Comercio Local

El último día de José Luis y Alberto en su carnicería de Pamplona: "Casi no hemos podido ni dormir"

José Luis y Alberto Sarriguren con un grupo de clientes en su último día de trabajo. Navarra.com
“Nos dicen que muchas gracias por cómo les hemos tratado, que hemos sido una familia para ellos", aseguran.

Los hermanos José Luis y Alberto Sarriguren han vivido este sábado 13 de junio una jornada que no van a olvidar. Después de 46 años detrás del mostrador, han trabajado por última vez en el negocio familiar que ha formado parte de la vida diaria de muchas familias de Pamplona.

La carnicería Sarriguren está situada en el número 37 de la calle Serafín Olave, en pleno barrio de Iturrama, muy cerca de otros locales conocidos de la zona, como el bar Scala, que ha cerrado recientemente, o la nueva cafetería Claro, que ha abierto sus puertas en el barrio.

El establecimiento lo abrió en 1980 su padre, José Luis Sarriguren Urtasun, y ahora sus dos hijos han puesto fin a una historia de casi medio siglo. La despedida ha estado marcada por la emoción, por los recuerdos y por el cariño de los clientes que se han acercado durante los últimos días.

Los hermanos han invitado a pastas a sus clientes y han publicado un mensaje de agradecimiento en redes sociales. “Muchas gracias por tantos años de confianza. Te voy a echar de menos. Queremos darles las gracias de corazón por la confianza, el apoyo y el cariño que nos han brindado todos estos años. Ha sido un orgullo formar parte de sus hogares y de su día a día”, han escrito.

José Luis Sarriguren reconoce que este último día de trabajo lo han afrontado con sentimientos encontrados. “Con tristeza por un lado y también con un poco de alegría. Por una parte da mucha penica irnos después de tantos años con la gente y, por otra, tener un poco de vacaciones este verano”, ha explicado.

Durante todos estos años, el trato con los clientes ha sido mucho más que una relación comercial. “La gente es majísima. Nos tenemos mucho aprecio todos, de años que hemos compartido experiencias. Hemos conocido a las abuelas, a las madres y a las nietas”, ha contado.

Ese cariño se ha notado especialmente en la despedida. “Nos dicen que muchas gracias por cómo les hemos tratado, que hemos sido una familia, y te transmiten esa cercanía”, ha añadido José Luis, todavía emocionado por los últimos días de trabajo.

La apertura del local no ha sido igual este último sábado. “Hemos dormido poco por la noche. Casi no hemos podido. Es una pena y una alegría por descansar, ya que las circunstancias obligan. Estamos sorprendidos porque hemos vendido casi todo en los últimos días. Ha habido tres días que hemos estado aquí medio llorando con los clientes”, ha relatado.

El cierre llega por varias razones. José Luis, que cumplirá 62 años en agosto, va a operarse de la cadera. “Llevo unos cuantos meses esperando. Me cojo la baja y hasta que me llamen. Tras la operación estaré un año de baja”, ha señalado. Su hermano Alberto, cinco años menor, continuará vinculado al oficio, ya que le han contratado en otra carnicería de Artajona y se incorporará de inmediato para preparar chorizos antes de San Fermín.

A esta situación se suma la falta de relevo familiar y la dificultad para encontrar personal preparado que pueda mantener abierta una carnicería tradicional. “Lo intuyes viendo lo que ha pasado con otras carnicerías, como Ariztia, que cerró en septiembre. Alguno ha llamado, pero nada concreto ni serio. El local es nuestro y en un futuro lo venderemos o lo alquilaremos. La familia está contenta, pero es una pena después de tantos años”, han indicado los hermanos.

El cierre ha dejado también cierta inquietud entre algunos clientes mayores, acostumbrados a comprar allí desde hace décadas. “Hay gente mayor, de casi 90 años, que nos dice: ‘¿A dónde voy a ir ahora a comprar carne?’. Se tienen que buscar otro sitio donde les entiendan”, han explicado José Luis y Alberto, que también reconocen que el sector atraviesa un momento complicado por la falta de trabajadores.

Los dos hermanos han recordado cómo ha cambiado el aprendizaje del oficio. “Antes enseñabas a los hijos poco a poco y ahora no puedes. Hay que contratarlos. Yo tengo un hijo de 16 años y está estudiando. Mi hermano tiene dos, de 16 y 20, que también están estudiando. En nuestros tiempos, con 16 años ya veníamos a ayudar a los padres y ahora te pueden denunciar. Ahora, si no eres familia, es muy complicado contratar empleados”, han explicado antes de cerrar una etapa de 46 años entre abrazos, agradecimientos y una frase que resume su último día: “No hemos dormido casi nada”.