Cuando el uniforme es lo de menos
Hay algo que todos deberíamos tener claro, y es que cuando un ciudadano está en peligro, no le importa quién lleva el uniforme, sino que alguien acuda y que lo haga cuanto antes. La seguridad no entiende de colores, uniformes ni competencias; entiende de personas que necesitan ser protegidas.
Desde la Criminología sabemos que la seguridad eficaz no consiste únicamente en actuar cuando el delito ya se ha producido, sino también en prevenir, anticiparse al riesgo, reducir las oportunidades para delinquir, responder con rapidez y coordinar los recursos disponibles con el objetivo primordial de proteger al ciudadano. Por eso, la colaboración entre Seguridad Pública y Seguridad Privada es una necesidad que no puede considerarse como algo complementario.
Vemos estos días que, en Ceuta, la Seguridad Privada está presente en colegios, centros de salud, hospitales y acompañando a sanitarios que realizan visitas a domicilio. En un estadio de fútbol sería prácticamente imposible garantizar la seguridad de miles de personas sin la intervención conjunta de la Seguridad Privada y Pública. Lo mismo sucede en estaciones de tren, aeropuertos, centros comerciales, hospitales o grandes acontecimientos.
La Seguridad Privada no sustituye a la Pública, pero tampoco puede entenderse hoy una Seguridad Pública eficaz sin contar con ella. Cada uno debe conocer sus competencias, pero también debe conocer las del otro. Coordinarse, comunicarse, compartir información cuando legalmente proceda, establecer protocolos y trabajar juntos no resta autoridad, sino que la multiplica.
En Navarra, la integración de las llamadas de emergencia a través del 112 permite coordinar los recursos necesarios cuando se necesita una respuesta policial. Cuando alguien llama al 112 porque tiene un problema, no pregunta si quien va a acudir son los rojos de la Policía Foral, los azules de la Policía Nacional, los verdes de la Guardia Civil o los otros azules de la Policía Local; solo quiere que vaya alguien, del color que sea.
La Ley 5/2014, de Seguridad Privada, recoge en su artículo 30 principios como la legalidad, integridad, dignidad, corrección, congruencia, proporcionalidad y reserva profesional, además de establecer expresamente el deber de colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Pero las leyes, por sí solas, no garantizan una buena seguridad. Para conseguirlo hacen falta profesionales preparados, reconocidos y con unas condiciones laborales acordes con la responsabilidad que asumen.
También es bueno recordar que la autoridad no está reñida con la humanidad. Un vigilante de seguridad, un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, un policía autonómico, foral o un policía local son, cada uno desde sus competencias, una referencia de autoridad para el ciudadano que necesita ayuda. Por eso debemos exigirles el máximo nivel de profesionalidad, pero también debemos exigir que reciban el respeto y el reconocimiento que merecen. Porque cuando una persona está asustada, herida, desorientada o en peligro, ser escuchada, comprendida y atendida con dignidad también es seguridad.
Entre los profesionales de la seguridad existe, además, una realidad que pocas veces aparece en los debates públicos, y es que no hay tiempo para disputas cuando está en juego la seguridad de una persona. Un policía sabe que mañana puede necesitar la colaboración de un vigilante o de un compañero de otro color, y un vigilante sabe que mañana puede ser un policía quien necesite su ayuda. Hoy por mí, mañana por ti, pero siempre por el ciudadano.
Además, muchos de estos profesionales se juegan la vida cada día y algunos incluso la han perdido cumpliendo con su deber para proteger y salvar vidas de tantos ciudadanos. Gracias a todos ellos.
La seguridad del futuro —del presente, ya— debe ser necesariamente una seguridad compartida: pública y privada, estatal, autonómica y local. Cada uno desde sus competencias, pero todos caminando en la misma dirección, porque al final, cuando todo lo demás sobra, solo importa una cosa: que cuando un ciudadano necesite ayuda, alguien esté allí y que llegue a tiempo.
Gracias a quienes lo hacen posible. Aunque muchas veces no os lo digamos, los ciudadanos conocemos vuestra profesionalidad y vuestro esfuerzo, valoramos vuestra dedicación y agradecemos vuestra vocación de servicio.
Yo, en seguridad, soy daltónico.