Los pueblos de Navarra donde todavía se colocan esquelas en las calles para anunciar la muerte de un vecino
Hay una costumbre en varios pueblos de Navarra que todavía sorprende a quienes los visitan: encontrarse con las esquelas de los vecinos fallecidos colocadas en plena calle. Un sencillo papel que anuncia una muerte y que, para muchas personas, sigue siendo una forma de estar al tanto de lo que sucede en su localidad.
En tiempos de teléfonos móviles, redes sociales y avisos digitales, esta tradición ha conseguido sobrevivir en municipios como Estella, Lodosa y Mendavia, entre otros. Sus vecinos mantienen una manera de comunicar los fallecimientos que durante generaciones ha formado parte de la vida cotidiana.
La costumbre consiste en colocar las esquelas funerarias en vitrinas, paneles o fachadas, generalmente en lugares transitados. Allí se puede conocer quién ha fallecido, cuándo tendrá lugar el funeral y qué familiares comunican su pérdida.
Pero hay una localidad navarra donde esta práctica ha alcanzado una dimensión especialmente llamativa. Se trata de Estella, donde las esquelas han llegado a ocupar decenas de puntos repartidos por todos sus barrios.
Estella, la ciudad navarra donde las esquelas forman parte del paisaje
La tradición de colocar esquelas en la calle está especialmente arraigada en Estella, hasta el punto de haberse convertido en una de sus peculiaridades sociales más reconocibles.
Durante años, la ciudad del Ega ha contado con cerca de 60 puntos destinados a mostrar estos avisos funerarios, distribuidos por diferentes barrios. Una red que permitía que los vecinos conocieran los fallecimientos sin necesidad de consultar la prensa.
Entre los lugares donde se han colocado estos anuncios figuran el Paseo de la Inmaculada, la Plaza de los Fueros y la calle Fray Diego. También han existido otros espacios habilitados en fachadas, puertas y muros de la localidad.
La tradición recibió incluso un impulso institucional en 2009, cuando los alumnos de la Escuela Taller de Estella prepararon y colocaron quince vitrinas destinadas específicamente a mostrar las esquelas.
Estos expositores, identificados con el escudo de la ciudad, permitieron ordenar una costumbre que ya estaba muy extendida entre los habitantes. Detrás de cada uno de esos papeles existe, además, un trabajo que durante décadas han realizado los profesionales de las imprentas locales.
Vicente Garbayo, el impresor que explica por qué los vecinos siguen leyendo las esquelas
Uno de los mejores conocedores de esta tradición es Vicente Garbayo, de la antigua imprenta Garbayo de Estella, un negocio familiar, hoy cerrado, que participó durante generaciones en la elaboración de estos anuncios.
En una entrevista publicada por Navarra.com el 1 de noviembre de 2023, Vicente, que entonces tenía 64 años y representaba la tercera generación de su familia en la imprenta, explicaba que las esquelas callejeras seguían teniendo una notable aceptación.
"Es un servicio que tenía mucha aceptación desde siempre, aunque no es a diario. Hay unas diez o quince esquelas al mes. Nos llaman del tanatorio, las hacemos y hay un chaval que es el que las coloca en los paneles", relataba.
El procedimiento era sencillo. Una vez recibido el encargo, la imprenta preparaba el anuncio y una persona se encargaba de distribuirlo por los diferentes puntos de la ciudad.
Pero lo verdaderamente interesante es la explicación que ofreció el impresor sobre el éxito de esta tradición. "Sabemos que se siguen mucho. Quizá porque Estella es una ciudad de unos quince mil habitantes y nos conocemos casi todos. En otra ciudad más grande sería diferente", señaló.
Vicente también destacó el papel de las personas mayores, especialmente de quienes no utilizan habitualmente las nuevas tecnologías. "Además, las siguen mucho la gente mayor que no domina tanto internet", explicó.
La costumbre tiene, por tanto, una importante dimensión social. En una localidad donde muchas familias se conocen, leer una esquela permite identificar a una persona fallecida a través de sus apellidos, su pareja o sus familiares.
