El cachopo de 300 gramos que preparan Joana Ramón y su hijo en su bar de Sangüesa: "Todos vienen preguntando por él"
Un cachopo de 300 gramos se ha convertido en la mejor carta de presentación de una familia ecuatoriana que ha decidido echar raíces en Sangüesa, a media hora de Pamplona, y dar una segunda vida a uno de sus bares más conocidos.
La protagonista es Joana Ramón Pérez, una mujer llegada de Ecuador que, junto a su hijo Michael Romero, ha tomado las riendas del antiguo bar 1920, situado en el número 2 de la calle Santiago, en pleno centro de la localidad navarra. Ahora se llama Fusión 1920 y tiene una propuesta gastronómica muy diferente a la de sus anteriores propietarios.
El establecimiento había cerrado después de 42 años de actividad de la mano de Joaquín Espatolero Ladrero e Inmaculada Amatriain Casanova, dos nombres muy conocidos en la hostelería sangüesina. Tras aproximadamente un año cerrado, el local ha recuperado su actividad con nuevos responsables, una decoración renovada y una carta en la que conviven sabores de diferentes procedencias.
La nueva etapa comenzó el 28 de noviembre de 2025, cuando Joana y su familia inauguraron el negocio después de hacerse con el traspaso. Y lo hicieron con una idea muy clara: conservar la esencia de aquel bar de toda la vida, pero ofrecer una cocina más adaptada a los gustos actuales.
De Ecuador a Sangüesa para recuperar un bar de toda la vida
Joana Ramón lleva aproximadamente cuatro años trabajando en la hostelería de Sangüesa. Antes de instalarse en el antiguo 1920, la familia regentaba La Cepa, otro establecimiento de la localidad en el que estaban de alquiler.
Cuando Joaquín decidió traspasar su negocio, vieron una oportunidad para dar un salto. El nuevo local era más amplio, estaba mejor situado y les permitía desarrollar su propia propuesta gastronómica.
"Le hemos dado un lavado de cara y hemos cambiado un poco la comida, porque nosotros llevábamos otro estilo. Joaquín era más tradicional", explica Joana, que se muestra encantada con la acogida que han recibido.
La hostelera considera que los gustos han evolucionado y que los clientes buscan alternativas diferentes. "Ahora la gente pide más cosas nuevas y nosotros nos hemos adaptado un poco más a la clientela", señala.
El nombre tampoco se eligió por casualidad. Aunque el establecimiento se llamaba 1920, los vecinos siempre lo habían conocido popularmente como el 20. "Todo el tiempo la gente decía: 'Vamos al 20, vamos al 20'. Entonces nos hemos quedado con el 20 y le hemos puesto Fusión porque nosotros somos de Ecuador", explica.
Esa mezcla de culturas se refleja tanto en el nombre como en la carta. Joana asegura que han querido mantener platos reconocibles para los vecinos y, al mismo tiempo, introducir algunos sabores de su país de origen.
Un cachopo de 300 gramos que se ha convertido en la estrella del bar
Pero si hay un plato que ha conseguido llamar especialmente la atención en Fusión 1920, ese es el cachopo de 300 gramos que prepara Michael, el hijo de Joana y responsable de la cocina.
"Tenemos un cachopo bastante importante, de 300 gramos, y un plato bastante jugoso. Todos vienen por el cachopo", asegura orgullosa su madre.
El establecimiento funciona con servicio de carta tanto al mediodía como por la noche, sin menú diario. Joana explica que han preferido apostar por esta fórmula, teniendo en cuenta las características de la localidad y la oferta de otros restaurantes cercanos.
Además del cachopo, otro de sus grandes reclamos son las hamburguesas, que preparan con distintas carnes y combinaciones. Las hay de chuletón, angus, pollo, cerdo y ternera, además de versiones picantes, otras más suaves y propuestas acompañadas de diferentes verduras.
"Intentamos hacerlo lo más casero posible. Prácticamente guisamos todos los condimentos que van con las hamburguesas", explica Joana sobre el trabajo que realiza su hijo en la cocina.
La oferta se completa con raciones para compartir, especialmente populares entre los jóvenes. En la carta aparecen patatas con bacon y queso, nachos, chopitos, rabas y patatas bravas. Los nachos son otro de los platos que más éxito están teniendo. "Son un plato estrella también, a la gente le gustan mucho", comenta.
Una familia ecuatoriana que ya se siente de Sangüesa
Detrás del proyecto hay también una historia de integración y arraigo. Joana explica que en Sangüesa existe una importante comunidad ecuatoriana, formada por familias que llevan muchos años viviendo en la localidad.
