Para Ainhoa Sarasíbar Ferro, abrir cada día la puerta de Bam Bam ya no se parece demasiado a ir a trabajar. Después de casi 20 años, asegura que muchas tardes se siente "como en el salón de mi casa".
Esta pamplonesa de 48 años está al frente de la tienda-cafetería situada en el número 3 de la plaza Monasterio de Azuelo, en el popular barrio de San Juan de Pamplona. Un establecimiento de esquina que lleva el nombre de Bam Bam, en un guiño al popular personaje de los dibujos animados de Los Picapiedra. Muy cerca de la frutería Frutas Pilar que está abierta desde 1973.
Su historia detrás de un mostrador comenzó mucho antes. Ainhoa empezó a trabajar muy joven en una tienda de ropa por cuenta ajena, hasta que decidió probar suerte con un negocio propio y abrió una pequeña tienda de chucherías.
Aquel primer local estaba muy cerca, en el número 2 de la misma plaza. Dos años después dio el salto al establecimiento actual, más grande, y amplió la actividad incorporando panadería y cafetería.
Una vida ligada al barrio de San Juan
El vínculo de Ainhoa con San Juan viene de mucho antes que Bam Bam. "Yo nací aquí en el barrio, muy cerca", recuerda. Más tarde vivió en Iturrama, pero al casarse, hace 26 años, decidió volver.
La explicación es sencilla. "Me gusta el barrio", resume. Allí ha terminado construyendo no solo un negocio, sino también una forma muy particular de relacionarse con quienes entran cada día por la puerta.
"Para mí venir a trabajar es como si estuviera en un pueblo pequeño", explica. Conoce a buena parte de los vecinos, muchos de ellos por su nombre, y esa familiaridad ha convertido la plaza en algo inseparable de su propia historia.
"Esta plaza es como mi vida", reconoce Ainhoa sobre la plaza Monasterio de Azuelo. Una frase que resume casi dos décadas de mañanas, tardes, cafés y conversaciones al otro lado del mostrador.
"Estoy como en el salón de mi casa"
El establecimiento lo atiende principalmente ella sola. Su marido le echa una mano algunas tardes, aunque trabaja en otro sector, concretamente en la construcción.
La rutina exige muchas horas. Durante el año, Ainhoa solo cierra los martes por la tarde, aunque en verano procura reservarse unos días para parar y recuperar fuerzas.
Normalmente aprovecha agosto, cuando baja el trabajo, para tomarse unos 21 días de vacaciones. "También hay que descansar", admite. Es prácticamente la única pausa larga del calendario.
Aun así, la cercanía de los clientes hace que las jornadas tengan otro tono. "Esto es esclavo, pero al final vienen unos amigos por las tardes y estás como en el salón de tu casa", explica.
Un negocio que cambia con las estaciones
El ritmo de Bam Bam también depende de la época del año. En invierno, los días más fuertes suelen concentrarse durante el fin de semana, mientras que entre semana el movimiento es más regular.
En verano ocurre justo lo contrario. "Esto se queda vacío el fin de semana", señala Ainhoa. Muchos vecinos se marchan a la playa, las piscinas o los pueblos, y la actividad cae.
Septiembre vuelve a cambiar el panorama. "Ahora empieza el colegio y volvemos a la normalidad", explica, pendiente de ese regreso a la rutina que también se nota detrás de la barra y en las compras diarias.
Mantener el negocio, sin embargo, no resulta cada vez más sencillo. Ainhoa asegura estar contenta, aunque reconoce que hay que pelear mucho cada ejercicio.
"Cada año es un poquico más difícil porque hay muchos pagos, muchos impuestos y el margen hay que ajustarlo cada vez más", explica. Frente a esas dificultades, destaca una ventaja que se ha ganado con el tiempo: la fidelidad de quienes llevan años entrando en Bam Bam.
De las chucherías a un pequeño supermercado con cafetería
"Tengo una clientela fenomenal, fantástica, que responde", afirma Ainhoa. Esa relación también le permite saber qué buscan sus clientes y adaptar continuamente el negocio.
Actualmente trabaja bastante con personas mayores y ha ido incorporando productos en función de sus peticiones. "Me adapto a lo que demandan mucho: caramelo, pasta, bollería, algo de legumbre", explica.
La idea consiste en probar aquello que pueda funcionar y responda a las necesidades del barrio. De aquella primera tienda de chucherías ha surgido así un establecimiento mucho más variado.
"Es como un pequeño supermercado con cafetería", resume Ainhoa. Un modelo sencillo, construido durante casi dos décadas a base de conocer a quien entra, escuchar lo que necesita y ajustar la oferta.
Los propios clientes han destacado esa cercanía en sus reseñas. Una de ellas describe la zona de cafetería como "acogedora" y resalta la "buena atención", mientras otra subraya el "buen servicio de cabinas telefónicas para llamadas de todo tipo".
Otra opinión resume Bam Bam de una forma todavía más directa: "Muy majos, hay muchas cosas". Una descripción breve para un comercio en el que Ainhoa lleva casi 20 años viendo pasar la vida de San Juan desde la misma esquina.