Comercoio Local

La bióloga que dirige dos tiendas familiares con cinco empleados en Burlada: “Resistimos, que no es poco”

Olga Martínez Gil en su tienda de regalos en Burlada. Navarra.com
Terminó la carrera en 1992 y enseguida decidió ayudar a sus padres: "El gran problema ahora es el negocio online".

La navarra Olga Raquel Martínez Gil lleva años sacando adelante dos negocios familiares con mucha historia, mucho mostrador y muchas horas detrás en una localidad muy cerca de Pamplona. A sus 57 años, está al frente de una saga comercial que empezó hace más de un siglo y que todavía hoy sigue viva gracias al esfuerzo diario

Está situada en la plaza de las Cofradías 2 en Burlada, donde el pequeño comercio convive con bares, panaderías, carnicerías, tiendas de barrio y otros negocios de cercanía, Olga dirige el estanco Gil y la tienda Regalos Gil, dos locales situados uno junto al otro y unidos por una misma historia familiar. Muy cerca del bar Zubizarra y de la floristería Garralda.

La historia comenzó muy lejos de los escaparates actuales. “La primera tienda la abrió mi bisabuela, la señora Paca, igual hace 150 años e incluso más, donde vendía vino a granel”, recuerda Olga. Después tomó el relevo su abuela Dolores, que continuó con el estanco en los bajos de la casa familiar.

Aquel establecimiento tenía poco que ver con una tienda especializada. Era uno de esos comercios de pueblo en los que cabía casi todo: “sardinas viejas, alpargatas, cosas de ferretería y de todo, además de estanco”, explica la actual propietaria.

Cuando derribaron aquella casa, la familia abrió un nuevo estanco y una tienda de alimentación que llevó un tío de Olga. Más tarde, con la edificación de esa zona del pueblo, el negocio se trasladó a su ubicación actual de la mano de sus padres, Paquita Gil y Balbino.

Ahora es Olga quien mantiene en pie las dos tiendas. Y lo hace con una mezcla de orgullo, responsabilidad y resistencia. “Funciona todavía. Estamos trabajando cinco personas entre las dos tiendas. Resistimos, que no es poco para los tiempos que corren. Entre las dos patas sacamos para todas”, señala.

La tienda de regalos nació como una ampliación natural del propio estanco. Al principio, su padre solo tenía el estanco Gil, donde vendía muchos artículos de regalo, mientras el local de al lado estaba vacío. “Decidió arreglar este local, que está junto al estanco, para las cosas de regalo y yo me quedé con él. Mis padres se quedaron en el estanco hasta que se jubilaron”, relata.

Olga terminó Biología en 1992, pero enseguida se incorporó al negocio familiar. No fue una decisión de despacho ni de plan empresarial moderno. Fue una necesidad. Sus padres habían llevado una vida dura, de muchas horas de trabajo, y hacía falta ayuda.

Su padre, Balbino, era soldador. Dejó aquel empleo y se puso a trabajar junto a Paquita Gil en el comercio. Olga creció viendo ese sacrificio y terminó formando parte de él. “Me gusta el trato con el público. Me parece bonito. Es un trabajo que me agrada, aunque no es lo que estudié”, reconoce.

Mantener abiertas dos tiendas pequeñas no es sencillo. Olga habla con satisfacción de haber conseguido que cinco personas vivan de estos negocios, pero también con la preocupación de quien sabe que cada día hay que pelearlo. “Si somos capaces de vivir y trabajar cinco personas es para estar muy contento. Lo que me pesa es la incertidumbre”, admite.

Esa incertidumbre es, probablemente, una de las palabras que mejor define el momento del comercio local. Los hábitos cambian, los clientes compran de otra manera y cada escaparate tiene que esforzarse más para seguir siendo necesario. “Los tiempos cambian muy rápido. Cada vez hay que luchar más y no sabes qué pensar para que la gente venga y fidelizar al cliente”, expone.

El pequeño comercio ya tuvo que aprender a convivir con las grandes superficies. Ahora, el gran reto es otro: la compra online. “Contra las grandes superficies ya nos pudimos adaptar, pero el tema de la compra online es otra historia. Es muy complicado. Pienso que la compra por impulsos es muy fácil con el móvil”, reflexiona.

Aun así, Olga no tira la toalla. Sabe que hay compras que todavía necesitan cercanía, consejo y confianza. También sabe que hay clientes que siguen prefiriendo entrar en una tienda, preguntar, dejarse orientar y comprar en el barrio. “Nos queda lo que se olvida y que hay público que prefiere el comercio cercano”, apunta.

Como presidenta de la Asociación de Comerciantes de Navarra, conoce bien las dificultades que atraviesan muchos negocios pequeños. Una de las que más le preocupa es la falta de relevo generacional. “El relevo generacional no existe prácticamente. Ahora se valoran otras cosas. El tener tiempo para ti. El negocio pequeño tiene ese inconveniente”, afirma.

Para Olga, el problema no afecta solo a quienes bajan la persiana. También cambia la vida de los pueblos y de los barrios. “Me da mucha pena porque no sé si eso es del todo posible. Pierdes la vida de pueblo y tener un trabajo cerca de tu casa. Nos hemos vuelto muy individualistas”, lamenta.

La comerciante defiende que el pequeño comercio no es solo una forma de vender. Es también una red social, laboral y humana. Por eso cree que debería explicarse desde pequeños. “Falta un poco de educación. Se tenía que explicar en el colegio cómo es una sociedad, cómo se tejen redes. El comercio local es una red imprescindible en una sociedad normal. Da trabajo de calidad”, sostiene.

Olga no presenta el negocio familiar como un camino fácil. Tampoco como una vía para hacerse rico. Lo define como lo que es: autoempleo, muchas horas, mucho sacrificio y una oportunidad para vivir con dignidad. “Con un negocio pequeño no te enriqueces, es autoempleo, pero cuánta gente no encuentra trabajo y podría tener una oportunidad de tener una vida digna con un trabajo en un pequeño negocio. Muchísima”, asegura.

En su caso, esa oportunidad se ha convertido en una vida entera entre el estanco Gil, Regalos Gil y los clientes de Burlada. “El autoempleo es una buena opción, también más sacrificado, pero si no te queda la incertidumbre de estar hoy en un trabajo y mañana en otro”, concluye Olga.