Ana cumple 36 años en su tienda de un pueblo de Navarra: "Me mantengo con alegría y buena cara"
Abrir la persiana cada mañana y seguir atendiendo con cercanía no es casualidad después de tantos años. Ana Zamboráin Arrarás, de 61 años, lleva 36 años al frente de su negocio en un pueblo de Navarra y ha visto cambiar por completo la forma de comprar, de coser y hasta de vivir el pequeño comercio. Aun así, sigue en su sitio, fiel a una tienda que abrió con solo 25 años y a una manera muy concreta de trabajar: “Me mantengo con alegría y con buena cara”.
En la calle La Fuente, 10, Mercería Ana resiste en Burlada como uno de esos comercios de siempre que todavía conservan el trato directo y la atención de barrio. Está muy cerca de otros comercios como el bar Zubizarra que cerró hace muy poco, o la conocida floristería Garralda.
Es, además, una de las pocas mercerías que quedan en la localidad, en una zona de paso en la que convive con otros negocios y por la que sigue entrando clientela del pueblo y de fuera. Su propietaria se presenta sin rodeos: “Soy de Burlada de toda la vida”. Su padre vino de Zaragoza, su madre era de aquí y ella también ha echado raíces en un municipio al que conoce casi al detalle después de décadas detrás del mostrador.
Cuando abrió la tienda, el panorama era muy distinto. Entonces había más modistas en el entorno y la mercería tenía un peso mucho mayor en la vida cotidiana. “Empecé con mucha mercería, con hilos y puntillas, porque había mucha modista alrededor”, recuerda Ana, al evocar los primeros años del negocio. Aquella clientela buscaba materiales concretos para coser, arreglar prendas o confeccionar ropa, algo mucho más habitual de lo que es ahora.
Con el paso del tiempo, ese mundo ha ido cambiando. Muchas de aquellas modistas se jubilaron y, como explica la propia comerciante, “esas cosas la gente joven ya no lo hace”. Esa transformación le obligó a adaptar la tienda y ampliar la oferta para seguir siendo útil a sus clientas. Por eso, junto a los productos básicos de costura y al clásico costurero, hoy vende también lencería, pijamas e interiores. “Solo con mercería no se puede”, admite con naturalidad, al resumir en una frase la realidad del pequeño comercio.
La tienda la saca adelante prácticamente sola. Durante casi todo el año trabaja sin ayuda y solo en la campaña de Navidad cuenta con el apoyo de una prima, a la que contrata durante 15 días. “De normal, yo solica”, comenta. Lejos de sonar a queja, lo cuenta con la serenidad de quien lleva toda una vida acostumbrada al trato diario con el público. “Estoy contenta y estoy en lo que me gusta. Toda mi vida ha sido cara al público”, señala.
Esa experiencia se nota también en la relación que mantiene con su clientela. Ana asegura que conoce a todo Burlada y que su tienda sigue recibiendo a mucha gente de otros puntos cercanos. Por Mercería Ana pasan también clientas de la Chantrea, Huarte, Villava e incluso de Pamplona. La ubicación, en una zona de tránsito, le ha ayudado a mantener movimiento en el negocio. “Esto es zona de paso”, explica satisfecha. “De momento, contenta”.
Sobre el futuro de la tienda, no esconde que lo ve con incertidumbre. Cree que, probablemente, no habrá relevo. No tiene hijos y reconoce que todavía no ha tomado una decisión definitiva sobre la jubilación. Por los años trabajados, podría dejarlo antes de los 65 años, pero no lo tiene claro. Su marido, Iñaki Ruiz Ochoa, ya está jubilado y le insiste en que pare, aunque ella sigue encontrando motivos para continuar. “A mí me gusta y seguiré hasta que tenga ganas”, afirma.
En esa resistencia diaria también pesa el carácter. Ana admite que no son tiempos sencillos para los comercios locales, y menos para los de siempre, los que han tenido que competir con nuevos hábitos de consumo y con una clientela cada vez más distinta. “Está difícil la cosa para los comercios locales. Son muchos años e influye la forma de ser. Si no me fueran bien las cosas la hubiera quitado”, asegura. En su caso, cree que la clave ha estado en mantenerse fiel a sí misma y al trato de cercanía que ha ofrecido durante décadas.
Esa forma de atender aparece reflejada también en las reseñas que sus clientes han dejado en redes sociales. Una de ellas destaca: “Increíble trato profesional. Resuelven tus dudas de manera muy diligente. Encantadora”. Otra subraya: “Variedad de productos y sobre todo un trato excelente”. Son mensajes que encajan con la imagen que proyecta Mercería Ana desde hace 36 años: un comercio pequeño, conocido y muy ligado a la vida diaria de Burlada.