Cristina, en su tienda de alimentación en Pamplona por sus seis hijos: “Hay que seguir luchando por ellos”
Cristina Toledo Franco está sacando adelante una vida de esfuerzo en Pamplona, donde trabaja desde hace siete años en una pequeña tienda de alimentación mientras cuida de sus seis hijos navarros junto a su marido.
El establecimiento se llama Maite y hermanos y está situado en la calle Río Irati 10, en pleno barrio de la Milagrosa. Muy cerca de la tienda Dulces Lokuras o de la taberna Albeniz. El nombre de la tienda tiene mucho que ver con su familia: Maite es su única hija y sus cinco hermanos completan una casa con ocho miembros.
Cristina nació en Bolivia, pero lleva casi 23 años viviendo en la capital navarra. Llegó muy joven con 19 años, animada por su hermana, aunque en aquel momento estudiaba secretariado en su país y no tenía claro que quisiera marcharse.
“Yo no quería porque estudiaba secretariado en Bolivia, pero mi padre me dijo que tenía que venir y le obedecí”, recuerda. No pudo terminar aquella carrera, pero en Pamplona ha formado su familia y ha construido su propio camino.
Su vida familiar está marcada por sus seis hijos, todos nacidos aquí: Boris, de 19 años; Dilan, de 17; Maite, de 13; Antoni, de 12; Liam, de seis; y David, de dos años. “Son cinco chicos y una chica”, explica Cristina.
La oportunidad de abrir la tienda surgió porque ya tenían el local. Su marido, Boris, lo utilizaba como trastero por su trabajo en la construcción, pero Cristina buscaba una forma de trabajar sin dejar de atender a sus hijos cuando surgía cualquier problema.
“Yo trabajaba, pero el tema de los niños lo llevaba mal porque a veces se ponían malitos y no podía atenderlos. Por eso pensé en abrir una tienda”, cuenta. Aquella decisión le permitió estar cerca de casa y organizarse mejor.
El día a día, sin embargo, no es sencillo. Cristina abre de lunes a domingo, cierra al mediodía, prepara la comida para los hijos que vuelven a casa y después va a buscar a los dos pequeños a la guardería. “Es un trabajo de echar muchas horas”, reconoce.
Aun así, asegura que se puede salir adelante con esfuerzo. “Cuesta, pero se puede. Es muy duro porque yo también llevo la casa sola”, señala con una sonrisa. Su marido le ayuda cuando puede, aunque trabaja durante todo el día.
Cristina encuentra fuerzas en su fe y en sus hijos. “Hay que seguir luchando por ellos. Es complicado, pero se puede”, afirma. También reconoce que su fe y confianza en Jesús le ayuda en los momentos en los que siente que no puede más.
En la tienda ofrece productos de alimentación de todo tipo: fruta, pan, prensa, bebidas, chucherías, vinos, cervezas, leche, huevos, magdalenas, pescado congelado, patatas fritas o cacahuetes. Un pequeño ultramarinos de barrio que mantiene clientes fieles desde sus primeros años.
Por ahora, Cristina no se plantea volver a Bolivia. Sus hijos son pequeños, han nacido en Navarra y la vida de toda la familia está en Pamplona. “Somos ocho en casa y son ocho pasajes, que es mucho dinero”, explica una mujer que ha hecho de su tienda una forma de trabajar, cuidar y seguir adelante.