Carta de Alberto Pérez Martínez, secretario general del Sindicato Médico de Navarra
Navarra ha cambiado. Somos más habitantes y vivimos más años, así que demandamos más servicios sanitarios. Pero atribuir el crecimiento de las listas de espera exclusivamente al envejecimiento de la población o al aumento de la demanda supone simplificar un problema mucho más complejo, en el que también influyen la mala planificación, la falta de plantilla médica y la gestión politizada de la asistencia.
Durante los últimos años, la Administración ha tratado de contener las listas de espera incrementando la actividad asistencial, recurriendo a peonadas y reorganizando las agendas. No ha conseguido resolver el problema asistencial, así que ahora intenta mejorar el problema estadístico.
Para entenderlo, basta con ponerse en el lugar de una persona que espera una primera consulta con un especialista. Después de varios meses, demasiados, finalmente es atendida. ¡Ya ha desaparecido de la lista de espera! Estadísticamente, el problema está resuelto. Y clínicamente, ¿también está solucionado? ¿Qué sucede si necesita pruebas diagnósticas, una segunda consulta para conocer sus resultados, iniciar un tratamiento o comprobar su evolución?
Ese paciente continúa esperando, aunque su espera ya no tenga la misma visibilidad. Ya no genera presión política. Y si las consultas sucesivas se retrasan durante meses, el diagnóstico puede demorarse, los tratamientos pueden quedar pendientes de ajuste y las enfermedades pueden evolucionar sin el seguimiento necesario. Si no protesta y reclama su cita, cabe la posibilidad de que lo den por curado y directamente lo quiten de la lista de espera.
A esto se añade el problema de la pérdida de continuidad asistencial. Un médico atiende por primera vez a un enfermo y, a menudo, no vuelve a verlo. Las visitas sucesivas pasan a otros facultativos que no conocen al paciente. Tienen que rehistoriarlo, reestudiar el caso, pero esta vez con menos tiempo asignado en la consulta porque ya no es una «primera visita», sino una consulta sucesiva. Y todo ello, si nadie ha revisado la lista de espera de consultas y modificado la prioridad asignada a ese enfermo. En ese caso, la atención se demora aún más, sin que esa mala asistencia repercuta en las listas de espera. Cuando las consultas se fragmentan entre distintos profesionales, se dificulta el conocimiento integral del paciente y de su enfermedad, se debilita la relación de confianza y empeora la asistencia.
Por eso, cuando las autoridades sanitarias anuncian mejoras en las listas de espera, deberíamos preguntarnos qué se está midiendo realmente. ¿Listas de espera de solo algunas especialidades? ¿Solo de primeras visitas y quirúrgicas? ¿Cuánto tarda un paciente en ser visto por primera vez? ¿Cuánto espera para obtener un diagnóstico? ¿Cuánto tiempo transcurre hasta recibir tratamiento? ¿Cuánto debe aguardar para que un médico compruebe si ese tratamiento funciona realmente y si no provoca efectos secundarios? Y, por fin, ¿quién es su médico?
La calidad de un sistema sanitario no puede medirse únicamente por el número de pacientes que salen de una lista administrativa, sino por su capacidad para ofrecer una atención completa, continuada y a tiempo.
Porque una primera consulta puede sacar al paciente de una lista de espera, pero no pone fin a su enfermedad. Y detrás de cada número sigue habiendo una persona que necesita atención médica.
Alberto Pérez Martínez
Secretario general del Sindicato Médico de Navarra, en nombre de la Ejecutiva del SMN