Comercio Local

Las hermanas que cumplen seis años en su elegante ultramarinos de Pamplona: "Que no se te olvide ser feliz"

Susana y María dirigen la frutería La Alacena Green en Pamplona. Navarra.com
“Vivimos en el barrio. Por eso se nos ocurrió. Nos gustaba y faltaba una tienda así”, señalan.

Las navarras Susana y María Cabanillas Nestar llevan seis años levantando la persiana de su tienda con la misma idea: cuidar el producto, atender bien al cliente y demostrar que una frutería de barrio todavía puede salir adelante en Pamplona, aunque no siempre sea fácil.

La tienda se llama La Alacena Green y está en la calle Benjamín de Tudela, 4 bajo, en el barrio de Mendebaldea, muy cerca de otros negocios conocidos de la zona como la premiada panadería Anik o la cervecería Aintzane, que triunfa con sus tortillas de patata.

Al frente están estas dos hermanas pamplonesas, de 55 y 57 años, que han hecho de este comercio su forma de vida. La tienda llama la atención por la calidad del producto, por la presentación cuidada y por un lema que ya forma parte de su identidad: “que no se te olvide ser feliz”.

No empezaron precisamente en el mejor momento. “Abrimos con la pandemia”, recuerdan. Aun así, Susana y María decidieron apostar por un modelo de tienda cercano, con producto bien seleccionado y una atención de las que ya no abundan. “Cuidamos mucho el producto navarro. Trabajamos con producto regional y de cercanía y, si no, producto nacional”, explican.

La historia viene de familia. Su madre, Guadalupe, tuvo varias fruterías en San Juan, después en Sancho el Fuerte y también en Barañáin. Ellas crecieron entre cajas, mostradores y clientes, y siempre han trabajado en el sector de la alimentación. Por eso, cuando vieron la oportunidad en su propio barrio, se lanzaron. “Vivimos en el barrio. Por eso se nos ocurrió. Nos gustaba y faltaba una tienda así”, señalan.

En La Alacena Green la fruta y la verdura son el centro de todo, pero no lo único. Sus dueñas han creado una tienda con aire de ultramarinos, de esas en las que se puede encontrar un poco de todo y siempre con alguien al otro lado dispuesto a aconsejar. “Hay de todo como los antiguos ultramarinos”, resumen.

En sus estanterías hay encurtidos, embutido de Los Pedroches de Córdoba, algún queso de aquí, jamón, zumos, café, chocolates, bebidas vegetales, leche, pan de molde y legumbre a granel, siempre nacional. También trabajan productos ecológicos y de temporada, con especial atención al espárrago de Arellano y al espárrago de Cadreita.

Uno de los servicios que más valoran sus clientes es la preparación personalizada. En la tienda limpian la verdura y la envasan al vacío según lo que les piden. Es un trabajo añadido, pero también una forma de diferenciarse de otros establecimientos. Ahí está parte de su esfuerzo diario: no solo vender, sino facilitar la vida a quienes entran por la puerta.

La apuesta por la cercanía aparece también en detalles concretos. “Ahora tenemos también legumbre de Izu, de la comarca de Pamplona, que es garbanzo y lenteja. Todo lo que es de proximidad nos gusta cuidarlo”, aseguran las dos hermanas.

El día a día, reconocen, exige constancia. “Da para vivir. Ahí estamos luchando cada día. Nos mantenemos a pesar de las adversidades”, admiten. Hay competencia y mucha oferta, pero ellas defienden que no todo se mide igual. “Hay mucha tienda, pero el producto no es el mismo ni la manipulación. Aquí los precios son parecidos. No hay mucha diferencia”, explican.

A pesar de esa pelea diaria por sacar adelante el negocio, Susana y María no han perdido la ilusión. “Esto nos gusta mucho. Estamos encantadas y los clientes también están contentos. Les gusta que se mantengan este tipo de tiendas pequeñas”, afirman.

Para ellas, una tienda así no solo vende fruta, verdura o productos artesanos. También mantiene viva la calle. En Mendebaldea, además, han notado más movimiento con la apertura del nuevo edificio de Medicina, que ha llevado más gente joven a la zona. “Se nota la calle con más ambiente y más vida”, comentan.

El futuro, sin embargo, no tendrá relevo familiar. “Ya no. No tenemos hijos ni sobrinos. Se acaba aquí”, reconocen. Les da pena porque creen que este tipo de comercio está desapareciendo, pero no se plantean traspasar la tienda. “Es nuestro modo de vida”, recalcan.

Las reseñas de los clientes en redes sociales reflejan esa mezcla de producto cuidado y trato cercano. “Todo un descubrimiento hecho por casualidad. Fruta y verdura de gran calidad. La dependienta súper amable y dispuesta, además de aconsejarte muy bien. Sin duda volveré y, si viviese en Pamplona, sería mi frutería de referencia”, escribe una clienta.

Otra destaca: “La mejor fruta que he probado, toda la verdura y fruta fresquísima y además con sabor y textura increíble, la atención exquisita, la dependienta amabilísima, simpatiquísima y agradable”.