsqueda ha llevado a su estudio a trabajar junto a Targaterra, empresa especializada en la fabricación industrial de bloques de tierra comprimida. Antes de dar el salto a este material, la compañía se dedicaba a la producción de hormigón.

Toral ha explicado que la clave técnica está en sustituir el cemento, el aglutinante que une los áridos, por arcilla. Según ha detallado, la arcilla actúa como ligante natural gracias a su granulometría microscópica.

Además, este material tiene capacidad para regular la humedad del aire en los espacios interiores. “Si analizas qué es el suelo y qué es la tierra, descubres que la arcilla tiene una capacidad de comportamiento muy interesante”, ha señalado.

La colaboración con Targaterra ha permitido a Peris + Toral Arquitectes desarrollar piezas manejables de menos de cuatro kilogramos. Son bloques compatibles con los estándares del sector y fabricados con certificación industrial, algo que no es posible cuando el material procede directamente de la excavación.

Los proyectos presentados han aplicado estos principios a la vivienda social. El más avanzado es un edificio de cinco alturas en el área mediterránea, con muros estructurales de tierra y sin sistemas de climatización activos.

“El confort no es solo temperatura. Hay que trabajar también el movimiento del aire, la humedad relativa, la radiación de las superficies y el comportamiento del usuario”, ha argumentado Toral.

La estrategia combina jardines de invierno, ventilación cruzada, chimeneas solares y la inercia térmica de los muros de tierra. El objetivo es mantener temperaturas interiores estables sin consumo energético.

Más allá de los materiales, el arquitecto invitado ha planteado la organización doméstica como otra vía de sostenibilidad. En un proyecto de vivienda para personas mayores, el estudio ha propuesto reducir la superficie privada de 45 a 30 metros cuadrados a cambio de compartir 50 metros con otros cuatro vecinos.

“La estrategia del compartir puede ser la respuesta para reducir los metros cuadrados por persona y, al mismo tiempo, aumentar la superficie disponible cuando sales de tu espacio privado”, ha planteado.

Según Toral, el resultado no implica una renuncia. “Compartiendo, podemos ser más eficientes y sostenibles incrementando de paso la calidad de vida así como la sensación de confort de los usuarios”, ha concluido.

Diez años de Campus Ultzama

El Campus Ultzama, organizado por la Fundación Arquitectura y Sociedad desde 2017, es un workshop internacional en el que estudiantes de algunas de las mejores escuelas de arquitectura desarrollan proyectos reales en un entorno rural.

Guiados por profesionales de prestigio, los participantes trabajan en propuestas de ordenación urbana y vivienda para Nasuvinsa, empresa pública de suelo y vivienda. La experiencia fomenta la colaboración y el pensamiento innovador, con resultados aplicables a futuros desarrollos urbanos.

El impulsor del campus, Francisco “Patxi” Mangado Beloqui, nació en Estella en 1957. Es arquitecto por la Universidad de Navarra, donde ejerce como profesor desde 1982.

Mangado ha sido también profesor invitado en Harvard, Yale, EPFL y Cornell. Fundador del estudio Mangado y Asociados en Pamplona, su obra destaca por la funcionalidad y la atención al lugar.

Entre sus proyectos figuran el Palacio de Congresos de Navarra, Baluarte, y el Pabellón de España en la Expo Zaragoza 2008. Además, ha recibido premios nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Nacional de Arquitectura 2017 y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes 2022.

En 2008 promovió la Fundación Arquitectura y Sociedad, donde continúa como patrono, con el objetivo de fomentar el diálogo entre arquitectura, cultura y sociedad.