COMERCIO LOCAL
La carnicería familiar de Lumbier que dice adiós a tres generaciones: “Tengo que aprender a vivir sin trabajar”
José Ignacio Burguete tiene 69 años y lleva nada menos que 54 trabajando en la tienda que abrió su abuelo.
José Ignacio Burguete Ollo cerró este sábado 25 de abril para siempre la carnicería en la que ha trabajado desde que era un adolescente. Con su jubilación se pone fin a un negocio familiar que abrió su abuelo, continuó su padre y que él ha mantenido durante décadas al frente del mostrador en un pueblo de Navarra.
El establecimiento está en Lumbier, una localidad situada a 15 kilómetros de Sangüesa y a poco más de media hora de Pamplona. Dentro del local ya han colocado un pequeño cartel para comunicar el adiós definitivo. En él puede leerse: “Cierre por jubilación. Este negocio se cerrará definitivamente el sábado 25 de abril. Gracias a todos nuestros clientes por su confianza durante estos años”.
A sus 69 años, José Ignacio habla del cierre con emoción contenida y también con la sensación de haber intentado hasta el final que el negocio siguiera vivo. “En octubre cumplo 70 años. Este local es prácticamente nuevo. Tiene solo 13 años funcionando desde la última remodelación y desde hace cuatro años quiero hacer relevo, pero no ha sido posible con mucha pena. No he podido. Lo he intentado traspasar y al final una pareja de Lumbier se ha animado y va a poner un supermercado. Algo es algo y el pueblo al menos se queda con un servicio”, relata.
El carnicero explica que en esta etapa final ha trabajado junto a su hermana, María Jesús, que lleva cuatro años con él, y con un empleado, Óscar, que suma ya 35 años en la empresa. También deja claro que no ha habido continuidad familiar. “Tengo dos hijos mayores que no han querido seguir, como otros muchos. Con mucho más que pena. Satisfecho de que por lo menos no se cierra la puerta, aunque sea un servicio diferente que también tendrá carne”, señala.
La historia de esta carnicería familiar se remonta varias generaciones atrás. José Ignacio Burguete recuerda que es la tercera generación de su familia dedicada a este negocio. Su abuelo, Juan Burguete, tuvo un servicio de abastos del ayuntamiento, y después continuó su padre, Román Burguete Zazpe, con quien él empezó a trabajar siendo muy joven.
“Yo soy tercera generación de la familia en la carnicería. Mi abuelo Juan Burguete tenía un servicio de abastos del ayuntamiento y luego lo siguió mi padre, Román Burguete Zazpe, con el que yo empecé desde los 15 años, en 1972. Al final, son 54 años en el oficio y ahí se queda”, recuerda. También repasa los cambios del negocio a lo largo del tiempo: “En 1978 pasamos a casa de mi madre, a un bajo donde habilitamos la carnicería, y en 2012 la trasladé a este local y lo pusimos muy guapo”.
Pese a la tristeza por el cierre, el balance que hace de toda una vida en el oficio es bueno. “Las circunstancias me metieron en este oficio, he estado muy a gusto. Estoy satisfecho. El oficio me ha gustado. Es lo que quería hacer, aunque me lo pensé al principio. Cogí el relevo o el testigo y peleando, eran otros tiempos”, afirma.
Su familia ha estado estrechamente ligada al sector. “Venimos de una familia donde somos ocho hermanos y seis hemos sido carniceros. Algo que es impensable ahora. El sector está en decadencia. Y ahora, con pena”, lamenta, al tiempo que describe un panorama complicado para los pequeños negocios de alimentación tradicionales.
Aun así, defiende que este trabajo sigue siendo una forma digna de ganarse la vida. “Se puede vivir de este oficio. Hemos sacado una familia larga adelante y tengo dos empleados. Si lo coges con ganas y con esfuerzo y peleando, haciendo las cosas lo mejor que se pueda, estoy convencido. Que hay problemas, en todos los sitios, pero adaptándonos a la realidad se puede. A mí me ha sido positivo económicamente, sin grandes lujos”, sostiene.
Por eso insiste en que el cierre no responde a la falta de rentabilidad, sino a la imposibilidad de encontrar relevo. “Yo les digo que tengo la misma pena que ellos y un poquito más. No me imaginaba que hace 15 años iba a cambiar esto tanto, pero aun y todo esta tienda es rentable y se puede hacer rentable”, subraya.
La despedida también ha removido al pueblo. Según cuenta, muchos vecinos entienden que haya llegado el momento de jubilarse, pero sienten tristeza por perder un comercio de los de siempre. “Nosotros con pena por cerrar y la gente del pueblo también. Los clientes entienden que me jubile, pero con pena de que se cierre la tienda, aunque siga abierta con otra actividad comercial. Este oficio tiene grandes problemas para continuar”, advierte.
Ahora afronta una etapa completamente distinta, lejos de una rutina que le ha acompañado durante más de medio siglo. “Yo me jubilo del todo, estoy con jubilación activa, y a disfrutar un poco. Tengo que aprender a vivir sin trabajar. Más relajado, de otra manera. Haremos un poco de todo”, reconoce emocionado.
El cariño de la clientela también ha quedado reflejado en las reseñas que ha recibido la carnicería en redes sociales. Una de ellas resume bien la imagen que deja el negocio entre quienes han pasado por allí: “Hemos pasado unos días en Lumbier y hemos comprado unas chuletas de riñonada aconsejados por la persona que nos atendió. Tengo que decir que han sido impresionantes. Tiernas no, lo siguiente y el corte perfecto para hacerlas a la brasa. También compramos chistorra, hamburguesas, secreto ibérico, queso, salchichón y chorizo. Todo buenísimo”, aseguran.