Comercio Local

Patxi (56 años), en su puesto ambulante de ferretería y menaje por los mercadillos de Navarra: "Cuando lo deje yo, ya desaparece"

Patxi en su puesto de venta ambulante de ferretería y menaje en Barañáin. Navarra.com
Este vecino de Lodosa comenzó a trabajar con 19 años en el negocio familiar y sigue recorriendo seis mercadillos cada semana.

Entre sartenes, cuchillos, ollas, herramientas y pequeños utensilios para el hogar, hay un hombre que lleva prácticamente toda su vida detrás de un mostrador ambulante. Ha visto cambiar los hábitos de compra, ha recorrido miles de kilómetros y conoce como pocos el funcionamiento de los mercadillos de Navarra. Sin embargo, tiene claro que su negocio familiar no sobrevivirá a su jubilación.

Se llama Patxi Presentación Blanco, tiene 56 años, es natural de Lodosa y lleva 37 años trabajando en la venta ambulante. Comenzó con apenas 19 años, siguiendo los pasos de sus padres, y desde entonces no ha cambiado de oficio.

Su puesto es uno de los habituales del mercadillo de Barañáin, donde ofrece todo tipo de artículos de ferretería y menaje de cocina. Allí, rodeado de mercancía, habla con naturalidad de una profesión que le ha acompañado desde que era un chaval y que ahora afronta un futuro complicado.

"Uno coge un oficio y hasta que se jubila sigue en el mismo", comenta Patxi, sin dar demasiada importancia a las casi cuatro décadas que lleva trabajando entre mercadillos. Detrás de esa frase hay una historia familiar que comenzó mucho antes de que él se incorporase al negocio.

Leonor y Emeterio, los padres que comenzaron el negocio familiar

El origen de esta pequeña ferretería ambulante está en Leonor Blanco, la madre de Patxi, que puso en marcha el negocio familiar. Su padre, Emeterio Presentación, también estuvo vinculado a esta actividad, que terminó convirtiéndose en el medio de vida de su hijo.

Patxi recuerda que, cuando tenía 19 años, llegó el momento de tomar una decisión importante. Podía continuar estudiando o comenzar a trabajar, y eligió incorporarse al puesto de sus padres. "Tenía que decidir entre trabajar o seguir estudiando y decidí empezar a trabajar", explica. Aquella elección terminó marcando toda su trayectoria profesional.

Desde entonces, ha mantenido el mismo oficio durante 37 años, viajando de una localidad a otra y ofreciendo productos que forman parte de la vida cotidiana de muchas familias.

No se trata de un establecimiento fijo, sino de una tienda que se desmonta, se transporta y vuelve a instalarse en otro municipio. Una rutina que Patxi conoce perfectamente y que repite semana tras semana.

Seis mercadillos cada semana y cientos de kilómetros desde Lodosa

La jornada de este vendedor comienza en Lodosa, donde reside y desde donde se desplaza habitualmente a los distintos mercadillos en los que trabaja.

Su recorrido semanal incluye Arnedo, Barañáin, Tafalla, Nájera, Santo Domingo de la Calzada y Pamplona, aunque también menciona Lodosa entre las localidades en las que desarrolla su actividad. "Nosotros tenemos cada día de la semana un sitio. Tienes seis sitios donde vas todas las semanas a los mismos lados", explica mientras atiende su puesto.

En su calendario habitual figuran localidades de Navarra y La Rioja, lo que supone desplazamientos constantes para instalar el negocio y atender a los clientes.

Los lunes acude a Arnedo, mientras que los martes el mercadillo de Barañáin forma parte de su recorrido semanal. También trabaja en Tafalla, Nájera y Santo Domingo de la Calzada, y los domingos instala su puesto en el polígono de Landaben en Pamplona.

La actividad no termina cuando acaba la venta. Cada jornada implica preparar la mercancía, trasladarla y volver a recogerla para continuar al día siguiente. Y cuando se le pregunta por los descansos, su respuesta refleja la dedicación que exige esta profesión. "Ahora mismo, ningún día", asegura Patxi al explicar que trabaja durante toda la semana.

Cuchillos, sartenes, herramientas y todo lo necesario para la casa

Una de las particularidades del puesto de Patxi Presentación Blanco es la variedad de productos que ofrece. Su negocio funciona como una pequeña ferretería ambulante, pero también como una tienda de menaje y artículos para el hogar.

Entre sus productos pueden encontrarse tornillos, herramientas manuales, candados, cintas aislantes y brocas, además de otros accesorios destinados a pequeñas reparaciones y trabajos de bricolaje.

El apartado de cocina ocupa buena parte del puesto. Hay sartenes antiadherentes, cafeteras italianas, cuchillos, navajas, tarteras, ollas y diferentes utensilios para preparar alimentos.

