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Guillén, el navarro experto en mantenimiento que cambia de empresa: "Ahora la furgoneta es mi taller"

Guillén Araiz Asiáin junto a su furgoneta de trabajo. Foto Teder.
Electromecánico de formación, ha convertido su experiencia en mantenimiento e ingeniería de producción en un servicio especializado para viviendas, empresas, granjas y fábricas.

Después de 24 años trabajando en BSH Electrodomésticos, el navarro Guillén Araiz Asiáin necesitaba un cambio. Lo ha encontrado en el pueblo de Ayegui, una localidad de la zona de Navarra denominada Tierra Estella, con herramientas, motores, placas electrónicas y una furgoneta que se ha convertido en mucho más que un vehículo.

Electromecánico de formación, ha pasado buena parte de su trayectoria profesional entre el mantenimiento y la ingeniería de producción, participando en nuevas instalaciones, maquinaria, diseños y puestas en marcha. También ha coordinado un pequeño equipo de mecánicos. Ahora esa experiencia acumulada está detrás de su apuesta por el autoempleo.

El cansancio de los desplazamientos hasta Pamplona y de la dinámica de una gran multinacional acabó pesando. Al mismo tiempo, las conversaciones con personas relacionadas con talleres de la zona le hicieron detectar algo que podía convertirse en una oportunidad: faltaban profesionales cualificados en determinados sectores.

Empezó entonces a investigar las posibilidades de las automatizaciones. Allí encontró precisamente la combinación que buscaba, porque podía unir dos mundos que conocía y le gustaban: el montaje mecánico y la electrónica. Poco a poco, aquella idea empezó a convertirse en su nuevo oficio.

De BSH a reparar puertas en Tierra Estella

El proyecto de Guillén está especializado en el montaje, automatización y mantenimiento de puertas. Trabaja tanto con instalaciones nuevas como con averías y reparaciones de puertas seccionales, correderas, batientes o basculantes.

Los problemas con los que se encuentra pueden ser muy distintos. Un motor que deja de funcionar, una placa electrónica averiada, una sirga rota o un muelle pueden ser suficientes para dejar inutilizada una puerta y provocar un problema inmediato al propietario.

Su objetivo en esos casos es claro: encontrar una solución lo más rápida y eficiente posible. Su radio principal de trabajo se encuentra en Tierra Estella, aunque también se desplaza a otros puntos cuando algún cliente necesita sus servicios.

Pero Guillén quiere que su proyecto se distinga por algo más que reparar una avería. Después de más de dos décadas trabajando en mantenimiento, reivindica una manera muy concreta de hacer las cosas: metodología, orden y calidad.

"Cuando voy a una instalación intento dejarlo todo bien ejecutado y documentado", explica. La idea es sencilla: que cualquier profesional que tenga que intervenir posteriormente pueda saber qué se ha hecho y entender el funcionamiento de la instalación sin empezar prácticamente desde cero.

"Hacer las cosas con cariño, con criterio"

Su experiencia le ha permitido comprobar las consecuencias de trabajar sin orden. Guillén recuerda haberse encontrado instalaciones con cables del mismo color y sin ningún criterio, hasta el punto de necesitar 40 minutos únicamente para averiguar qué correspondía a cada elemento.

Ese tiempo, subraya, no soluciona la avería ni aporta valor al cliente. Y, sin embargo, termina repercutiendo en la reparación. De ahí que su filosofía profesional esté muy alejada de terminar un trabajo deprisa a cualquier precio.

"Mi filosofía es no correr por correr: hacer las cosas con cariño, con criterio y sabiendo por qué las haces", resume Guillén. Una manera de trabajar que conecta directamente con los conocimientos acumulados durante sus 24 años de trayectoria profesional.

Esa experiencia también condiciona su visión sobre herramientas que han irrumpido con fuerza en numerosos oficios. Entre ellas, la inteligencia artificial, a la que considera útil siempre que detrás exista una persona capaz de valorar correctamente sus respuestas.

