• martes, 15 de septiembre de 2026
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Opinión / Tribuna

España, objeto de deseo

Por José Luis Díez Díaz

Las cifras oficiales no mienten y configuran el retrato de una nación cuyo atractivo es tan devastador que roza, en el mejor de los sentidos, el colapso por éxito.

Miles de marroquíes celebran haber traspasado la frontera entre Ceuta y Marruecos. EUROPA PRESS
Miles de marroquíes celebran haber traspasado la frontera entre Ceuta y Marruecos. EUROPA PRESS

En un panorama geopolítico marcado por la incertidumbre, existe un faro de estabilidad y magnetismo absoluto en el sur de Europa. El fragmentado y de geometría variable Gobierno español actual —a pesar de las graves catástrofes que han afectado a muchos de sus ciudadanos, el desastre de las redes ferroviarias e infraestructuras viarias, los constantes frentes abiertos con las instituciones del país, garantes del Estado de derecho, los casos de corrupción de alguno de sus miembros y la palpable falta de sintonía con la mayoría de las CC. AA.— ha conseguido un increíble logro, un fenómeno sin precedentes: convertir a España en el objeto de deseo definitivo de la comunidad internacional.

Las cifras oficiales no mienten y configuran el retrato de una nación cuyo atractivo es tan devastador que roza, en el mejor de los sentidos, el colapso por éxito. El primer indicador de este idilio global es el fenómeno turístico. El último ejercicio ha pulverizado todos los registros históricos al recibir a 96,8 millones de turistas internacionales. Las proyecciones actuales sitúan la campaña holgadamente por encima de la barrera psicológica de los 100 millones de visitantes anuales; una inercia imparable que ni las persistentes y absurdas advertencias ni enmiendas a la totalidad de la exministra navarra Ione Belarra y sus seguidores han conseguido frenar.

Este magnetismo no se limita a las estancias temporales con reserva hotelera. Se manifiesta con igual o mayor intensidad en los flujos fronterizos más complejos. La presión migratoria irregular en las costas y fronteras mantiene un goteo constante de decenas de miles de personas al año que ven en el territorio español su meta vital.

En las playas y en los centros de menores de Ceuta, la ocupación crónica se sitúa entre el 300 % y el 400 % de su capacidad operativa real. La geografía fronteriza se reconvierte así, bajo la óptica oficial, en el primer gran escaparate de nuestra hospitalidad; una suerte de régimen de pensión completa obligada que contrasta vivamente con la posterior gestión autonómica. Es ahí donde la falta de sintonía entre el Ejecutivo central y las regiones se hace evidente: la solidaridad se vuelve asimétrica y las comunidades autónomas juegan al descarte para ver en qué ventanilla regional se asume el coste y la responsabilidad de la acogida.

Aunque el verdadero triunfo de la ingeniería del atractivo nacional se libra en los consulados de todo el planeta al amparo de la Ley de Memoria Democrática. La bautizada popularmente como "Ley de Nietos" (el TS ha aceptado medidas cautelares) ha desatado una fiebre identitaria sin parangón, registrando cerca de 2,6 millones de solicitudes de nacionalidad en el exterior, de las cuales ya se han aprobado y concedido más de 550.000.

Millones de ciudadanos transoceánicos han descubierto una vocación patriótica tardía, desempolvando partidas de nacimiento de bisabuelos y tatarabuelos para abrazar las virtudes del pasaporte europeo.

El Gobierno ha logrado la paradoja definitiva: una reconquista a la inversa donde los descendientes de los imperios de Hernán Cortés o Pizarro reclaman pacíficamente sus derechos de ciudadanía —y sus correspondientes prestaciones— justo a tiempo para engrosar el censo del voto por correo o planificar su jubilación.

Esta vocación de asilo y asimilación ha convertido a España en el líder absoluto de nacionalizaciones de la Unión Europea, sumando más de 1,3 millones de nuevos españoles en los últimos años y superando incluso a potencias como Alemania, que duplican nuestra población.

Un imán tan potente que altera hasta la fisonomía del deporte de élite: los futbolistas extranjeros aceleran sus trámites de nacionalización exprés por "carta de naturaleza" para dejar de ocupar plaza de extracomunitario. Este fenómeno recuerda a los antiguos "oriundos", que situaban el origen familiar en el entorno del Celta o de Osasuna, mientras el ciudadano común navega los laberintos burocráticos.

España ya no es meramente un Estado soberano, sino una superpotencia de atracción global. Este despliegue de hospitalidad fronteriza ha sumado recientemente un componente esencial en la era de la hiperconectividad: la instalación de infraestructura tecnológica de emergencia para proveer red móvil y puntos de acceso a internet en los núcleos de acogida de la ciudad autónoma.

JOSE LUIS DIEZ DIAZ – Funcionario foral jubilado

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