La escultura de un Rey de Navarra en Pamplona que Asiron ha 'olvidado' cambiar de sitio
El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron (EH Bildu), es un experto en poner el foco en el callejero y en el patrimonio con decisiones que no han pasado desapercibidas. En las últimas fechas, su inclinación por mover estatuas se ha notado en desterrar las figuras de los Reyes de Navarra que estaban colocadas en el Paseo de Sarasate, dentro de una línea política que ya había tenido otros capítulos en la ciudad.
Como por ejemplo en su día fue el intento de cambiar el nombre a la avenida del Ejército y modificar el monumento a los Caídos, que sigue dando mucho que hablar, además de otros objetivos como el monumento a San Ignacio de Loyola.
Pero, en medio de ese “baile” de símbolos, hay un monarca que se ha librado —por ahora— de las garras municipales: la escultura de Sancho III el Mayor (1004-1035), que sigue plantada en el parque de la Media Luna, a la altura de la avenida de la Baja Navarra, junto al Colegio de Médicos.
Ese rey, uno de los más conocidos del viejo Reyno, tiene allí su figura desde el viernes 14 de mayo de 2004, cuando se instaló coincidiendo con los mil años del inicio de su reinado. La fecha no era casual: el conjunto se colocó como parte de la conmemoración del milenario de su llegada a la corona.
La escena es muy reconocible para quien pasea por la zona. El monarca aparece de pie, mirando hacia el oeste, con la mano derecha extendida y la izquierda apoyada sobre una lápida cuadrada blanca. En esa pieza se esculpieron, enfrentados, los escudos de Pamplona y de Castilla, rematados por una corona. Y en la parte posterior se lee una leyenda que deja claro a quién se está homenajeando: “Sancius III Maior (1004-1035) Rex Pampilonensis Rex Ibericus”.
La obra la firmó el escultor pamplonés Alberto José Orella Unzué. El Ayuntamiento de Pamplona adjudicó la contratación de este grupo escultórico a Orella por 82.491,32 euros. Para realizarla, el artista empleó la técnica de reproducción en bronce denominada cera perdida, con un lenguaje figurativo y personal para retratar al personaje histórico.
El conjunto alcanza una talla de dos metros y va acompañado de la alusión a los territorios históricos en los que se enmarcó el reinado de Sancho el Mayor, además de una inscripción que informa del hecho conmemorado.
En su planteamiento, Orella quiso reforzar la imagen del rey como hombre de Estado. No buscó tanto la corpulencia del guerrero, sino las cualidades diplomáticas de un monarca que acertó a mantener cohesionados sus dominios frente a las tensiones internas y los acosos del exterior.
En el acto de inauguración, la entonces alcaldesa Yolanda Barcina también tiró de esa idea para recordar al rey pamplonés como “uno de nuestros grandes reyes; un monarca que buscó la unidad a través de la integración de todos los pueblos, que mejoró la convivencia y que tuvo un espíritu europeísta”.
La trayectoria histórica del monarca explica, en parte, por qué su figura sigue siendo un símbolo potente. Sancho III el Mayor asumió la corona de Pamplona con apenas doce años, en 1004, después de varios años en los que su abuela y su madre ejercieron la regencia, y murió en 1035.
Sus dominios abarcaban desde Oña (Burgos) hasta Cantabria y, por el litoral, hasta la Gascuña francesa. Por los Pirineos llegaban a Sobrarbe y Ribagorza, ocupando también Aragón y La Rioja, donde en Nájera estableció la segunda sede de su reino.