Comercio Local

Llegó a Pamplona a estudiar psicología y lleva 20 años vendiendo tortillas de patata: "No me arrepiento"

Lucía muestra sus tortillas de patata en El café de Pio en Pamplona. Navarra.com
“A partir de septiembre volvemos a la rutina gracias a los estudiantes, que llenan el bar y la terraza”, explica Lucía. 

Lucía Silva Pintos lleva casi dos décadas detrás de la barra de El Café de Pío, un establecimiento muy conocido en Pamplona y al que muchos clientes siguen llamando El Cañas. Paraguaya de nacimiento y pamplonesa de adopción, a sus 44 años se ha convertido en una de las caras más reconocibles del local gracias a su carácter cercano y a una sonrisa que, aseguran sus clientes, nunca pierde.

El establecimiento se encuentra en el número 30 de la avenida de Pío XII de Pamplona, frente al Hotel Blanca de Navarra y muy cerca de la Clínica Universidad de Navarra. Lucía trabaja allí junto a su marido, David Parra, y un empleado. “Tengo dos chicos que son maravillosos”, asegura sobre sus compañeros.

Si hay algo que ha dado fama al establecimiento es su tortilla de patata. “Es nuestro plato estrella. Es con lo que más triunfamos”, explica Lucía. La tortilla se ha convertido hasta tal punto en una seña de identidad del negocio que el bar vende camisetas con un dibujo dedicado a ella.

La jornada comienza pronto. Cuando el local levanta la persiana, a las 10 de la mañana, ya hay cuatro tortillas preparadas para recibir a los primeros clientes. El establecimiento permanece abierto de forma ininterrumpida durante todos los días de la semana.

Uno de sus productos más populares es la tortilla para compartir. Una tortilla grande acompañada de cuatro cañas o aguas y pan cuesta 14 euros. Una fórmula sencilla que ha permitido al establecimiento ganarse durante años a estudiantes, trabajadores de la zona y vecinos.

Precisamente, los estudiantes tienen un peso especial en el día a día del negocio. “A partir de septiembre volvemos a la rutina gracias a los estudiantes, que llenan el bar y la terraza”, explica Lucía. Entre semana es cuando registran mayor actividad, mientras que los fines de semana el ritmo suele ser más tranquilo.

El local también presume de haber tenido un papel destacado en el nacimiento del popular Juevincho de Pamplona. “Creemos que empezó aquí, en este bar. Éramos el único bar”, recuerda Lucía. El conocido concepto de El Cañas surgió, según explica, a raíz de una etapa complicada en la que decidieron ajustar los precios para hacerlos más asequibles.

“Había que rebajar precios e hicimos un precio que pudiera pagar todo el mundo”, señala. Aquella fórmula terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad de un establecimiento que ha conseguido mantenerse durante años en una zona con una intensa actividad hostelera.

La historia de Lucía en Pamplona comenzó, sin embargo, muy lejos de la hostelería. Llegó desde Paraguay para estudiar Psicología, pero su vida cambió cuando conoció a quien acabaría convirtiéndose en su marido. “Conocí a David trabajando juntos y aquí estamos”, recuerda.

David Parra, bilbaíno y antiguo jefe de cocina, terminó emprendiendo junto a ella una aventura que Lucía no cambiaría. “No me arrepiento porque tengo un negocio que me va de maravilla”, asegura.

La pareja tiene un hijo de seis años, Garikoitz, y Lucía reconoce que después de tantos años su vínculo con Pamplona es total. “Me siento como una más de Pamplona. Voy a Paraguay y enseguida quiero volver”, afirma. Su familia continúa viviendo en su país natal, pero ella ha encontrado en la capital navarra su hogar.

“De Pamplona me gusta todo: el verde, la gente, los Sanfermines y la comida”, enumera. Y en la ciudad muchos clientes parecen haberle devuelto ese cariño. “Me llaman la mujer de la eterna sonrisa porque dicen que me río mucho”, cuenta.

Las reseñas que recibe el establecimiento en internet reflejan especialmente ese trato. Una clienta ha destacado que “el servicio es de 10” y define a Lucía como “un encanto”, además de elogiar la comida y sus precios asequibles.

Otra reseña pone también el foco en ella: “Súper atenta, amable, rápida y siempre con una sonrisa”. Un reconocimiento que resume bien estos casi 20 años detrás de la barra, sirviendo tortillas, cañas y bocadillos mientras Lucía sigue haciendo aquello por lo que tantos clientes la conocen: repartir sonrisas en Pamplona.