SOCIEDAD

El chocolate que ha recorrido cinco localidades de Navarra para hablar de consumo justo y mundo rural

Una niña sostiene cacao en sus manos. CEDIDA

SETEM Navarra-Nafarroa, Proclade Yanapay y Pueblos Hermanos han valorado la respuesta lograda en bibliotecas, comercios y actividades de sensibilización en cinco localidades.

La Ruta del Chocolate Justo ha cerrado su edición 2025-2026 con una valoración muy positiva tras acercar el Comercio Justo a varias localidades pequeñas de Navarra. La iniciativa ha sido impulsada desde noviembre de 2025 por SETEM Navarra, junto a Proclade Yanapay y Pueblos Hermanos.

Las entidades organizadoras han destacado especialmente la decisión de llevar la Ruta del Chocolate Justo al mundo rural, donde la oferta de actividades culturales y de sensibilización suele ser más limitada. “Uno de los elementos más valorados de esta edición ha sido la decisión de llevar la Ruta a localidades más pequeñas”, han explicado desde SETEM Navarra-Nafarroa.

La propuesta ha pasado por Larraga, Arguedas, Lekunberri, Ayegui y Lumbier, con presencia en las cinco merindades de la Comunidad Foral. El objetivo ha sido acercar el Comercio Justo a lugares donde habitualmente no llega y crear espacios de reflexión a partir de un producto cotidiano como el chocolate.

Durante tres semanas en cada localidad, las bibliotecas públicas se han transformado en puntos de encuentro en torno al cacao. La Ruta no lo ha presentado solo como un alimento, sino como una puerta de entrada a realidades vinculadas a su producción.

A través de una exposición accesible y didáctica, se han abordado cuestiones como la deforestación, el trabajo infantil o el papel de las cooperativas de Comercio Justo. La propuesta ha conectado estos problemas con los hábitos de consumo de la ciudadanía y con la posibilidad de elegir alternativas más responsables.

La Ruta del Chocolate Justo se ha planteado como una experiencia completa, con información, participación y actividades adaptadas a distintos públicos. Las visitas guiadas a la exposición han permitido profundizar en estos contenidos y han dado paso después a las catas de chocolate.

En estas catas, el público ha podido degustar chocolates procedentes de Haití, Ecuador y Madagascar. La actividad ha contado con la participación en directo desde Ecuador del cacaocultor Alfredo Villavicencio, de la cooperativa Maquita, lo que ha permitido poner rostro y voz a quienes están en el origen del cacao.

La parte educativa ha tenido también un papel destacado en esta edición. Las actividades infantiles han acercado a chicas y chicos la diferencia entre cacao y chocolate, el origen del producto y las problemáticas asociadas a su producción.

Para ello se han utilizado herramientas adaptadas, como el kamishibai “El Chocolate Mágico” y distintas dinámicas cooperativas. Estas propuestas han permitido trabajar el consumo responsable desde un lenguaje cercano y comprensible para los participantes más jóvenes.

Otra de las novedades más valoradas ha sido el club de lectura abierto. La lectura de Cacao, de Jorge Amado, ha generado conversaciones en torno a las condiciones de explotación descritas en el libro y su relación con situaciones que continúan existiendo hoy.

Una de las participantes ha resumido la obra como un libro “txikito pero matón”. Con esa expresión ha destacado su capacidad para condensar en pocas páginas una realidad dura y todavía vigente.

La participación ha sido diversa y ha variado según cada actividad. Las visitas y catas han reunido sobre todo a público adulto, mientras que las propuestas infantiles han contado con una presencia significativa de chicas y chicos.

En los clubes de lectura, por su parte, ha habido una alta implicación de mujeres. Más allá de las cifras, las entidades han subrayado la calidad de la participación, el interés generado y las preguntas y reflexiones surgidas en torno al cacao, el consumo y el Comercio Justo.

Tanto los ayuntamientos como las bibliotecas han destacado el valor de llevar iniciativas de este tipo al entorno rural. No solo por el contenido de sensibilización, sino también por su capacidad para dinamizar la vida local y generar espacios de encuentro en los municipios.

La implicación del comercio local ha sido otro de los elementos clave de la Ruta. Un total de 24 pequeños establecimientos han colaborado en la difusión de las actividades y han ayudado a que la información llegara a la ciudadanía de una forma cercana y cotidiana.

Gracias a esta red, se han repartido más de 5.000 cartoncitos con una chocolatina. Estos materiales invitaban a participar en el sorteo de una cesta de Comercio Justo, que ha permanecido expuesta en las bibliotecas durante el paso de la Ruta por cada localidad.

Esta fórmula ha permitido vincular consumo responsable, comercio local y participación ciudadana. Además, ha reforzado la coherencia del proyecto con sus propios valores, centrados en las personas, las comunidades productoras y el medioambiente.

Desde las entidades organizadoras, la valoración de esta edición ha sido muy positiva. La Ruta del Chocolate Justo ha demostrado ser una herramienta útil para llegar a nuevos públicos, generar conciencia desde lo cotidiano y tejer redes en el territorio.

De cara al futuro, la intención es seguir profundizando en esta línea. Entre las mejoras previstas, se plantea contar con una persona especialista en chocolate que enriquezca las catas y ayude a ampliar la experiencia sensorial y formativa.

También se quiere introducir una mirada específica sobre el papel de las mujeres agricultoras, en el marco de 2026 como Año de la Mujer Agricultora. Además, las entidades prevén mejorar la parte expositiva con materiales que permitan una experiencia más directa con el cacao.

La Ruta ha planteado así una forma distinta de mirar un producto cotidiano como el chocolate. Su propuesta ha ofrecido alternativas reales que ponen en el centro a las personas, las sociedades donde viven y trabajan, y el medioambiente.