La mexicana que ha salvado una mercería histórica de Navarra tras conocer a su pareja por internet
Angélica Martínez Ibarra ha tomado el relevo de una de las últimas mercerías de un pueblo de Navarra después de que su anterior propietaria se haya jubilado tras más de tres décadas al frente del negocio. La tienda, que abrió sus puertas en 1990, continúa ahora su actividad en manos de una mujer mexicana que llegó a Pamplona por una historia de amor.
La Mercería Dabea, situada en la avenida de los Rascacielos 21 bajo de Barañáin, a solo dos kilómetros de Pamplona, ha conseguido mantener la persiana levantada gracias al traspaso realizado por Conchi Garrón Ciriza, su fundadora. El comercio se encuentra muy cerca de la ferretería Mendive y forma parte de esos pequeños negocios de barrio que todavía resisten en la vida diaria de los vecinos.
Angélica Martínez Ibarra tiene 54 años y lleva casi siete viviendo en Pamplona. En la tienda ha cumplido ya dos años. “La experiencia es muy buena. La gente me ha recibido muy bien”, ha explicado sobre esta nueva etapa en la que ha pasado de no tener experiencia en ventas a encargarse sola de un comercio con mucha historia detrás.
La anterior propietaria, Conchi Garrón, cerró por jubilación después de 33 años y Angélica asumió el local por traspaso. El cambio fue progresivo. Conchi estuvo con ella un mes antes y otro mes después de la operación, algo que facilitó mucho el proceso. “Eso facilitó las cosas porque yo no tenía experiencia en ventas, pero me han acogido fenomenal”, ha señalado Angélica.
Ahora trabaja sola en la mercería de Barañáin, donde vende un poco de todo: hilos, gomas, botones, pijamas para niños, bebés y adultos, corsetería, sujetadores, bragas y otros productos habituales de una tienda de este tipo. “Y tirando para delante”, ha resumido con naturalidad.
El negocio permite cubrir gastos, aunque de momento el margen es muy ajustado. “Da para pagar los gastos y muy justito”, ha reconocido. Aun así, Angélica quiere aguantar y consolidar el proyecto con el apoyo de su pareja, José Mari, navarro. “Esperaré un par de añitos. A mi edad aún me quedan unos 10 años y me encantaría jubilarme aquí”, ha afirmado.
Su llegada a Navarra tiene una historia personal detrás. Angélica nació en México y antes de instalarse en Pamplona trabajaba como funcionaria del Gobierno en su país. Su vida cambió por completo cuando conoció a su pareja a través de internet. Mantuvieron durante años una relación a distancia, con viajes de ida y vuelta, hasta que decidieron asentarse definitivamente en Navarra. “Vine por amor”, ha contado.
La pareja lleva ya 16 años de relación. Angélica tiene una hija, Andrea, de 33 años, fruto de una relación anterior y que vive actualmente en Madrid. En estos años solo ha regresado una vez a México capital, donde permanecen su madre y un hermano mayor. Su madre, sin embargo, sí ha podido visitarla en Pamplona en tres ocasiones.
La nueva vida en Navarra le ha convencido por completo. “Pamplona me encanta porque es tranquila, cómoda, te desplazas fácilmente y el entorno me encanta. Estoy fascinada aquí”, ha asegurado. También disfruta del campo y de los pueblos cercanos, una parte de Navarra que le ha llamado mucho la atención desde su llegada.
Antes de vivir aquí, conocía Pamplona por los Sanfermines. Cuando pudo disfrutarlos de cerca, le sorprendieron el ambiente, las tradiciones y la autenticidad de las fiestas. Le gusta ver a la gente vestida de blanco, las costumbres locales y celebraciones como el Olentzero, con los trajes tradicionales. En México, ha explicado, existe algún pueblo con encierros similares, aunque la gente no se viste de la misma manera.
El camino hasta la Mercería Dabea llegó a través de una amiga, que le recomendó hablar con Conchi Garrón. La conexión entre ambas fue buena desde el principio y eso abrió la puerta al traspaso del negocio. Para Angélica, ha sido una oportunidad laboral y también una forma de integrarse en la vida diaria de Barañáin.
Conchi Garrón Ciriza, pamplonesa que va a cumplir 67 años, recuerda con cariño sus años al frente de la tienda. “Estuve 33 años en la tienda. La abrí yo en 1990 y me jubilé cuando la traspasé a Angélica. La veo que se desenvuelve muy bien. El público está contento”, ha explicado.
La antigua propietaria no tuvo relevo familiar, ya que sus dos hijos trabajan en otros ámbitos. Por eso, el traspaso se convirtió en la mejor solución para que la mercería siguiera abierta. “Era una buena opción el traspaso y se consiguió. De hecho, vengo a hacerle visitas”, ha señalado.
Para Conchi, que el negocio continúe en marcha después de su jubilación tiene un valor especial. “Era importante para mí que siguiera abierto. Para mí es un orgullo. Ella está contenta y yo también”, ha destacado sobre el relevo de Angélica en una tienda que ha formado parte de la vida comercial de Barañáin durante más de tres décadas.