El judoka navarro que toma las riendas de un conocido asador en Pamplona: “Son mis dos grandes pasiones”
Aingeru Mendiola Izquieta ha cambiado el tatami por la parrilla, pero no el pulso de la competición. A sus 36 años, el que fue judoka de élite en Navarra se ha puesto al frente del negocio familiar y se ha quedado con dos etiquetas que le encajan como un guante: parrillero y gestor. “Son mis dos grandes pasiones”, resume, al hablar del judo y de la hostelería, los dos mundos que durante años ha llevado a la vez hasta que le tocó escoger.
El relevo se ha cocinado a fuego lento en el asador Iturrama, en el barrio de Iturrama en Pamplona, donde el restaurante lleva décadas sirviendo su especialidad: la carne a la brasa. En el escaparate, el mensaje es directo y sin rodeos: “Asador Iturrama”.
El local está en la calle Pedro I, número 9, en una zona muy transitada y rodeada de bares y restaurantes, como la frutería Baratza que lleva cuatro décadas, o el bar El Labrador con un menú baratísimo y de calidad.
Aingeru ha cogido el testigo de sus padres, José Mari Mendiola y Lurdes Izquieta, que llevaban el negocio desde 2013. El cambio se ha acelerado este año, con fechas ya marcadas en el calendario familiar. “Mi madre se jubiló en abril y he cogido la gerencia desde julio. Mi padre me sigue echando una mano y asesorando”, ha explicado. La transición, cuenta, no ha sido un salto al vacío: él ya estaba dentro, aprendiendo el oficio desde hace tiempo.
Antes de centrarse de lleno en la parrilla, el pamplonés (de familia de Sangüesa) vivió una etapa de triple jornada. Terminó de estudiar, ayudaba en el restaurante y, además, seguía ligado al judo, también como profesor. “Lo fui compaginando poco a poco. Terminé de estudiar y compatibilicé ayudar en el asador, el judo y las clases de judo porque era profesor. Las tres cosas… Al final me tuve que decantar”, recuerda. El punto de inflexión llegó cuando dejó la competición: “Dejé de competir a los 28 o 30 años y me he enfocado en el restaurante”.
Su historia con Pamplona empezó pronto por culpa —o gracias— al deporte. “Yo por el judo ya estaba en la residencia Fuerte del Príncipe con 16 años y luego vinieron mis padres”, ha contado. Con el tiempo, la familia terminó asentándose y el asador se convirtió en un proyecto de vida. “Desde 2013 me metí en esta aventura con ellos y me he metido de lleno. Llega un momento en el que hay que decidirse. Tengo familia y todo tiene su momento”, ha añadido.
En el día a día, el negocio mantiene un ritmo sólido, sobre todo en fin de semana. “Va bien. Muy contentos. El fin de semana siempre a tope, siempre lleno”, afirma. Entre semana el ambiente cambia, pero el asador sigue recibiendo celebraciones y clientela variada: “Intentamos también dar buen servicio aunque no hay tanta alegría. Damos algún cumpleaños, parejas, gente que viene a la Clínica Universitaria. No nos quejamos”.
El espacio también ayuda a que el servicio sea ágil. “Metemos unas noventa personas y vamos por turnos. De una sola tirada entran unos 75. En verano, con la terraza, entran otras quince o veinte personas más”, ha detallado. Ahora mismo trabajan seis personas en el restaurante, un equipo compacto para un local que, en determinados días, va al límite.
Aingeru comparte la trinchera con su pareja, Ximena León, que también trabaja en el asador. “Ella se encarga del comedor y yo más de la cocina. No se puede pedir más. Además vivimos aquí cerca”, comenta. La pareja tiene dos hijos, “una de cinco años y uno de diez”. Sobre si algún día querrán seguir el camino familiar, lo deja en el aire: “De momento es pronto para saber si seguirán. De momento que estudien y ya habrá momento para decidir”.
En la carta, el objetivo es claro y ambicioso: subir el listón del producto y diferenciarse. “Intentar traer siempre el mejor producto posible en todos los aspectos de una carta; el mejor jamón, el mejor pescado y la mejor carne”, sostiene. Y, en el apartado estrella, presume de variedad para evitar ser “otro asador más” en Pamplona: “Tienes buey, wagyu, vaca de aquí, vaca de allá…”, enumera.
Esa apuesta ya ha tenido premios. En 2019, el asador logró el tercer puesto entre las 14 mejores parrillas de chuleta de vaca del País Vasco y de Navarra. Y en 2025, Aingeru fue distinguido como mejor parrillero en el premio a la excelencia navarra en el ámbito gastronómico Talent, dentro del reconocimiento a los mejores profesionales del sector de la restauración.
El local, además, tiene historia larga en el barrio. El asador Iturrama funciona con ese nombre desde el verano de 1988, cuando se creó la sociedad formada por Jesús Alcaiza (cocinero), Juan Salas y Joaquina Errea. Antes, durante año y medio, el establecimiento lo regentó Javier Soberón con el nombre de Pedro I. Hoy, décadas después, la brasa sigue encendida, pero la mano que manda es la de un exjudoka que aprendió a pelear… y a cortar la chuleta en su punto.