Comercio Local

Carmen, la frutera que lleva 26 años alimentando al barrio de San Juan: "Más de una vecina se acordará"

Carmen y Verónica en la frutería Vanesa en la calle Monasterio de Irache 21 de Pamplona. Navarra.com
Llegó de República Dominicana hace casi tres décadas y hoy limpia a mano las alcachofas de Tudela para sus vecinos: Carmen Luisa González encara su recta final antes de la jubilación.

Carmen Luisa González González lleva media vida con el delantal puesto en Navarra. A sus 64 años, esta vecina llegada desde República Dominicana ha convertido la constancia en rutina: abrir, colocar género, atender con una sonrisa y volver a empezar al día siguiente. No habla de épica, pero su historia la tiene. Ella misma resume el tiempo que lleva al pie del cañón con una frase muy suya: “26 años para 27”.

Ese trabajo diario tiene un escenario claro: la Frutería Vanesa, en el barrio de San Juan. El local está en la calle Monasterio de Irache 21, en Pamplona, y queda muy cerca de otros comercios de la zona como Pinturas Echávarri o la Plataforma del Estudiante.

Antes de levantar su propio negocio, Carmen ya venía curtida. “Antes estuvimos trabajando seis años en un supermercado muy cerca”, recuerda. Después llegó el salto a la frutería, que bautizó con el nombre de su hija Vanesa, aunque ahora ella no está en la ciudad: “Vive en Madrid y trabaja en la CUN”, cuenta su madre.

El camino, dice, no fue de los de alfombra roja. “No fui la primera en llegar de mi país pero un poco sí”, comenta, al hablar de aquellos comienzos en Pamplona. Con los años, la tienda se ha convertido en un punto de encuentro del barrio, pero la trastienda del comercio también tiene su parte dura, la que no se ve desde la acera.

Carmen no disimula cuando habla de cómo está el pequeño comercio. “No nos va bien a nadie. Está todo fastidiado”, sostiene. Aun así, se pone firme: “Hay que seguir para adelante hasta jubilarnos”. En su caso, el calendario está marcado: “Me quedan tres años y medio”, señala.

Las cuentas, explica, salen justas. “Esto da para sobrevivir. Dinero no se gana. Hay más gasto que otra cosa. Muchos impuestos”, enumera. Y ahí aparece el motor que lo sostiene todo: la familia. “Si no está la familia conmigo habría cerrado hace tiempo”, admite. Durante una etapa intentaron ampliar manos con una empleada, pero no fue posible mantenerlo: “Tuvimos una chica empleada y no nos llegaba. La tuvimos que despachar”.

Ahora Carmen trabaja con sus hijas y se le nota el orgullo cuando las menciona: “La verdad que contenta con ellas”. También reconoce que el futuro de la frutería no está escrito. “No sé si cerraremos el chiringuito, depende de si siguen las hijas. Está incierto".

"El futuro lo dirá”, deja caer, con esa mezcla de prudencia y realidad que da el oficio. Y, entre líneas, suelta una frase que suena a despedida cuando llegue el día: “Más de una vecina se acordará”.

Dentro de la tienda hay “de todo un poco”, pero hay productos que mandan en el día a día. “Lo que más vende son las naranjas, mandarinas, y la verdura limpia”, explica. Esa verdura, subraya, no viene lista de fábrica: “La limpiamos nosotras como la alcachofa de Tudela”.

El esfuerzo se nota también en lo que dicen quienes pasan por allí a comprar. En redes sociales, las reseñas son especialmente cariñosas con Carmen y con el género. Un cliente destaca: “Excelente trato y producto fresco calidad precio muy bien”. Otro lo resume con afecto: “Carmen es encantadora, la queremos. Tienda de barrio, cercana y con Productos ricos, recomiendo sin duda!!”.

También se repite la idea de la calidad y la atención: “Gran frutería con muy buen producto y muy buena atención”, escribe otra persona. Y un cuarto comentario lo deja claro: “Es mi tienda de referencia para comprar fruta y verdura de calidad”.