Lodosa y Mendavia, otros dos pueblos de Navarra que conservan la tradición
Aunque Estella es el ejemplo más destacado por la extensión que han alcanzado sus expositores, no es el único municipio navarro donde se ha mantenido esta forma de comunicar las defunciones.
En Lodosa y Mendavia, dos localidades de la Ribera de Navarra, también se ha conservado la costumbre de colocar esquelas en espacios visibles para los vecinos. En estos municipios, sin embargo, la práctica no ha alcanzado la dimensión de Estella, donde llegó a existir una amplia red de paneles distribuidos por diferentes barrios.
En otros pueblos navarros también se ha recurrido a una fórmula todavía más sencilla: colocar directamente las esquelas de papel en las fachadas de los edificios, una tarea de la que en ocasiones se encarga la propia familia del fallecido.
La finalidad es siempre la misma. Informar del fallecimiento de una persona y facilitar que quienes la conocían puedan acudir al funeral o acompañar a sus familiares. Esta costumbre está relacionada con una tradición funeraria mucho más antigua, cuando las noticias de las defunciones se transmitían personalmente, mediante avisadores o incluso a través del sonido de las campanas.
De las campanas a los carteles: así se anunciaban antiguamente las muertes en Navarra
Mucho antes de que existieran los teléfonos móviles y las esquelas digitales, los pueblos de Navarra contaban con diferentes sistemas para comunicar la muerte de un vecino.
Uno de los más extendidos era el toque de campanas, que permitía anunciar el fallecimiento a toda la población. En algunas localidades, incluso, el sonido variaba dependiendo de si había fallecido un hombre, una mujer o un niño. Una costumbre que se mantiene en localidades como Murieta, en Tierra Estella.
También existían personas encargadas de recorrer las casas para transmitir la noticia. El Atlas Etnográfico de Vasconia recoge, por ejemplo, que en Sangüesa existía la figura de la mandarresa, una mujer que avisaba personalmente a los familiares y vecinos de los fallecimientos.
Tras la desaparición de esta figura, hacia 1965, se documentó otro procedimiento singular: un alguacil municipal recorría la localidad anunciando las defunciones mediante un bando público acompañado por el sonido de una corneta. En Aoiz también se recuerda la figura de la demandadera, que antiguamente iba de casa en casa para comunicar quién había fallecido y a qué hora se celebraría el funeral.
Con el paso del tiempo, estos avisos personales fueron dejando espacio a los anuncios colocados en lugares concurridos y, posteriormente, a las esquelas impresas. En la Ribera de Navarra, además, ha sido habitual utilizar las puertas de las iglesias para colocar avisos sobre los fallecimientos y los horarios de entierros y funerales.
Una tradición que también ha cambiado con el paso de los años
Las esquelas callejeras no solo han cambiado en su forma de distribución. También lo ha hecho su contenido. Tradicionalmente, estos anuncios recogen el nombre de la persona fallecida, la fecha de su muerte, los datos del funeral y la relación de familiares que comunican el fallecimiento.
En ocasiones también incluyen el apodo por el que era conocida la persona, el nombre de su cónyuge, una oración o algún símbolo religioso. La incorporación de fotografías ha sido otra de las transformaciones de estos anuncios. Vicente Garbayo ya explicaba que cada vez había más familias interesadas en incluir la imagen del fallecido.
Una información que, más allá de su función funeraria, permite reconocer a personas conocidas por su actividad profesional, sus relaciones familiares o su vinculación con un barrio.
La tradición tampoco es exclusiva de Navarra. Existen ejemplos similares en localidades del País Vasco, especialmente en Guipúzcoa y Vizcaya, así como en poblaciones de países europeos como Francia, Italia, Grecia y Polonia.
En Estella, Lodosa y Mendavia, los testimonios recogidos sobre esta costumbre muestran cómo las esquelas de papel han convivido con los anuncios en prensa y las nuevas formas digitales de comunicar los fallecimientos.