Comercio Local

La pareja que mantiene su humilde tienda de barrio de toda la vida: “Me piden hasta esmalte de uñas”

Enrique Blanco e Hilda Di Matteo en la tienda Txiki de Pamplona. Navarra.com
Abren todos los días de la semana, aunque descansan los miércoles por la tarde "porque no hay colegios", aseguran.

Enrique Blanco y Hilda Di Matteo mantienen abierta en Pamplona una de esas tiendas de barrio en las que todavía se puede encontrar casi de todo. Su pequeño comercio está situado en la calle Francisco Aleson 6 bajo de la capital navarra y se ha convertido en un punto de apoyo para vecinos, familias y estudiantes de los colegios cercanos.

La tienda Txiki está muy cerca de otros establecimientos de comercio local que han formado parte de esta sección. Su historia, sin embargo, viene de lejos. Según le han contado los vecinos, fue la primera tienda cuando se construyó el barrio de Ermitagaña.

La tienda funciona como librería papelería, pero también vende pan, bebidas, prensa, puzzles, chucherías, dulces, juegos y productos básicos que resuelven más de un apuro. Es uno de esos locales pequeños en tamaño, pero grandes en utilidad para la vida diaria del barrio.

“Venden pan, chucherías, algunos libros básicos de cuentos para los niños, paquetería, bebidas, juegos para chavales, ajedrez, damas, la prensa diaria, fotocopias… hasta me han pedido esmalte de uñas”, cuenta Enrique Blanco, que atiende el negocio junto a su esposa.

“Fue la primera tienda, según me cuentan los vecinos. La conocen todavía como la tienda de Mario, que fue el que la abrió. Nosotros llevamos casi siete años y estamos contentos porque nuestra familia está aquí”, explica Enrique.

Blanco tiene 70 años. Nació en Asturias, pero se crió en Venezuela, país de origen de su esposa, Hilda Di Matteo. Los dos han trabajado durante buena parte de su vida fuera de España y ahora afrontan una situación complicada para poder jubilarse.

“Hemos trabajado en Venezuela y no hemos cotizado aquí, y necesitas hacer un reinicio en el sistema laboral”, señala el propietario de esta pequeña tienda de Pamplona.

Aun así, Enrique reconoce que no tiene prisa por dejar el negocio. “No sé cuándo podré, pero no me quiero jubilar. No quiero dejar mi actividad. Me parece muy importante estar activo. Al revés que mi mujer, que tiene cuatro años menos y sí se quiere jubilar”, comenta.

La familia también ha encontrado en Pamplona un lugar importante. Uno de sus hijos hizo un posgrado en la Universidad de Navarra y su hija también estudió en la ciudad, aunque después se marchó a Málaga. “Tiene mejor clima”, bromea Enrique.

El día a día en la tienda Txiki está marcado por la cercanía con los vecinos y por los horarios del barrio. Abren todos los días, aunque descansan los miércoles por la tarde porque no hay colegios. También cierran los sábados y domingos por la tarde.

“El Viernes Santo descansamos entero, además del 1 de enero, el 25 de diciembre y no sé si hay alguno más”, explica Blanco sobre un calendario en el que apenas hay margen para parar.

Las vacaciones también se organizan en función del ritmo del barrio. Enrique e Hilda suelen tomarse unos días entre julio y agosto, cuando baja la actividad porque muchos vecinos se marchan. En esas fechas aprovechan para viajar a Estepona o a Llanes.

“En San Fermín la gente se va al centro de la ciudad”, apunta Enrique para explicar por qué esa época no es necesariamente la más fuerte para una tienda de estas características en Ermitagaña.

Durante la pandemia, incluso algunos juegos clásicos tuvieron más salida. “El ajedrez y las damas tuvieron un auge durante la pandemia”, recuerda Enrique sobre una etapa en la que muchos vecinos buscaban alternativas de entretenimiento en casa.

“Estamos contentos. No nos vamos a volver ricos, pero tenemos entretenimiento. Tienes la motivación de venir todos los días, que es muy importante. Es una responsabilidad que cumplir y la gente valora que estemos abiertos, o al menos nos lo dicen”, afirma.

El propietario cree que quedan pocos comercios con una oferta tan diversa en Ermitagaña. “Tiendas como estas, con tanta diversidad, creo que no hay en el barrio”, resume.

Esa impresión coincide con las reseñas de algunos clientes, que destacan la atención cercana de la pareja. Una de ellas subraya la utilidad del local para recoger paquetes y comprar material de papelería.

“Siempre que voy a esta papelería me atienden con muchísima amabilidad. Principalmente recojo allí paquetes y la atención es excelente, rápida y cercana. También he comprado material de papelería en alguna ocasión y todo perfecto. Muy recomendable, da gusto tener negocios así en el barrio”, ha señalado una clienta.

La tienda Txiki de Pamplona sigue así como uno de esos pequeños comercios que sostienen la vida cotidiana de un barrio: una librería papelería, una tienda de pan, un punto de paquetería, un kiosco de prensa y, sobre todo, un lugar donde los vecinos saben que todavía pueden pedir casi cualquier cosa.