COMERCIO LOCAL
La pareja que cierra el bar de su ilusión en Pamplona después de casi dos años: “Nos agobian a impuestos”
"Si ganamos 2.000 y pagamos 1.900 pues preferimos cortar ahora antes de hundirnos en deudas”, afirman con pena.
Gabriela Castrillón Quezada y Johan Gómez Canario se lanzaron a la aventura de levantar un pequeño negocio en Pamplona con la idea clara de ganarse la vida detrás de una barra. Lo hicieron con ilusión y muchas horas de trabajo, pero el proyecto se les ha ido haciendo cuesta arriba. Ahora han tomado la decisión más dolorosa: cerrar.
El cierre tiene fecha y ya lo han contado al barrio con un mensaje directo en el escaparate del bar Otamendi, en el barrio de la Rochapea. “Cerramos el 27 de febrero. ha sido un placer formar parte de vuestro día a día. Gracias por todo”, anuncian en uno de los carteles que han colocado esta semana en el local, situado en la avenida de Marcelo Celayeta 70.
En otro texto, la despedida suena todavía más a nudo en la garganta: “Después de mucho tiempo compartiendo momentos, risas y buenos ratos ha llegado el momento de cerrar definitivamente. Nuestro último día será el 27 de febrero. Ha sido un verdadero placer formar parte de vuestro día a día. Gracias por todo”, indican, con ese tono de quien no quería llegar a este punto.
La pareja tomó las riendas del bar en mayo de 2024 y, aunque el negocio ha ido sumando clientela, las cuentas no han acompañado. Johan, de 35 años y ecuatoriano, pone el foco en los impuestos y en lo que significa sostener un pequeño comercio con dos personas al frente. “Si tenemos un pequeño comercio y nos agobian a impuestos pues al final es lo que hay. Somos dos personas trabajando que si ganamos dos mil y pagamos mil novecientos pues preferimos cortar ahora antes de hundirnos en deudas”, afirma. “En mayo vamos a cumplir dos años”, añade.
En el día a día, el Otamendi ha funcionado como esos bares de barrio que no fallan: menú, barra y trato cercano. “Damos menú entre semana a 14 euros y pinchos, bocadillos, cartas, y las personas del barrio nos han demostrado que están muy contentos, pero si no nos llegan no podemos hacer más. Estamos en pérdidas”, lamenta Johan. Asegura que la barra solía estar “llena de pinchos siempre” y que “a media mañana se queda vacía”, una forma muy gráfica de explicar que hay movimiento, sí, pero no el suficiente.
Para intentar sostener la actividad también habían pensado en quienes más miran el bolsillo. “Tenemos una oferta de pinchos elaborados y café a tres euros para desempleados o gente joven”, explica, intentando que el bar siguiera siendo un punto de encuentro accesible para el barrio.
El golpe más duro, cuentan, llegó el año pasado con un cierre inesperado que terminó de desajustar las cuentas. “Además el año pasado estuvimos dos meses cerrados en septiembre porque se nos quemó la campana de la cocina. El seguro no resolvía y eso pasa factura porque hay que seguir pagando alquileres. Hemos tenido que pedir préstamos”, relata Johan. Con ese parón, los gastos siguieron corriendo, pero la caja se quedó a cero.
Gabriela, de 30 años y dominicana, también se despide con pena. “Al final no hay el mismo movimiento. Se agradece que sean casi dos años con los clientes que ya son amigos. Con una pena nos vamos pero dejando un mensaje de agradecimiento a los que han venido”, comenta. Y deja una frase que resume el desgaste: “A mí me da igual hacer ocho o quince horas, pero que merezca la pena. Si no da, no hay nada que hacer”.
Ahora, explican, toca cerrar esta etapa “bien” y empezar a buscar trabajo por cuenta ajena. “Ahora nos tocará trabajar por cuenta ajena donde encontremos”, dice Johan. Gabriela apunta que lo inmediato pasa por “actualizar el currículum” mientras terminan de rematar el cierre del local.
Pese a todo, se van con el calor de la gente. Han abierto un libro de visitas para recoger los mensajes de los clientes y se han encontrado con palabras que pesan. “Gracias por habernos hecho sentir como en casa. este barrio no será lo mismo sin vosotros. Cada final es un nuevo comienzo”, escribe uno.
Otro comenta “un placer haber estado estos casi dos años con vosotros”. También aparecen recuerdos más personales: “Para la pareja más agradable y trabajadora. Echaremos de menos esas catas a ciegas haciendo de conejillos de indias”.
Y uno de los mensajes más cariñosos llega con dedicatoria incluida: “De parte del galgo de María y de Jesús desearos que esta nueva etapa en la vida sea tan bonita como la que hemos vivido con vosotros hasta ahora”.