• miércoles, 13 de mayo de 2026
  • Actualizado 09:45
 
 

SOCIEDAD

La bodega navarra que ha devuelto al vino una uva desaparecida desde finales del siglo XIX

Bodega Otazu recupera la variedad Berués, histórica de la Cuenta de Pamplona

Vino de la variedad Berués. BODEGA OTAZU
Uvas de la variedad Berués. BODEGA OTAZU

Otazu ha presentado la recuperación de Berués, una variedad histórica de la Cuenca de Pamplona documentada desde el siglo XVII que desapareció prácticamente tras la filoxera y que ahora ha vuelto al vino gracias a un proyecto iniciado en 2017.

La bodega navarra ha impulsado esta recuperación junto con la Universidad Pública de Navarra y EVENA, la Estación de Viticultura y Enología de Navarra. La iniciativa ha unido investigación, memoria territorial y una mirada de futuro para acercar esta variedad a nuevas generaciones.

La presentación de la primera añada de Berués ha tenido lugar el 12 de mayo de 2026 en el Mandarin Oriental Ritz de Madrid. El acto ha supuesto un momento clave para el proyecto, porque ha convertido un trabajo de rescate varietal en una realidad enológica concreta.

La primera vendimia de Berués en Otazu se realizó en septiembre de 2024. Ese hito marcó el momento en el que una variedad desaparecida desde finales del siglo XIX volvió a transformarse en vino más de un siglo después.

Berués ocupó un lugar central en la viticultura de la Cuenca de Pamplona hace más de 150 años. Sus primeras referencias documentadas se remontan al siglo XVII, y diferentes fuentes históricas la han descrito como una variedad de prestigio, ampliamente implantada en el territorio y valorada por su calidad.

La llegada de la filoxera a finales del siglo XIX provocó su práctica desaparición. Otazu ha devuelto ahora esta casta al presente con un proyecto que no se ha limitado a recuperar una uva antigua, sino que ha buscado reconstruir una parte relevante de la memoria vitivinícola navarra.

La importancia de Berués no responde a una rareza ampelográfica ni a una curiosidad secundaria. Entre 1857 y 1877 se han estimado 3.944 hectáreas cultivadas y, en 1891, el viñedo en la cuenca de Pamplona alcanzaba casi 6.200 hectáreas, alrededor del 13% del viñedo navarro.

Ese peso histórico confirma la relevancia real de esta variedad en la historia vitícola de Navarra. En 1832, “Barbés de Navarra” figuraba entre las cinco variedades de primera clase para vino tinto, y otras referencias la situaban por encima de Tempranillo y Mazuelo por calidad y valor enológico.

“Para nosotros, las expectativas alrededor de Berués son las mismas que sienten los grandes exploradores al llegar a una pirámide aún sin descubrir: un territorio lleno de misterio, historia y promesas esperando ser reveladas”, ha señalado Guillermo Penso, segunda generación de Otazu.

El proyecto comenzó en 2017, impulsado por Bodega Otazu en colaboración con la Universidad Pública de Navarra y con el apoyo de EVENA. El objetivo ha sido localizar, identificar y recuperar variedades que habían formado parte del paisaje vitícola de la Cuenca de Pamplona hasta finales del siglo XIX.

Durante el trabajo de campo se han localizado plantas aisladas en estado silvestre. Después, mediante identificación genética, se ha confirmado la presencia de Berués y se ha iniciado un proceso progresivo de multiplicación, injerto, plantación y seguimiento agronómico.

Las primeras cepas se plantaron en Otazu en 2019. Entre 2022 y 2025 ha continuado la expansión del material vegetal mediante injertos y nuevas plantas, hasta que en 2024 llegó la primera vendimia de la variedad recuperada.

“Para nosotros Berués ha sido volver a conectar con la esencia de esta tierra y entender que hay legados que merecen trascender generaciones”, ha valorado Diego Farrera, CEO de Otazu.

El vino presenta un color rojo púrpura vibrante. En nariz despliega notas florales, como flores azules y fresillas silvestres, sobre un fondo de frutos rojos silvestres.

En boca se muestra fresco, sápido, largo y fino, con una clara vocación de guarda. La variedad se caracteriza por su acidez y finura, con un perfil que combina tensión, textura aterciopelada y frescura.

Otazu ha explicado que Berués tiene un parentesco estilístico con Pinot Noir y Trousseau. Por eso, la bodega no lo presenta como una reconstrucción arqueológica, sino como una variedad con plena vigencia en el presente.

La añada 2025 se gestó con un invierno frío y húmedo. La primavera estuvo marcada por lluvias que condicionaron la floración y el cuajado, mientras que la canícula de finales de julio acompañó el envero.