"Más o menos somos 600 personas ecuatorianas. Hay mucha gente que lleva muchos años, que tiene sus hijos muy adaptados, otros que ya tienen hijos adultos y nietos", relata.
Esa presencia ha sido otro de los motivos para incorporar algunos platos de la gastronomía ecuatoriana a su propuesta. La intención es que tanto los vecinos de siempre como las familias procedentes de otros países encuentren algo que les guste.
La acogida, asegura, ha sido muy positiva. De hecho, calcula que aproximadamente el 80% de los clientes que tenían en La Cepa han continuado visitándolos en su nueva ubicación. "Estamos muy contentos porque somos muy queridos. Nos quieren mucho y nos sentimos como en casa", afirma.
Y no se trata únicamente de una expresión. Joana cuenta que la familia ya ha comprado una vivienda en la localidad y que su intención es quedarse durante muchos años.
"Estamos en casa, incluso ya hemos comprado vivienda aquí, así que nos vamos a quedar un buen tiempo y espero que mi hijo tenga hijos aquí", confiesa entre risas.
Su declaración más rotunda llega cuando se le pregunta si alguna vez se plantean marcharse de Sangüesa. "Estamos instaladísimos y no nos vamos, ya somos sangüesinos", responde sin dudar.
Almuerzos de fiestas, comida casera y opciones para todos
El cambio de local también ha supuesto un importante aumento de trabajo para la familia, especialmente durante las fiestas de Sangüesa. Joana recuerda con satisfacción sus primeras fiestas al frente de Fusión 1920, aunque reconoce que han sido especialmente intensas. "Las fiestas, súper bien. Hemos trabajado mucho más que en La Cepa y estamos muy contentos", explica.
Uno de los momentos más importantes han sido los tradicionales almuerzos de fiestas, una costumbre muy arraigada en la localidad. Aunque el nuevo establecimiento no prepara algunas especialidades tradicionales como los callos o el ajoarriero, sí ofrece numerosas combinaciones para quienes buscan un almuerzo contundente. "Tenemos chistorra, panceta, longaniza, jamón, de todo, con huevitos y patatas, como quieran, con tomate", enumera Joana.
La hostelera insiste en que una de sus prioridades es que nadie se quede sin encontrar algo que comer. Por eso también ofrecen opciones veganas, vegetarianas y sin gluten. La misma filosofía se aplica a las familias con niños. No todos los comensales tienen que pedir un plato grande ni gastar lo mismo.
"Si viene una familia de cinco, no todos tienen que comer un menú. Un niño se puede tomar unas patatas con unos nuggets o algo pequeñito", explica. Y resume así la filosofía del negocio: "Lo más importante de este bar es que la gente se vaya contenta".
Un nuevo capítulo para un bar histórico de Sangüesa
El Fusión 1920 se encuentra en una de las zonas de Sangüesa donde todavía se conserva una importante actividad hostelera y comercial. Muy cerca está el bar Patxi, otro establecimiento conocido de la localidad que también ha vivido recientemente un relevo generacional. Su propietario, Patxi Carreras, se ha jubilado aunque el negocio sigue funcionando con su mujer y su hijo.
En las inmediaciones se encuentra igualmente la panadería Iso, un comercio centenario que mantiene viva la tradición panadera sangüesina con el matrimonio formado por Arturo Iso e Isabel al frente.
El antiguo 1920 forma parte de ese conjunto de negocios que han acompañado durante décadas la vida cotidiana de los vecinos. Durante 42 años, Joaquín Espatolero e Inmaculada Amatriain estuvieron al frente de un bar de cocina más tradicional que ahora ha encontrado continuidad con una familia llegada de Ecuador.
Joana reconoce que el cambio ha merecido la pena. "El lugar es más amplio, me parece más lindo, estamos más al centro y tenemos buena aceptación de la gente", asegura.
En el día a día, Michael Romero se encarga de la cocina, mientras que su madre atiende el resto de las tareas del establecimiento. En el proyecto familiar también está presente la esposa de Michael.
La familia ya tiene la vista puesta en el próximo 28 de noviembre, cuando el nuevo Fusión 1920 cumplirá su primer año de actividad. "Para el año pensamos hacer alguna fiesta para celebrar", adelanta Joana, satisfecha por la respuesta de los vecinos y por haber conseguido recuperar un local con tanta historia.
Mientras llega ese aniversario, la cocina de Michael sigue sacando cachopos de 300 gramos, hamburguesas y raciones para una clientela que, como recuerda Joana, ya les hacía sentirse en casa mucho antes de abrir las puertas del nuevo bar.