Angélica, experta en máquinas de coser en Pamplona: "Cada vez se está animando más gente joven"
Llegó desde México en 2002 y trabajó junto a su marido, José Miguel Ainaga, hasta especializarse en arreglos de máquinas domésticas de coser y bordar.
Las máquinas de coser no han desaparecido. Todo lo contrario. Angélica Ramírez Contreras lo comprueba cada día desde detrás del mostrador: "Tenemos bastantes reparaciones, muchísimas".
Esta mexicana de 57 años está al frente de Kosse, una tienda situada en el número 22 de la avenida Baja Navarra de Pamplona, una tienda especializada en la venta y reparación de máquinas de coser y bordar, tanto domésticas como industriales.
Angélica ha visto evolucionar un oficio que muchos podían pensar que iba camino de desaparecer. Sin embargo, asegura que ocurre justo lo contrario. "La gente siempre me pregunta si la gente sigue cosiendo y sí, sí", explica.
Y detrás de ese regreso de la aguja y el hilo hay también una generación inesperada.
Los jóvenes vuelven a interesarse por la costura
"Como ahora hay muchos tutoriales y muchas cosas en Internet a las que accede la gente joven, cada vez más gente joven se va animando", asegura Angélica.
La propietaria de Kosse habla desde la experiencia. Llegó a España desde México en 2002 después de casarse con José Miguel Ainaga, que era entonces el propietario del negocio, y comenzó a trabajar junto a él.
Han pasado prácticamente 25 años desde aquella llegada. Durante este tiempo trabajaron también en Café Costura antes de continuar su trayectoria en Kosse, donde Angélica se ha especializado en un mundo que también ha cambiado radicalmente.
Las máquinas actuales tienen poco que ver con aquellas antiguas máquinas mecánicas que durante décadas ocuparon un lugar habitual en muchos hogares.
Máquinas que ya cosen incluso sin pedal
"Ahora la tecnología ya es electrónica. Hay máquinas que funcionan sin pedal. Le das a un botón y ellas van cosiendo solas", explica la comerciante.
Los nuevos modelos incorporan numerosos tipos de puntadas, funciones y accesorios que simplifican el trabajo. A ello se suman prensatelas, agujas, hilos, tijeras y todo tipo de elementos destinados a facilitar las labores de costura.
"Ya es otra forma de funcionar la costura", resume Angélica, que ha comprobado cómo esa evolución tecnológica ha permitido acercar las máquinas también a personas que empiezan desde cero.
Kosse trabaja principalmente con clientes particulares y con máquinas domésticas. Durante años también atendieron el sector industrial y a empresas, aunque esa parte del negocio se ha reducido.
Un negocio que continúa tras la pérdida de su marido
El fallecimiento de José Miguel Ainaga el pasado 11 de enero ha obligado a Angélica a afrontar una nueva etapa en solitario. Su marido era quien dominaba especialmente la maquinaria industrial.
"El tema industrial lo hemos dejado desde que falleció mi marido, porque él era el que se dedicaba a eso. Yo no lo conozco, no lo domino", reconoce.
Aun así, algunos clientes siguen llegando cuando deciden montar pequeños talleres. Compran las máquinas y recurren al establecimiento para repararlas y mantenerlas, aunque Angélica constata que "ya hay muy pocos talleres".
El grueso de la actividad se encuentra ahora en las máquinas domésticas. Y trabajo no le falta. Angélica asegura que el volumen de reparaciones es elevado y que la tienda mantiene una clientela fiel.
Una tienda que sigue adelante en Pamplona
Actualmente trabaja prácticamente sola. Su hijo Luis Miguel, de 21 años, aprendió con su padre a reparar máquinas y de vez en cuando pasa por la tienda para echar una mano.
Por ahora, sin embargo, no parece dispuesto a continuar con el negocio. "Ha estudiado otra cosa totalmente distinta", explica su madre, aunque tampoco cierra completamente la puerta al futuro: "No hay continuidad... o no lo sé".
Mientras llega ese momento, Angélica sigue detrás del mostrador atendiendo máquinas que llegan averiadas y clientes que buscan recuperar una afición que parecía pertenecer a otras generaciones.
Para ella, la mejor medida de que el trabajo funciona no está únicamente en el número de reparaciones. Está en lo que ocurre después.
"Intentamos dar buen servicio y buen trato", señala Angélica. Y hay un detalle que le confirma que el esfuerzo merece la pena: "La gente vuelve y recomienda. Eso es una buena señal".