Carta de Juan Antonio Extremera
Carta de Juan Antonio Extremera
Hay cosas que uno puede llegar a entender en política, aunque no las comparta. Lo que cuesta mucho más entender es que un partido con la historia del socialismo español haya llegado hasta aquí. Y lo que resulta difícil de aceptar es que algunos de sus dirigentes todavía pretendan que los ciudadanos aplaudamos.
El Partido Socialista de Navarra (PSN) vuelve a sacar pecho porque ha alcanzado un acuerdo con Bildu para aprobar los presupuestos de 2027. Lo anuncian con orgullo, con satisfacción y como si hubieran conseguido una victoria histórica. Pero yo me hago una pregunta muy sencilla: ¿de qué presumen exactamente?
¿De pactar con quienes representan una tradición política que sigue sin cerrar como merece su relación con el terrorismo de ETA? ¿De depender de Bildu para mantenerse en el poder? ¿O de haber demostrado que, para el PSN de María Chivite, las líneas rojas se dibujan por la mañana y se borran por la tarde si hace falta para seguir gobernando?
Que nadie me venga con el cuento de que todo vale por aprobar unos presupuestos. Los presupuestos son importantes, por supuesto. Pero también lo son la dignidad, la memoria y los principios. Y cuando un partido empieza a sacrificar todo eso para conservar el poder, los ciudadanos tenemos derecho a preguntarnos qué queda realmente de él.
Porque hablamos del Partido Socialista. De un partido que también ha sufrido el asesinato de compañeros a manos de ETA. De una organización que conoce el dolor de las familias destrozadas por el terrorismo. Por eso, precisamente por su historia, resulta tan decepcionante contemplar la normalidad con la que el PSN ha convertido sus acuerdos con Bildu en una celebración política.
¿Qué explicación le da el señor Chivite a quien perdió a un compañero por culpa de ETA? ¿Qué les dice a las familias de las víctimas? ¿Que lo importante ahora es aprobar los presupuestos?
Que se lo expliquen a las familias. Que les expliquen por qué la memoria parece tan importante en los discursos y tan negociable cuando llega la hora de repartir poder.
Y que nadie confunda las cosas: una cosa es defender que los representantes elegidos democráticamente participen en las instituciones y otra muy distinta es exigir a los ciudadanos que renuncien a su memoria crítica o que acepten como normal cualquier acuerdo político, por muy doloroso que resulte para las víctimas.
El problema del PSN no es solamente que pacte con Bildu. El problema es la imagen que proyecta, los principios que parece dispuesto a sacrificar y la facilidad con la que pretende que los ciudadanos olvidemos sus propias contradicciones.
Ya lo vimos en Pamplona, cuando los socialistas facilitaron que Bildu recuperase la Alcaldía. Ahora volvemos a ver cómo ese entendimiento se prolonga en Navarra. Y, mientras tanto, los ciudadanos asistimos a un espectáculo en el que las necesidades políticas de quienes gobiernan parecen estar siempre por delante de cualquier consideración moral.
¿De verdad alguien puede pensar que el PSN de hoy es el mismo partido que muchos ciudadanos conocieron hace años? ¿Dónde ha quedado aquel socialismo constitucionalista que defendía la libertad frente al terrorismo? ¿En qué momento se decidió que Bildu podía convertirse en un socio prioritario sin que hubiera que dar explicaciones a quienes todavía recuerdan lo que significó ETA?
Yo fui portavoz del Partido Popular en Echarri Aranaz durante dos legislaturas, entre 2013 y 2019. Sé lo que significa defender unas ideas en un entorno difícil. Sé que hay pueblos de Navarra donde representar determinadas siglas no es una decisión que se tome a la ligera. Y sé que el final de ETA no borró de un día para otro el miedo, las heridas ni las dificultades de quienes defendimos la libertad.
