La torre Eiffel de Sangüesa pide auxilio: no se puede dejar oxidar la historia
Quizás podría empezar este texto aludiendo a los nostálgicos recuerdos de mi tierra que retornan de pronto cuando vislumbro, apoyado en la barandilla de la pasarela del puente de hierro de la ciudad de Sangüesa, la torre de la iglesia de Santa María.
Es una de mis vistas preferidas de la localidad.
Buena culpa tiene que la casa familiar (cuya calle plora por su acondicionamiento a la vista de la maleza que crece en sus contornos) se halle muy próxima a este puente que siempre se me ha asemejado a la “torre Eiffel reposada”.
El caso es que el puente clama sus derechos.
El punto de entrada más importante de la ciudad (a la espera de aquel proyecto de un nuevo puente que tenía previsión de construirse, pero la crisis de 2007 lo derrumbó) padece problemas de oxidación, desgaste de la estructura, fisuras en el pavimento y acumulación de maleza.
A finales del siglo XIX comenzaron a erguirse en Navarra los primeros puentes metálicos que podían alcanzar, como es el caso del de mi ciudad, hasta 67,70 m de luz sin apoyos centrales.
Sustituyeron así a los de piedra, que eran mucho más costosos y, además, se tardaba más tiempo en erigir.
El 16 de mayo de 1891, la Diputación Foral de Navarra firmó un contrato con una empresa de Bruselas para construir mi particular “torre Eiffel reposada”.
También en esa época, se construyeron otros puentes de hierro en distintas localidades navarras, como Andosilla (1881), Caparroso (1890), Erro (1891), Milagro (1892), Puente la Reina (1892), Cárcar (1897) y Corella (1890).
Durante todo este tiempo, el puente de hierro de Sangüesa ha sufrido muchos desgastes propios del pasar de los años y así lo constatan, entre otras actuaciones, una pintura general en 1935; una reparación, reforzamiento y pintado, así como la pasarela actual del año 1985; o, en 1992, la revisión general de las estructuras y el acondicionamiento de los elementos de apoyo.
Pero, como todo en la vida, lo que no se cuida se acaba perdiendo.
Y, por este motivo, clamo al Gobierno de Navarra, y en concreto a la Dirección General de Obras Públicas e Infraestructuras, para que atiendan estas incidencias tan visibles y, por desgaste, tan necesarias para que luzca como se merece este emblema de la localidad que bien se asemeja a una torre Eiffel reposada.