"Sin embargo, sí parece haber preguntas (¿a dónde va el dinero?) y sensaciones parecidas: mentiras para encubrir un sistema frágil que se pretende exponer, no como fuerte, sino como el más fuerte de la historia".
“Por nuestros secretos y mentiras. Son prácticamente lo que nos define. Cuando la verdad ofende, mentimos hasta que no recordamos la verdad. Pero sigue ahí. Cada mentira que contamos es una deuda con la verdad. Tarde o temprano esa deuda hay que pagarla. Así explota el núcleo de un reactor RBMK. Por las mentiras”.
En estos días, tras la catástrofe de Urda, muchas personas en redes sociales están compartiendo escenas clave de la magnífica serie de HBO, Chernobyl (2019). La ficción sirve como anatomía del desastre de Chernobyl (Ucrania), del que ahora se cumplen 40 años.
Además de que la ficción de 5 episodios desborda cualquier criterio de calidad, sorprende la lectura del suceso. Sí, nos explican todos los datos, todos los aspectos científicos… La reactividad que genera energía aumenta o desciende. Los operarios mantienen el equilibrio calentando (uranio) o enfriando (boro o agua).
Detrás de estos desajustes hay decisiones administrativas temerarias perfectamente reconocibles por el que más huía de las clases de ciencia. También hubo una comunicación de la crisis sombría y lejana a la verdad. Algo que solo agravó el problema.
“No se necesita ser un científico nuclear para entender esto”, como dice Valery Legasov. Primero, porque el elemento que desencadena la desgracia, tras varias malas decisiones, es una herramienta que no funciona. Y no lo hace porque es la versión más barata del mercado. La URSS no pasaba por su mejor momento y los recortes afectaban a todo.
Incluso a las barras de boro que se introducen en el reactor para reducir la radiactividad del núcleo. Esas barras de boro tenían unas puntas de grafito que inicialmente provocaban el efecto contrario al buscado. “¿Por qué las usamos entonces?”, preguntan en el tribunal. La respuesta expone al régimen soviético.
“Por lo mismo que no tenemos edificios de contención alrededor como en Occidente, por lo mismo que no usamos combustible enriquecido, por lo mismo que somos la única nación que construye reactores refrigerados con agua. Porque es más barato”.
Por otro lado, vemos que la conocida catástrofe no habría sido tal si no se hubiera querido negar que había un problema. En una escena clave del segundo episodio, para evaluar la gravedad del accidente, el consejo competente analiza los niveles de radiactividad. El resultado es apenas 3,6 roentgens. Nada serio.
Pero resulta que los 400 instrumentos (dosímetros sencillos) que han verificado la radiactividad poseen un máximo de lectura de… Sorpresa: 3,6 roentgens.
No equiparo la escala de Chernobyl con Urda. En la localidad ucraniana, la OMS calcula que más de 4.000 personas habrían fallecido a lo largo de su vida debido a las dosis de radiación. Tampoco digo que el Ejecutivo actual sea el régimen soviético, ni en ideología ni en niveles de autocracia.
Sin embargo, sí parece haber preguntas (¿a dónde va el dinero?) y sensaciones parecidas: mentiras para encubrir un sistema frágil que se pretende exponer, no como fuerte, sino como el más fuerte de la historia.