Los castañeros de Pamplona Leyre y Mariano cambian de ubicación por las obras de Sarasate: "La docena del fraile está a cuatro euros"
El olor a castañas asadas ha vuelto al centro de Pamplona, pero esta vez sale de una esquina diferente. Las obras del paseo de Sarasate han obligado a una joven pareja de castañeros a trasladar su puesto, después de una primera temporada que les dejó muy buen sabor de boca y donde fueron protagonistas en unas declaraciones a Navarra.com.
Los protagonistas son Leyre Martínez Aguinaga, de 26 años, y Mariano Bericat Idoipe, de 30, que han instalado su tradicional puesto de castañas en la esquina de la Plaza del Castillo con el paseo de Sarasate, apenas veinte metros por encima del lugar donde trabajaron el año pasado, junto a la calle Comedias.
El cambio no ha sido una decisión completamente voluntaria. Las obras que se están ejecutando en el Paseo de Sarasate han obligado a modificar la ubicación del puesto, aunque la pareja ha podido elegir entre permanecer cerca de las obras o trasladarse a otro punto. Finalmente, han preferido buscar una esquina más cómoda para ellos y para sus clientes.
"Debido a las obras que se están haciendo aquí en Sarasate, decidió el Ayuntamiento traernos aquí", ha explicado Leyre, que afronta con ilusión su segunda temporada al frente de un negocio con más de un siglo de historia familiar. Y, aunque inicialmente tenían algunas dudas, los primeros días les han dejado buenas sensaciones.
Cambian de lugar por las obras de Sarasate
"Llevamos cuatro días, pero la verdad es que hemos empezado muy contentos", ha asegurado Leyre Martínez. La joven reconoce que el traslado les generó cierta inquietud porque no sabían cómo reaccionarían sus clientes habituales.
"Al principio era un poco incertidumbre de ver cómo iba a ser y demás. Pero estamos muy contentos en este sitio y mucha gente ya ha ido a buscarnos a la esquina de Comedias. Como no nos han visto, nos han encontrado aquí", ha relatado.
La pareja tenía claro que no quería perder la vinculación con el lugar donde su familia lleva vendiendo castañas desde hace generaciones. Por eso, cuando el Ayuntamiento de Pamplona les planteó la posibilidad de cambiar de ubicación, buscaron una alternativa cercana.
"No queríamos alejarnos de nuestro sitio principal, que es la calle Comedias. Este era el sitio más cercano", ha señalado Leyre. Además, han descubierto que su nueva esquina puede tener algunas ventajas.
Mariano ha explicado que por este punto confluyen peatones procedentes de diferentes calles. "Hay más afluencia de personas que van por diferentes calles y eso hace que haya más movimiento", ha comentado.
Sin embargo, todavía consideran prematuro hacer comparaciones con la temporada anterior. En sus primeros cuatro días de actividad han tenido dos jornadas de lluvia y otras dos de temperaturas elevadas, unas condiciones que han influido en la venta de castañas.
Castañas de San Sebastián a cuatro euros y abren todos los días
La nueva ubicación no es la única novedad. Leyre y Mariano han decidido ampliar considerablemente su actividad y pasar de abrir únicamente los fines de semana a atender al público de lunes a domingo.
El puesto permanece abierto todos los días, de 16 a 21 horas, una apuesta que demuestra la confianza de la pareja en el negocio después de su primera experiencia.
"Confiamos en que vaya mejor que el año pasado. Ya simplemente pasamos de salir dos días a la semana, los fines de semana, a salir todos los días, con lo cual complicado es que vaya peor", ha explicado Mariano.
Los precios, en cambio, no han cambiado. La pareja mantiene la tradicional docena del fraile a cuatro euros, una medida que incluye trece castañas en lugar de doce. Venden siete castañas a 2,5 euros, 19 castañas a seis euros, 26 a ocho euros, 34 a diez euros, 41 castañas a 12 euros, 48 castañas a 14 euros, 51 castañas a 15 euros y una bolsa de 68 castañas a 20 euros.
