Comercio Local

Fernando, el portugués que se gana la vida vendiendo comida por las fiestas de los pueblos de Navarra

Fernando Conceiçao en su camión de venta ambulante de comida. Navarra.com
Pese al cansancio, los desplazamientos y las noches prácticamente sin descanso, no se plantea abandonar por ahora esta forma de vida.

Fernando Conceiçao conoce bien lo que significa ganarse la vida recorriendo las fiestas de los pueblos de Navarra. Tiene 41 años, es portugués y desde hace dos veranos trabaja al frente de un camión ambulante con el que vende perritos calientes, hamburguesas, bocadillos, gofres, patatas fritas y otras comidas hasta bien entrada la madrugada.

Su negocio se llama Café Bar Leis y durante los meses de verano prácticamente no para. Fernando vive en la localidad navarra de Azagra, pero cuando llega la temporada de fiestas carga el vehículo y comienza una ruta que le lleva por diferentes localidades navarras, especialmente por pueblos de la Ribera y de la Zona Media.

La jornada no es precisamente corta. Habitualmente comienza a trabajar por la tarde y continúa durante buena parte de la noche. Cuando termina, cierra el camión ambulante y lo deja estacionado en el pueblo que está celebrando sus fiestas. Después, se sube a la furgoneta y regresa hasta Azagra para dormir en casa.

Al día siguiente vuelve a hacer el mismo camino. Kilómetros, muchas horas de pie y jornadas que se alargan hasta la madrugada forman parte de una profesión que Fernando conoce bien y que ha terminado convirtiéndose en su forma de vida.

Me quedé sin trabajo y me dediqué a esto. Ya vivía en Navarra, en Azagra. Todo el verano voy por los pueblos y muy bien. Es rentable, da para comer y para ganarse la vida”, explica el propietario del establecimiento ambulante.

Antes de iniciar esta aventura, Fernando había trabajado como conductor de camión. La pérdida de su empleo le obligó a buscar una alternativa y terminó recuperando una actividad que, en cierto modo, ya conocía desde pequeño. “Mi padre también hacía estas cosas. Me viene de familia”, asegura.

Fernando llegó a Navarra buscando trabajo y terminó asentándose en Azagra. Ahora reconoce que está satisfecho con el cambio que ha dado su vida profesional. “Antes era chófer de camión, pero me quedé sin trabajo y mira. Estoy contento”, señala.

En su camión prepara prácticamente de todo. “Vendemos hamburguesas, kebab, crepes, perritos calientes, de todo”, explica. A la oferta se suman gofres, bocadillos, patatas fritas, salchipapas, cafés helados y bebidas frías, especialmente demandadas durante las noches de verano.

El puesto ambulante Café bar Leis de Fernando Conceiçao. Navarra.com

No está solo en esta aventura. Junto a él trabaja su mujer, Sonia, de 31 años, con la que comparte las largas jornadas detrás del mostrador. La pareja tiene además una hija pequeña, por lo que regresar cada noche a Azagra supone un esfuerzo añadido, pero también les permite mantener cierta normalidad familiar durante los meses más intensos.

El recorrido del Café Bar Leis cambia en función de las fiestas y, sobre todo, de las autorizaciones municipales. “Depende de los permisos que dé cada ayuntamiento. En unos sitios dejan y en otros no”, explica Fernando. En algunas localidades deben pagar una tasa municipal y contratar también el suministro eléctrico necesario para trabajar.

En algunos pueblos pagamos una tasa de 48 euros y aparte la corriente de luz. Llamamos para que nos conecten la electricidad”, señala. Cuando consiguen instalarse, lo habitual es permanecer durante todos los días que duran las fiestas antes de recoger el negocio y poner rumbo al siguiente destino.

Entre las localidades que visita habitualmente se encuentran Azagra, Caparroso o Murieta, aunque su ruta cambia cada verano. “Me muevo más por la zona de la Ribera. Sale rentable la cosa”, asegura. La respuesta de los clientes, añade, ha sido buena y cada verano vuelve a encontrarse con muchas personas que ya conocen su puesto.

Pese al cansancio, los desplazamientos y las noches prácticamente sin descanso, Fernando no se plantea abandonar por ahora esta forma de vida. “Este tipo de vida me gusta. Lo recomiendo”, afirma. Durante unas semanas, las fiestas de Navarra se convierten en su lugar de trabajo y la carretera en el camino diario para sacar adelante a su familia con su pequeño negocio ambulante.