"La tecnología y la inteligencia artificial son herramientas muy potentes, pero hay que saber utilizarlas", sostiene. En una placa electrónica, por ejemplo, una herramienta puede equivocarse al identificar un componente o al proponer un procedimiento.

Y cuando entra en juego la seguridad, considera que ese criterio resulta todavía más importante. "La tecnología ayuda al profesional, pero no sustituye su criterio y experiencia", recalca.

Una furgoneta convertida en taller móvil

Buena parte de sus clientes son particulares, especialmente propietarios de viviendas, garajes y casas unifamiliares. También atiende a empresas, granjas, fábricas y muelles de carga, donde una avería puede alterar directamente la actividad diaria.

Guillén dispone de un pequeño almacén con repuestos, motores y componentes, pero su verdadera base de operaciones se mueve con él. "La furgoneta es mi taller móvil", explica.

Intenta llevar en ella todo aquello que pueda necesitar durante una intervención. El objetivo es evitar desplazamientos innecesarios y resolver cada incidencia con la mayor autonomía posible, algo especialmente importante cuando toca recorrer diferentes localidades de Tierra Estella.

Porque trabajar en un entorno rural tiene dos caras. Por un lado está una cercanía con el cliente que Guillén valora especialmente. "En los pueblos nos conocemos", señala sobre unas relaciones en las que no es extraño acabar encontrando amigos o conocidos comunes durante una conversación.

Por otro están las distancias. Una urgencia puede obligarle a desplazarse de una localidad a otra situada a muchos kilómetros, de manera que planificar correctamente las rutas resulta fundamental. Aunque no siempre es posible: cuando surge una urgencia, manda la avería.

La llamada de las seis de la mañana

Precisamente algunas de esas urgencias están dejando los momentos que más valora desde que ha iniciado su nueva etapa. Una de ellas llegó especialmente pronto: a las seis de la mañana. Una persona no podía sacar el coche y necesitaba ir a trabajar. Le llamó, Guillén se levantó, acudió hasta allí y consiguió solucionar el problema.

Ese tipo de situaciones resume para él una de las mayores satisfacciones de haber emprendido. No se trata únicamente de organizarse por su cuenta o de tomar sus propias decisiones, sino de comprobar de manera inmediata el efecto de su trabajo. "Ese agradecimiento tiene muchísimo valor", reconoce.

El reto ahora está en darse a conocer y hacerse un hueco en el sector. Guillén sabe que la confianza no llega de un día para otro y apuesta por construirla intervención a intervención, demostrando qué puede aportar a cada cliente.

Su propuesta se apoya precisamente en cuatro aspectos: experiencia, conocimiento técnico, orden y atención cercana. Después de 24 años dentro de una gran empresa, ahora cada reparación también contribuye a construir su propio proyecto.

El apoyo de TEDER en el salto al autoempleo

En ese cambio profesional ha contado además con el respaldo de TEDER, cuyo acompañamiento destaca especialmente por haberle permitido centrarse en aquello que domina: la parte técnica.

"No es simplemente que me hayan ayudado, es que me han acompañado durante todo el proceso", asegura. Mientras ponía en marcha la actividad, tenía que enfrentarse también a cuestiones administrativas, documentación y posibles ayudas para las que no disponía del mismo conocimiento ni del tiempo necesario.

Ahí ha entrado TEDER. "Tener a TEDER ahí ha sido un alivio enorme", explica Guillén, que ha podido dedicar sus esfuerzos a organizar su nuevo trabajo mientras recibía apoyo en otras gestiones necesarias para arrancar.

Su prioridad en esta primera etapa es ahora estabilizar la actividad. Hay jornadas en las que las horas no alcanzan y otras con una carga menor, una irregularidad habitual al comenzar un proyecto y darse a conocer entre los potenciales clientes.

Guillén aspira a alcanzar un volumen de trabajo que le permita repartir mejor esa actividad y consolidar su proyecto en Ayegui y Tierra Estella. Lo hace después de cambiar los desplazamientos diarios y la dinámica de una multinacional por otra rutina muy distinta: subirse a una furgoneta cargada de herramientas y salir hacia la siguiente puerta que necesita volver a funcionar.