Las castañas que están asando estos primeros días proceden de San Sebastián (Donosti). Mariano ha explicado que este año está resultando más complicado encontrar buen producto debido a la escasez de lluvias.
"Al no haber llovido mucho, es más complicado encontrar castaña. Pero esto es el trabajo de fuera, que no se ve, de buscar el mejor producto para los clientes", ha comentado. Por el momento, la respuesta de los compradores está siendo positiva. "La gente no se queja, con lo cual estarán buenas", ha bromeado el joven castañero.
Leyre trabaja como profesora y Mariano prepara el puesto cada tarde
Detrás de este pequeño negocio hay también una historia de esfuerzo y organización. Leyre trabaja como profesora de Educación Infantil en el colegio Jesuitinas, en la Chantrea, y compagina sus clases con la venta de castañas.
Cada tarde, mientras ella termina su jornada escolar, Mariano se encarga de preparar el puesto, encender el fuego y dejar todo listo para comenzar a atender a los clientes.
"Yo estoy trabajando de profe en un cole por las mañanas y por las tardes viene él, prepara todo y, cuando salgo del cole, vengo a estar aquí los dos", ha explicado Leyre.
La rutina exige coordinación, especialmente ahora que han decidido trabajar durante toda la semana. En cuanto termina sus obligaciones en el colegio, la joven se cambia de ropa y acude directamente al puesto para acompañar a su pareja.
Para Mariano, además, esta aventura ha supuesto descubrir un oficio completamente nuevo. Natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), llegó al negocio sin experiencia en la venta de castañas. "Yo no tenía ni idea de castaña, yo no sabía de castaña", ha reconocido al recordar sus comienzos el año pasado.
Ahora, después de una temporada de aprendizaje, asegura sentirse mucho más preparado. "Este año he cogido experiencia, estoy más maduro y más resuelto en todo, en general", ha explicado entre sonrisas.
Su implicación en el negocio familiar de Leyre también le ha permitido estrechar su relación con Pamplona. Cuando le preguntan si ya se considera un pamplonés más, responde con humor: "Se podría decir, en parte. Medio pamplonés, medio aragonés".
Una tradición familiar que comenzó en 1925 en la calle Comedias
Aunque Leyre y Mariano llevan apenas dos temporadas al frente del puesto, la historia de las castañas de su familia se remonta mucho más atrás. Concretamente, a 1925, cuando su bisabuela comenzó a venderlas en la calle Comedias de Pamplona.
La joven representa la cuarta generación de la familia Martínez dedicada a este oficio, una tradición que ha sobrevivido durante más de cien años en el centro de la ciudad.
"Empezó mi bisabuela un poco más abajo y mi abuelo también. Luego mi abuelo acabó subiendo ahí, lo relevó mi tío y ahora nosotros", ha recordado Leyre. La propia castañera que utilizan tiene también una historia especial. Según ha explicado, data de 1925, el mismo año en el que comenzó la actividad familiar.
Por eso, aunque las obras de Sarasate les hayan obligado a desplazarse unos metros, la pareja ha querido mantenerse lo más cerca posible de la esquina que durante décadas ha estado vinculada al apellido Martínez.
La decisión de recuperar el puesto y darle continuidad ha sido recibida con alegría por sus familiares. El año pasado comenzaron abriendo únicamente los fines de semana, pero la buena experiencia les ha animado a ampliar el negocio.
"El ver que el puesto el año pasado estaba solo los fines de semana, a ver que este año está todos los días por las tardes y que hemos decidido seguir porque ha salido bien y estamos contentos nosotros, pues por supuesto, tanto mi familia como la suya están todos muy contentos por nosotros", ha asegurado Leyre.
La pareja mantiene así una actividad que ha pasado de generación en generación y que ahora afronta una nueva etapa, con una ubicación diferente, más días de apertura y dos jóvenes que compaginan sus respectivos trabajos con el oficio de asar castañas en el corazón de Pamplona.