Comercio Local

Isabel, la pamplonesa que sigue al frente de su tienda con casi 80 años: “No me quiero jubilar”

Isabel Jara en su tienda Chantal en la calle Amaya 17 de Pamplona. Navarra.com
"Sigo activa y a gusto. Aparte de vendedora soy esteticista y asesora de imagen. Aquí estoy contenta y en lo que me gusta", señala.

Isabel Jara Arozarena se acerca a los 80 años, acumula 53 años de trabajo a sus espaldas y sigue levantando cada día la persiana de su negocio en Pamplona. Lo hace sin grandes discursos, con la naturalidad de quien lleva media vida dedicada al comercio y tiene claro que todavía no ha llegado su momento de parar. “Tengo la edad pasada de jubilación, pero no me quiero jubilar”, afirma.

La protagonista de esta historia está al frente de Chantal, una tienda situada en la calle Amaya 17, en pleno segundo Ensanche de la ciudad. El establecimiento, dedicado a la cosmética, la perfumería, la ropa de mujer y los complementos.

La tienda se encuentra además muy cerca de otros comercios conocidos de la zona, como la ferretería Estrella, donde ha habido relevo familiar hace unos meses, o Aremar, especializada en lencería y paraguería.

Pero la historia de Isabel y su tienda no empezó ahí. Abrió sus puertas en 1972 en la plaza del Monasterio de Iranzu, en el barrio de San Juan, y no fue hasta 2011 cuando trasladó el negocio a su ubicación actual por motivos personales. Desde entonces, ha seguido fiel a una forma de trabajar muy suya, basada en la atención cercana, el trato directo y una selección de productos poco masificada.

“Llevo 53 años en la tienda. Sigo activa y a gusto. Aparte de vendedora soy esteticista y asesora de imagen. Aquí estoy contenta y en lo que me gusta. Siempre hay que reciclarse y estar al día”, explica. En pocas frases resume una trayectoria larguísima en la que no solo ha vendido productos, sino que también ha aconsejado, orientado y acompañado a varias generaciones de clientas.

Su forma de hablar del negocio no tiene adornos ni dramatismos. Isabel reconoce que, como cualquier pequeño comercio, ha atravesado épocas mejores y peores. “Como todo establecimiento tengo buenos y malos momentos. Ahora no son especialmente buenos. Dejémoslos en buenos justos. Me da para vivir y un poco más porque si no cerraría”, admite con franqueza.

La comerciante trabaja sola y, por ahora, no hay relevo. “Los hijos están a lo suyo, pero yo sigo hasta que yo quiera o hasta que Dios quiera”, comenta. Lo dice además con una mezcla de ironía y sentido práctico que encaja perfectamente con su manera de estar detrás del mostrador. “Tengo muchos años. Más de 70 y estoy bien con el ritmo de trabajo que se necesita para trabajar mañana y tarde. No te daría el cuerpo si no estarías bien, más luego hacer las cosas de casa porque no tengo doncella”, señala.

En Chantal no hay grandes cantidades ni colecciones repetidas hasta el infinito. Su propuesta va justo en la dirección contraria. Isabel cuenta que vende “cosmética de profesional de la estética”, además de “complementos varios para ceremonia, bautizos, carteras de ceremonia” y algo de ropa muy concreta. “Un poco de ropa como chaquetones, pero no repito las prendas. Tengo una o dos y no repito. No quiero que sea algo masificado”, precisa.

Ese gusto por lo singular también marca el resto de su oferta. “Un poco de perfumería, que la toco muy poco con marcas muy conocidas. El fuerte mío es la cosmética y la ropa puntual y luego chales de ceremonia y bisutería, relojes y cosas muy puntuales”, detalla. Más que llenar estanterías, lo suyo siempre ha sido seleccionar bien, recomendar con criterio y ofrecer artículos que no se encuentren en cualquier sitio.

Esa manera de trabajar ha hecho que muchas clientas la sigan desde hace décadas. Algunas ya la conocían en su etapa de San Juan y continúan acudiendo a verla a la calle Amaya. Otras reaparecen después de años y ella las reconoce enseguida. “Algunas casualmente las atendía en San Juan y te siguen. Hay veces que viene gente que hace 10 o 12 años que no me ha visto. Las conozco a todas, no los nombres, pero las conozco por las caras, e incluso por el tono de voz”, relata.

Entre todos los recuerdos que guarda de su trayectoria, hay uno que menciona con especial orgullo. Desde aquel gabinete que tenía en San Juan, fue una de las primeras en abrir camino a un hábito que hoy ya parece de lo más normal. “Fui una de las pioneras en introducir a los hombres en el cuidado de la piel y en venderles las primeras cremas”, recuerda.

La valoración de quienes entran en la tienda también respalda esa imagen de profesionalidad y trato cercano. Una reseña en redes sociales destaca: “Descubrí esta tienda por casualidad y me encantó la profesionalidad de la persona que la atendía. Buscaba algo diferente para una boda y todo lo que me ofrecieron me pareció especial. Recomendaría sin duda este lugar si buscas algo original y con estilo”.

Otra clienta pone el foco en su forma de aconsejar: “Si buscas una prenda o artículo especial de moda femenina para no cansarte nunca, este es tu sitio. Lo más importante: escucha a Isabel. Te va a enseñar a combinarte de película. Agradezco su maravilloso trato, buen gusto e inolvidables consejos”.