COMERCIO LOCAL
María, 30 años sonriendo en la librería de su barrio en Pamplona: “No tengo interés en jubilarme”
La librera considera que actualmente “se venden más libros” y ha percibido también un cambio en las costumbres del barrio.
María Lezaun Alfonso lleva casi tres décadas detrás del mostrador de una librería de barrio en Pamplona. Tiene 59 años, es natural de Arazuri y desde 1997 está al frente de Papeletras, un negocio que abrió ella misma y en el que asegura sentirse tan a gusto que ni siquiera piensa todavía en la jubilación.
La librería Papeletras está situada en la calle Fuente del Hierro 6, en pleno barrio de Iturrama. Muy cerca se encuentra la nueva cafetería Claro, que abrió sus puertas justo antes de las fiestas de San Fermín de 2026.
“Estoy contenta. Lo abrí yo. Era una bajera vacía de Caja Rural, hice la obra y desde entonces aquí estamos”, recuerda María sobre los comienzos de un establecimiento que se ha convertido en uno de esos pequeños comercios conocidos por varias generaciones de vecinos.
Su relación con el negocio sigue intacta casi 30 años después. “No tengo ningún interés en la jubilación. Eso es bueno, me gusta. Abrí el negocio que me gustaba. No tuve que pensar qué negocio iba a abrir”, explica.
Papeletras mantiene la esencia de una librería y papelería tradicional de barrio. En sus estanterías hay prensa, revistas, papelería y libros, además de la posibilidad de encargar libros de texto y otros títulos que no se encuentren en ese momento en el establecimiento.
“Al final vendo un poco de todo. Es un negocio donde te mantienes por eso”, señala. Las ventas, además, van cambiando dependiendo de la época del año. “Prensa y revistas se venden siempre. La papelería se vende a principio de curso y los libros también, sobre todo en Navidades”.
La librería abre todos los días de la semana. María cuenta con una empleada que se encarga de atender el establecimiento los domingos, jornada que ella aprovecha para descansar. Sus vacaciones también son reducidas. “Me cojo unos días en San Fermín. Estoy en lo que me gusta y no tengo ganas de jubilarme”.
Durante todos estos años ha creado una relación especialmente estrecha con los vecinos de Iturrama. “Conozco a todo el barrio. Hay un sector de población que viene todos los días a por el periódico. Tienes con ellos una relación casi familiar”, explica.
El paso del tiempo también se nota detrás del mostrador. María ha conocido primero a muchos de sus clientes, después a sus hijos y ahora comienza a recibir a una nueva generación. “Conozco a ellos, a sus hijos y ahora empiezo a conocer a sus nietos”.
Actualmente, Papeletras abre entre semana de 9 a 14 horas y de 17 a 20 horas. Los sábados, domingos y festivos el horario es de 9 a 14 horas. Antes de la pandemia, María levantaba la persiana incluso a las ocho de la mañana.
La librera considera que actualmente “se venden más libros” y ha percibido también un cambio en las costumbres del barrio. “Hay más gente que se queda en los barrios, en los bares cercanos. No se va tanta gente los fines de semana”. Aun así, considera que la esencia de su negocio apenas ha cambiado.
“Se puede vivir de este negocio, pero hay que trabajar mucho”, reconoce María, que tampoco se plantea por ahora qué ocurrirá con Papeletras cuando llegue el momento de dejarlo. “El relevo familiar está difícil. Fijo que no. No me lo planteo todavía”.
Entre las últimas novedades que han ocupado el escaparate se encuentran ‘Una vida de recetas’, de Angelita Alfaro; ‘Hernán Cortés, encuentro y conquista’, de Juan Miguel Zunzunegui; ‘Maite’, de Fernando Aramburu; ‘Coloquio de invierno’, de Luis Landero; y ‘Comerás flores’, de Lucía Solla.
Los clientes también han dejado constancia en Internet del trato recibido durante estos años. “Sitio acogedor, la vendedora es súper amable y tiene gran variedad de revistas y prensa”, señala una de las reseñas. Otra destaca que es “una librería de barrio de las de siempre” y valora especialmente la rapidez con la que atienden los encargos.
“Prensa, revistas, papelería... y, sobre todo, una gran persona detrás del mostrador. Siempre muy atenta, si hay algo que no tiene te lo pide rápido”, resume otro cliente. Una relación cercana que María Lezaun mantiene después de casi tres décadas y que explica por qué, a sus 59 años, todavía no quiere oír hablar de jubilación.