La persiana de la tienda Cachemir podía haber bajado definitivamente este verano después de casi medio siglo en Pamplona. Sin embargo, la historia de esta conocida lencería del barrio de San Juan ha tenido un desenlace muy diferente.
Mari Carmen Leoz Echenique se ha jubilado este mes de agosto con 65 años después de pasar prácticamente toda su vida detrás del mostrador. "Llevaba aquí desde los 17 años", recuerda sobre una tienda a la que llegó siendo una adolescente.
Había colocado el cartel de traspaso con un deseo muy concreto: que Cachemir no desapareciera. Y finalmente ha encontrado a la persona que buscaba en Margarita Trzepalkowska, una mujer de 40 años, natural de Cracovia, que lleva desde 2004 viviendo en Pamplona.
El relevo ya se ha producido. Cerraron el acuerdo el 7 de agosto y la tienda ha vuelto a abrir sus puertas el 11 de septiembre, después de apenas un mes para realizar una pequeña reforma. Para Margarita supone mucho más que ponerse al frente de un comercio.
Margarita cumple un sueño después de 18 años trabajando en moda
"Tengo 40 años y en Pamplona estoy desde 2004, siempre en Pamplona y en este tipo de negocios", explica Margarita, que acumula 18 años de experiencia en el sector de la moda.
Durante mucho tiempo había imaginado montar algo propio. "Yo siempre quería un local que me gustara para abrir algo textil de ropa de mujer", cuenta. La oportunidad apareció casi por casualidad cuando su marido pasó por delante de Cachemir y vio el cartel de traspaso.
Al día siguiente hablaron con Mari Carmen. "Me encantó el local, el producto y Mari Carmen", reconoce Margarita. La conexión fue inmediata y el proyecto comenzó a tomar forma.
Los primeros días tras la reapertura han estado marcados por las presentaciones. "Hay mucha gente saludándome y preguntando si soy la nueva y estoy conociendo a todo el mundo", explica.
En ese proceso no está sola. Mari Carmen sigue acudiendo durante estas primeras semanas para presentarle clientas y proveedores y facilitar una transición mucho más natural en un comercio donde muchas relaciones se han construido durante décadas.
"Me acompaña Mari Carmen y estoy aprendiendo un montón. Me encanta. Es mi vida y aquí me quedo hasta jubilarme como Mari Carmen", asegura Margarita.
Y resume este cambio con una frase que llevaba mucho tiempo esperando poder pronunciar: "He cumplido mi sueño porque antes era encargada de una tienda, pero no la dueña".
De Cracovia a sentirse "una pamplonesa más"
Margarita llegó desde Polonia cuando tenía 18 años. Casi dos décadas después, tiene dos hijos navarros, de 8 y 11 años, y no duda al hablar de su vínculo con la capital navarra. "Ya no me escapo de aquí. Este es mi sitio, mi ciudad y mi barrio. Llegué con 18 años y soy una pamplonesa más", afirma.
Su intención es mantener la esencia del establecimiento. "Seguimos con lo mismo y bienvenidos todos", señala sobre una nueva etapa que comienza sin romper con todo lo construido durante décadas.
Para Mari Carmen, encontrar ese relevo ha supuesto cumplir también su propio objetivo. "Muy contenta. Era un poco mi finalidad, que no se cerrara", explica. "En cuanto vi a Marga, en el primer momento supe que era ella la persona ideal para seguir. Tengo seguridad 100% con Margarita", asegura la anterior propietaria.
Por eso ha decidido acompañarla al principio. "Estoy de relaciones públicas para que las clientas no vean una cara nueva de repente y con los proveedores", bromea Mari Carmen, que todavía se mueve por la tienda como quien conoce cada rincón de memoria.
Una historia familiar que comenzó con una tienda de lanas
La historia de Cachemir comenzó mucho antes de que se convirtiera en lencería. La abrió en 1977 Carmen Echenique Oscoz, madre de Mari Carmen, y en sus primeros años funcionó como una tienda de lanas Phildar.
Carmen era tejedora y el negocio tuvo sus orígenes familiares antes de asentarse en San Juan. Mari Carmen comenzó a trabajar allí con solo 17 años y fue aprendiendo el oficio junto a su madre.
El gran cambio llegó hacia 1985-1986, cuando dejaron atrás las lanas y apostaron por la lencería, una actividad que se ha mantenido desde entonces y con la que Cachemir se ha convertido en uno de esos comercios conocidos por varias generaciones de clientas.
La relación con esas clientas ha sido precisamente uno de los grandes activos del establecimiento. Mari Carmen contaba meses atrás que por la tienda habían pasado hijas e incluso nietas de las primeras clientas, una fidelidad construida durante décadas en el barrio.
Ahora, después de 48 años trabajando en la tienda, Mari Carmen puede retirarse sabiendo que la persiana seguirá subiendo cada mañana.
"Estoy aquí para indicarle y guiarle. Muy contenta de que siga la tienda", asegura. Y cuando recuerda el momento en el que quedó cerrado definitivamente el traspaso, su pensamiento se marcha inevitablemente hacia el origen de todo.
"Mi primer pensamiento fue a mi madre, que la abrió, y seguro que estará súper contenta del traspaso y de la persona que se la ha quedado".