Los días soleados y las noches frías previas a la vendimia favorecieron una maduración pausada. La uva alcanzó así su punto óptimo antes de una recolección realizada a mano el 24 de septiembre de 2025.

La vendimia se hizo en cajas de 12 kilos, con un total de 850 kilos recogidos. Tras el despalillado y un estrujado parcial, la fermentación alcohólica transcurrió entre 22 y 25 grados durante 12 días.

El proceso ha incluido remontados suaves a mano, con una filosofía más cercana a la infusión que a la maceración. Después siguieron la fermentación maloláctica, dos trasiegos y el afinado en depósito durante el invierno.

El embotellado tuvo lugar el 31 de marzo de 2026, con una producción de 468 botellas. Los datos enológicos son 13,2% vol., acidez total 5,65 y pH 3,42.

“Es un homenaje a la historia y algo que verdaderamente nos llena de satisfacción: poder dejar un legado para las futuras generaciones. Ojalá que Berués vuelva a dibujar el paisaje de la Cuenca de Pamplona”, ha subrayado Enrique Basarte, director técnico de Otazu.

Basarte es director técnico de Otazu desde 2022. Licenciado en Ingeniería Agrónoma por la Universidad de Navarra, se formó en Enología en la Universidad de La Rioja, donde también cursó un máster en Viticultura y Enología.

Además, ha completado su formación en diferentes centros franceses de Borgoña y Burdeos. Cuenta con una amplia experiencia técnica en viticultura y enología tras haber trabajado durante los últimos 30 años en diferentes denominaciones de origen.

Su último proyecto antes de llegar a Otazu fue la creación y puesta en valor de Domaines Lupier, en Navarra. En este nuevo proceso, Basarte ha sido una de las figuras clave para traducir la recuperación histórica de Berués en conocimiento agronómico y realidad enológica.

Su presencia en la presentación de Madrid ha reforzado la dimensión técnica del proyecto. La recuperación de Berués no se ha apoyado solo en el valor simbólico de la variedad, sino también en un trabajo sostenido de campo, seguimiento agronómico y lectura rigurosa de su potencial.

Desde esa posición, su papel ha resultado esencial para explicar la evolución del proyecto desde la localización y multiplicación vegetal hasta la primera vendimia. También ha permitido interpretar el estilo de los primeros vinos y el horizonte cualitativo de la variedad.

Otazu se encuentra a ocho kilómetros de Pamplona, entre la Sierra del Perdón y la Sierra del Sarbil. Su viñedo cuenta con D.O.P. Pago y es el más al norte de España.

El enclave, el microclima de influencia atlántica y el carácter del suelo han sido el punto de partida del proyecto de la bodega. Otazu recuperó la viticultura en 1991, con la replantación de cerca de 70 hectáreas en un lugar cargado de historia.

Desde entonces, el trabajo ha tenido una dirección clara: escuchar el terruño, recuperar la identidad del lugar y buscar la excelencia con una mirada patrimonial y contemporánea. En estas tierras se cultiva la vid desde el siglo XII.

Para el siglo XV, los vinos de Otazu ya se servían en la corte de Carlos III de Navarra. Esa continuidad histórica ha dado sentido a que sea precisamente este lugar el que haya devuelto al presente una variedad desaparecida de la Cuenca de Pamplona.

En Otazu, vino, patrimonio y arte forman parte de una misma forma de interpretar el territorio. La Fundación Otazu integra el arte contemporáneo en esa visión como una expresión de sensibilidad, creación y lectura del lugar.

En ese contexto, Berués encuentra un encaje natural. Su recuperación ha traído al presente una variedad histórica de la Cuenca de Pamplona y la ha convertido en una nueva expresión del territorio.

“Nosotros entendemos que el arte contemporáneo tiene mucho sentido porque representa el tiempo en el que se crea. Los artistas contemporáneos plasman las sensibilidades e inquietudes del mundo que les toca vivir, al igual que Enrique, nuestro enólogo, interpreta cada época, cada vendimia y cada emoción a través del vino”, ha explicado Guillermo Penso.

¿Tienes una tienda, un bar, un restaurante o un local comercial en Pamplona o alguna localidad de Navarra?

¿Quieres salir en nuestra sección de Comercio Local y que miles de personas conozcan todo lo que ofreces con una noticia y fotografías hechas por profesionales?

Escríbenos a esta dirección y hablaremos contigo para contactar cuando antes: [email protected]


Apóyanos para seguir realizando periodismo independiente.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
La bodega navarra que ha devuelto al vino una uva desaparecida desde finales del siglo XIX