También dispone de productos cotidianos como tendederos, pinzas, tijeras, pilas, bombillas LED y pequeños accesorios domésticos. La variedad permite que los clientes puedan acercarse buscando una sartén y terminar encontrando unas tijeras, un candado o cualquier otro objeto que necesiten para casa.

Cuando se le pregunta qué artículos tienen más salida, Patxi destaca especialmente los productos de cocina. "Pues igual lo que más se vende son cuchillos y sartenes. También tenemos ollas, tijeras, pinzas... Un poco de todo", explica.

Sin embargo, vender estos productos se ha convertido en una tarea cada vez más difícil. Y Patxi tiene bastante claro quién es ahora su principal competidor.

"Internet ha hecho mucho daño al comercio y a los mercadillos"

Después de 37 años detrás del puesto, Patxi ha sido testigo de una transformación profunda en los hábitos de consumo. Recuerda que hace 20 o 25 años comenzaron a ganar protagonismo los grandes centros comerciales, que supusieron una nueva competencia para los vendedores ambulantes y los pequeños establecimientos.

Pero considera que el verdadero cambio ha llegado con las compras por internet. "Cada vez se vende menos. Tenemos mucha competencia con internet", lamenta.

A su juicio, los centros comerciales perjudicaron al comercio tradicional, pero las plataformas de venta digital han provocado un impacto todavía mayor. "Hace 20 o 25 años empezaron los centros comerciales, pero eran una competencia menos fuerte que ahora internet", señala.

Patxi resume la situación con un ejemplo que cualquier consumidor puede reconocer. "Alguien necesita algo, coge el ordenador, pim, pam, y al día siguiente lo tiene en casa. No tiene ni que salir a comprar ni nada", explica. Esa facilidad para adquirir productos sin desplazarse ha cambiado completamente el panorama comercial.

"Internet ha hecho mucho daño al comercio, tanto a las tiendas como a nosotros, a los mercadillos", insiste. El vendedor reconoce que la situación económica de su actividad se ha ido complicando, pero tampoco contempla comenzar una nueva profesión después de tantos años.

"Esto es como el garrote vil, cada vez te aprietan un poquito más"

Patxi no disimula las dificultades que atraviesa la venta ambulante. Su experiencia le permite comparar la situación actual con la que encontró cuando comenzó a trabajar.

Y utiliza una expresión especialmente gráfica para explicar cómo siente que se va estrechando el margen de supervivencia de su negocio. "Esto es como el garrote vil. Cada vez te dan una vuelta de tuerca y aprietan un poquito más", afirma. Su comparación refleja el desgaste de una actividad que, según explica, ha perdido ventas con el paso de los años.

"Pero bueno, hasta que te mueres del todo, pues ahí andas sufriendo", añade con resignación. Pese a todo, no se plantea abandonar ahora el puesto para buscar otra ocupación. "Después del tiempo que llevo, como para cambiar de oficio. Aunque cada vez vayamos peor, tenemos que seguir", comenta.

También recurre a un conocido refrán para explicar por qué continúa trabajando en los mercadillos. "Más vale un negocio malo conocido que uno bueno por conocer", asegura. Son palabras de alguien que conoce las dificultades de su profesión, pero que también ha pasado prácticamente toda su vida dedicado a ella.

El final de una historia familiar: "Cuando lo deje yo, desaparece"

El futuro del negocio familiar de Patxi Presentación Blanco parece estar decidido, aunque todavía no haya llegado el momento de cerrar definitivamente el puesto. A sus 56 años, el vendedor de Lodosa reconoce que no tiene a nadie dispuesto a continuar con la actividad que comenzó su madre, Leonor Blanco, y que él ha mantenido durante casi cuatro décadas.

Cuando se le pregunta si existe relevo generacional, responde sin vacilar. "No, no. Cuando lo deje yo, ya desaparece", afirma. Patxi no tiene hijos, aunque sí sobrinos. Sin embargo, explica que ninguno de ellos tiene intención de seguir con el negocio. "Tengo sobrinos, pero que no... Esto se acaba. Conmigo se acaba", sentencia.

De momento, continúa con su rutina habitual, viajando desde Lodosa hasta los mercadillos de Barañáin, Tafalla, Pamplona y otras localidades de su recorrido semanal. Allí sigue colocando sus cuchillos, sartenes, ollas, herramientas y pequeños artículos de ferretería, los mismos productos con los que ha trabajado desde que tenía 19 años.

Y mientras llega el momento de jubilarse, mantiene abierta la pequeña tienda ambulante que heredó de sus padres, consciente de que será él quien ponga el punto final a esta historia familiar.