El bar de un pueblo de Navarra que triunfa con sus asados a baja temperatura: "Sale crujiente y tierno"
Isabel Elizalde Echarte y Jesús Mari Burguete Artozqui han convertido un antiguo bar cerrado durante años en uno de esos locales de un pueblo de Navarra que funcionan por el boca a boca. Desde octubre de 2014 están al frente de un negocio familiar en el que la cocina casera y los asados se han convertido en su principal reclamo.
El establecimiento es el Bar Bureli, situado en la plaza de los Fueros de Lumbier. El nombre del bar nace precisamente de los apellidos de sus dos dueños: Burguete y Elizalde.
Está muy cerca de la antigua carnicería Burguete, un comercio ligado a la localidad que ha cerrado hace pocas fechas, y de la nueva casa rural Casa Garcés que abrió a primeros de mayo con una terraza espectacular.
“Es un bar donde se jubiló el anterior dueño y estuvo cinco años cerrado. Hicimos una reforma bastante maja y lo abrimos nosotros hace 12 años”, explican Isabel y Jesús Mari. El local, recuerdan, tiene una larga historia, ya que puede rondar los 60 años desde su apertura y antes fue conocido como el antiguo Bar Torres.
La especialidad de la casa son los asados a baja temperatura, una elaboración que requiere tiempo, paciencia y constancia. “Estamos cogiendo, si no fama, al menos reconocimiento de los clientes con el boca a boca. Nos sale bastante bien. Estamos contentos”, aseguran los propietarios.
En el bar preparan cordero, gorrín, costilla de cerdo y codillo. No es una propuesta reservada solo para los fines de semana, ya que trabajan este método durante toda la semana para poder ofrecer asados cualquier día.
El proceso comienza por la tarde y se alarga durante la noche. La carne se coloca en una bolsa especial de cocción con sal y aceite, se introduce en el horno a las seis de la tarde y se saca a las ocho de la mañana. “Es asado nocturno y se va confitando poco a poco. Sale muy bueno, jugoso y tierno”, explican.
Después, antes de servirlo, llega el toque final de horno. “Cualquier día de la semana damos asados porque es acabarlo. Es media hora al horno y sale el crujiente y el tostado bonito de color”, señalan Isabel y Jesús Mari sobre una de las claves de su éxito.
Además de los asados, el Bar Bureli ofrece menú del día entre semana por 14 euros. Es una opción que funciona especialmente bien entre trabajadores de la zona, sobre todo de la construcción. “Sale bastante bien porque hay mucha gente que viene a comer. Nos defendemos”, cuentan.
Los fines de semana cuentan con un menú de 35 euros con asado y bebida. La oferta se completa con hamburguesas, platos de la casa, pizzas, raciones y croquetas caseras, dentro de una carta pensada para vecinos, visitantes y turistas.
El éxito les ha llegado casi de manera inesperada, aunque miran al futuro con cierta preocupación. “Estamos muy contentos”, reconocen, pero admiten que “no hay siguiente generación” porque no tienen hijos y la hostelería “cada día va a menos”. Isabel tiene casi 59 años y Jesús Mari 64, pero aseguran que seguirán “con ilusión”.
El bar ocupa una casa de tres plantas bien acondicionada. En la planta baja están el bar y una terraza amplia; en la zona intermedia, el comedor; y en la parte superior, la cocina con el horno para los asados. Además, cuentan con cuatro empleadas, tres de ellas para reforzar los fines de semana.
Las reseñas de los clientes también han acompañado la trayectoria del negocio. Algunos destacan el gorrín, la atención del personal y detalles como sacar agua para una perrita en un día de calor. Otros subrayan sus bocadillos, hamburguesas, el pan, el producto local y la cercanía de los dueños, especialmente entre quienes llegan a Lumbier tras visitar la Foz.