Por eso no acepto lecciones de quienes hablan de convivencia mientras parecen dispuestos a pasar página cuando les conviene políticamente. La convivencia no consiste en exigir silencio a quienes recuerdan. Tampoco consiste en pedir a las víctimas que se acostumbren a ver cómo sus representantes políticos son apartados de los homenajes o cómo su memoria queda relegada ante las necesidades de una negociación.
La convivencia exige respeto, memoria y una condena moral inequívoca del terrorismo. Y esas exigencias no deberían depender de quién ocupe el Gobierno ni de cuántos votos necesite para aprobar unas cuentas.
Pero hay más. A todo esto se suman las sombras de presunta corrupción que han golpeado al entorno socialista y que obligan a exigir explicaciones y responsabilidades políticas. No corresponde a nadie dictar sentencias antes de tiempo, pero tampoco se puede pedir confianza ciega mientras se acumulan preguntas que merecen respuestas.
Y aquí aparece Santos Cerdán, cuya situación judicial y cuya influencia en la política navarra han marcado profundamente el debate político. María Chivite tiene que responder ante los ciudadanos por sus decisiones, por sus alianzas y por la imagen de su Gobierno. No basta con envolverse en unas siglas históricas y pretender que esa historia sirva de escudo frente a cualquier crítica.
Porque las siglas no absuelven a nadie, la historia no concede impunidad política y la palabra socialista no convierte automáticamente en ejemplar todo lo que hace un Gobierno.
Y ahora me dirijo a quienes todavía se están pensando si votar al PSN.
A quienes quizá siempre han votado socialista porque así lo hicieron sus padres. A quienes se consideran moderados, constitucionalistas o defensores de la libertad. A quienes no se sienten representados por Bildu, pero están pensando en dar su voto a un partido que ha convertido sus acuerdos con esa formación en una pieza fundamental de su estrategia política.
Que se hagan una pregunta antes de depositar su papeleta: ¿están votando al partido que creen recordar o al partido que tienen delante?
Porque un voto no es solamente un nombre escrito en una papeleta. Es también una forma de respaldar decisiones, alianzas y maneras de entender la política. Y quien vote al PSN debe saber que su voto contribuirá a sostener un proyecto político cuyas alianzas con Bildu tendrá que valorar por sí mismo.
No basta con decir que se vota al PSOE por sus políticas sociales, por sus recuerdos familiares o porque siempre se ha hecho así. La política también exige mirar a los socios elegidos, las contradicciones toleradas y los principios abandonados. Si algo no te convence, si algo te avergüenza o si algo choca con tus valores, tienes derecho a cambiar de opinión. Ningún partido es dueño de tu voto.
Yo no le pido a nadie que vote al Partido Popular porque yo defienda esas siglas. Le pido que piense, que compare y que no entregue su confianza por costumbre. Que se pregunte si este PSN representa realmente sus principios y si está dispuesto a respaldar sus pactos y sus decisiones durante otros cuatro años.
Porque los ciudadanos no tenemos por qué ser fieles a unas siglas que, a nuestro juicio, han dejado de ser fieles a aquello que defendían.
Navarra merece un Gobierno que no dependa de convertir cada negociación con Bildu en una celebración. Merece dirigentes que no confundan la estabilidad de sus sillones con la estabilidad de la Comunidad. Y merece una política en la que la memoria de las víctimas no sea una cuestión secundaria cuando llegan las votaciones.
El PSN puede seguir celebrando sus acuerdos con Bildu. Puede seguir presentándolos como grandes éxitos y puede seguir pidiendo a sus votantes que confíen en él. Pero los ciudadanos también podemos hacer algo: recordar, juzgar sus decisiones y retirar nuestra confianza cuando consideremos que ya no la merece.
Porque hay una diferencia enorme entre ganar unas votaciones y conservar la dignidad política.
Y cuando un partido parece dispuesto a sacrificar sus principios para seguir gobernando, la pregunta ya no es cuánto tiempo podrá permanecer en el poder.
La pregunta es cuánto tiempo más estarán dispuestos sus votantes a permitírselo.
Carta de Juan Antonio Extremera