El bar de Pamplona que celebra los dos millones de fritos vendidos: ”Y vamos a por el tercero"
Un contador en la pared, una freidora a pleno rendimiento y una cifra que impresiona incluso a los clientes más habituales: en un bar de la calle San Nicolás 17 de Pamplona ya se ha superado la barrera de los dos millones de fritos de huevo vendidos desde 2015. No es una exageración ni una forma de hablar. Es el número que aparece en el marcador que preside el interior del local.
El protagonista del récord es la Vermutería Río del casco viejo de la ciudad, que ha querido anunciar el hito con su estilo directo y con humor en redes sociales. “Hueveros y hueveras, ahora que ya habéis descansado de nosotros unos días, este lunes 26 volvemos a encender las freidoras. Y tenemos notición. Hemos cambiado las cajas registradoras y al actualizar el contador, el último domingo llegamos a los dos millones de huevos”, han escrito.
Pero la cosa no se queda en un simple mensaje y una cifra redonda. El bar también ha propuesto a su clientela que participe en la celebración. “Y tal hito tendremos que celebrarlo por todo lo alto… y para ello, queremos que nos ayudes. Escribid en los comentarios cómo queréis que lo celebremos y la respuesta más original, impactante, o deslumbrante se llevará un fantástico premio… A comenzar a estrujarse el cerebro!”, han animado desde el local.
Detrás de la barra están Roberto Irurzun, Roberto Recasens y Javier Preboste, al frente de la vermutería desde 1998. Se hicieron cargo del antiguo bar Río de toda la vida, que abrió sus puertas en 1963, y han mantenido la esencia de siempre mientras el frito de huevo se convertía en el gran reclamo de la casa.
Irurzun ha explicado a Navarra.com que el crecimiento ha sido constante y que el cálculo es sencillo. “Hemos llegado a estos números y encantados de haber llegado y a continuar con el tema. Llevamos once años y cada cinco años hacemos un millón, aproximadamente. Y a por el tercero”, ha asegurado.
El responsable ha querido poner el foco en la fidelidad del público. “Muy contentos de la respuesta de la gente de Pamplona en general y de toda la que viene de fuera. La gente por lo visto no se aburre de nosotros y nosotros a continuar”, ha afirmado, con el mismo tono que se respira en la barra.
Aunque el frito de huevo se ha llevado la fama, en el local presumen de seguir siendo un bar de pincho tradicional. Irurzun ha enumerado parte de lo que sale de cocina: “A parte del frito de huevo famoso tenemos tortillas, pincho tradicional, chistorra, anchoas, bacalao y luego pinchitos que hacemos en el momento, que es algo que nos caracteriza. Pedir el pincho y lo hacemos al momento”.
También ha recordado que el frito no es una moda reciente, sino una historia larga de bandejas que han ido y venido durante décadas. “Esas bandejas de fritos de huevo son de toda la vida. Desde 1963 ya son muchos años y muchos fritos. Nada, a continuar igual con todos los demás de croqueta, tigre, gamba, etc.”, ha señalado.
La maquinaria funciona muchas horas al día y con un equipo amplio. Según Irurzun, la cocina permanece abierta “todo el día desde las 8 y media hasta las once de la noche”, con “24 personas trabajando a tope”. Y ha querido desmontar la idea de que el lleno solo llega los fines de semana: “Un lunes de enero lloviendo vendimos más de 300 huevos. Por lo menos mantenernos y muy contentos de la respuesta de la gente que no falla nunca sea la fecha que sea”.
El empujón del reconocimiento también ha llegado en forma de premio. La Vermututería Río de Pamplona fue distinguida con el Premio al Mejor Bar de Pinchos dentro del XX Campeonato de Pinchos Euskadi y Navarra, celebrado en Hondarribia del 13 al 15 de octubre de 2025.
El bar original abrió en 1963 en la calle San Nicolás, impulsado por la familia Barberena, que creó la receta del icónico frito de huevo. En 1998, Roberto Irurzun y Roberto Recasens tomaron las riendas del negocio y, hace diez años, cambiaron de número en la misma calle. Allí, el pincho terminó de dispararse hasta superar los dos millones de unidades servidas.
Más tarde se incorporó Javier Preboste, que llevaba más de una década trabajando en el bar antes de entrar en la titularidad. Los responsables insisten en que, pese a los números, la filosofía se ha mantenido intacta: “somos un bar de fritos y de pinchos tradicionales, donde es innegociable tanto la calidad de los productos como su elaboración en el momento. Somos gente de barra”.