La bodega de Pamplona que arrasa con los almuerzos en San Fermín: “Vienen hasta de Madrid y de Sevilla”
Un bar de Pamplona ha vuelto a llenar casi todas sus plazas para los almuerzos de las fiestas de San Fermín 2026. Su fama se ha mantenido durante años entre vecinos del barrio, clientes habituales y cuadrillas que reservan con mucha antelación para disfrutar de una comida contundente después de una mañana festiva.
Se trata de la Bodega Núñez, situada en la esquina de las calles Guelbenzu e Isaac Albéniz, en pleno barrio de la Milagrosa. El local se encuentra muy cerca de otros bares y comercios conocidos de la zona, como la bodega Leire de Alberto Urralburu, la carnicería José Luis y el supermercado Unide de la calle Manuel de Falla.
La bodega abrió sus puertas en 1959 de la mano de Joaquín Núñez y Mari Carmen Lizaso. Después, sus hijos José y Carmen tomaron el relevo y mantuvieron durante décadas una forma de trabajar muy vinculada a la cocina navarra, al trato cercano y a los almuerzos de toda la vida. El cambio llegó en octubre de 2023, cuando José se jubiló y la familia vendió el local a Felicidad Vicente Condori, conocida como Feli.
Feli, boliviana de 43 años, ha tomado el testigo sin romper con la identidad del establecimiento. Ha conservado el nombre de Bodega Núñez y también la manera de preparar los platos más tradicionales de la casa. Carmen continúa trabajando en el local y muchos clientes aseguran que no han notado el cambio: siguen acudiendo a por los almuerzos de siempre.
“Voy ya para mi tercer Sanfermín. Espero mucho trabajo y que salga todo bien”, ha explicado Feli, ilusionada ante los días más intensos del año. La hostelera reconoce que las reservas están prácticamente completas: “Tenemos todo completo todos los días, aunque igual alguno queda a final de fiestas”.
Durante los Sanfermines, la Bodega Núñez puede servir alrededor de 120 almuerzos al día. El menú de este año cuesta 37 euros e incluye tres primeros a compartir y un segundo a elegir. Es una propuesta pensada para quienes buscan una comida amplia, con producto reconocible y platos de cocina tradicional.
Los entrantes a compartir son el aperitivo de la casa, jamón ibérico, ensalada de tomate feo con ventresca y chorizo a la sidra. Como segundo plato, los clientes pueden elegir entre paletilla de cordero con guarnición, con un suplemento de ocho euros; chuletón acompañado de pimientos confitados, con un suplemento de siete euros; costillas de cordero lechal; entrecot con pimientos y patatas; rabo en salsa al vino tinto; lomo de bacalao a la vizcaína; o rape al horno estilo Orio.
La comida se completa con varios postres a elegir: sorbete de limón, cuajada con nueces y miel, coulant de chocolate con helado o tarta de hojaldre con crema pastelera. El precio incluye vino crianza, rosado, sidra o agua, una fórmula que ha permitido mantener el carácter clásico de los almuerzos sanfermineros.
Feli destaca también la presencia de platos muy vinculados a la cocina popular. “También está la casquería, con los menudos, callos, ajoarriero, estofado de toro…”, ha señalado. Durante las fiestas trabajan unas diez personas en la bodega y el horario se adapta al ritmo de San Fermín: abren todos los días desde las siete y media de la mañana hasta las seis de la tarde.
“Todo el año esperamos a los nueve días de Sanfermín. Sigue siendo un empujón importante, es la semana de más trabajo del año”, ha explicado la dueña. Ese esfuerzo se nota en la organización previa, en las reservas y en una clientela que repite cada verano.
La mayoría de los comensales son habituales, aunque no todos proceden de Pamplona. “Suelen venir los mismos a almorzar cada año, y muchos son de fuera de Pamplona. Vienen hasta de Madrid y de Sevilla, además de los habituales del barrio”, ha contado Feli. Muchos ya son conocidos en la casa y se apuntan por teléfono con tiempo para no quedarse sin mesa.
Feli reconoce que al principio le costó hacerse cargo de un local con tanta historia, pero ahora se siente plenamente adaptada. “No me arrepiento de coger el bar. Al principio me costaba, pero ya me he adaptado y está todo muy bien”, ha afirmado. Lleva 25 años en Pamplona y resume así su vínculo con la ciudad y con la bodega: “Llevo media vida en la ciudad. Durante el año vamos bien, así que adelante”.