SOCIEDAD

Arturo, el joven de 26 años que ha vuelto de Madrid para revolucionar la fotografía de bodas

Arturo acaba de lanzar su propio negocio de fotografía de bodas y eventos. CEDIDA

El joven de 26 años ha regresado de Madrid para impulsar Fortuny & Co y Local Disstrict, dos proyectos fotografía, vídeo y marketing digital.

Arturo Barzola siempre ha tenido una idea en la cabeza: "montar un negocio propio". Antes de abrir sus dos marcas de fotografía, vídeo y marketing digital, ya había probado otros caminos. Había revendido productos limitados, había intentado sacar adelante un canal de YouTube y llevaba tiempo dándole vueltas a un mundo que le atraía casi tanto como emprender: el audiovisual. “Siempre he tenido un carácter muy emprendedor”, resume ahora, con 26 años y un proyecto recién puesto en marcha en Pamplona.

Ese proyecto contempla dos marcas. Por un lado está Fortuny & Co, la firma con la que quiere abrirse hueco en el sector de las bodas y otros eventos para particulares. Y, por otro, Local Disstrict, una propuesta orientada a las empresas que necesitan mejorar su imagen, grabar contenido y ganar presencia en internet. Dos caminos distintos, pero una misma base: la cámara, la edición y una idea muy clara de cómo se vende hoy cualquier servicio.

Aunque estudió Economía, Barzola reconoce que siempre ha sentido mucha atracción por el diseño gráfico, el diseño web y la comunicación visual. Por eso decidió, comprarse una cámara y empezar a aprender por su cuenta. Sin estudios específicos en fotografía, fue avanzando de forma autodidacta, apoyado en tutoriales, práctica y horas de trabajo. “Soy fiel creyente de que la práctica hace al maestro”, asegura.

En su relato no hay una gran ruptura, sino una suma de intereses que han acabado encajando. El gusto por comunicar, la curiosidad por el entorno digital y la inquietud constante por emprender han terminado confluyendo en una actividad con la que ahora quiere ganarse la vida. 

Antes de dar el paso, ha cogido experiencia trabajado en entornos corporativos y ha pasado por empresas de peso en diferentes sectores. Esa experiencia le ha servido para conocer desde dentro cómo se mueve la comunicación empresarial y para ganar seguridad. “Creo que tengo un respaldo muy grande de lo que sé hacer a nivel audiovisual”, sostiene. No habla sólo de grabar o hacer fotos, sino también de editar, planificar, presentar y entender qué necesita cada cliente.

En su caso, además, hay una diferencia importante: no separa la parte creativa de la parte estratégica. Barzola no sólo quiere grabar una boda o entregar un vídeo corporativo. Quiere que detrás haya una lógica de marca, una forma de presentar el trabajo y un servicio más completo. De ahí nace precisamente Local Disstrict, su marca para empresas, con la que ofrece una propuesta “360” que va desde el diseño web hasta el CRM, el email marketing, el paid media, Google Ads y la creación de contenido visual.

“Todo lo que tenga que ver con el marketing digital”, resume. Su idea es ayudar a negocios que tienen poca visibilidad a crecer con herramientas que van más allá de una simple sesión de fotos. En esa parte empresarial también entra el audiovisual, pero con otro lenguaje: guiones, subtítulos, entrevistas, motion graphics y una edición más pensada para vender, explicar o posicionar una marca.

La otra mitad del proyecto, Fortuny & Co, tiene un tono distinto. Ahí el foco está en las bodas, aunque Barzola no quiere cerrarse a comuniones, celebraciones familiares u otros encargos para particulares. Lo que busca es acercarse también a quienes quieren guardar un recuerdo importante sin encontrarse con precios fuera de mercado. 

Imagen de una pareja a la salida de su boda. ARTURO BARZOLA

Cuando habla de bodas, deja clara una preferencia: para él, el vídeo manda. “Las fotos son un recuerdo bonito, pero yo siempre me centro mejor en el vídeo”, asegura. En función del presupuesto y del tamaño del evento, trabaja solo o se apoya en una o dos personas para cubrir mejor la grabación. Aun así, la edición final la hace siempre él. Es ahí donde más controla el resultado y donde siente que puede imprimir su sello.

Su forma de trabajar, de hecho, está muy ligada al detalle y al control de todo el proceso. “Todo lo hago yo. Todo está respaldado por mí”, afirma. Esa implicación total le permite cuidar cada fase del encargo, aunque también le obliga a asumir mucha carga de trabajo. Por eso, uno de sus objetivos a medio plazo es profesionalizar la estructura y crear un pequeño equipo con herramientas compartidas y una dinámica más eficiente.

En ese proceso de crecimiento hay un término que repite varias veces: "inteligencia artificial". Para Barzola, la IA no es una moda ni un añadido superficial, sino una herramienta que ya le está cambiando la manera de trabajar. “La IA me ha salvado la vida”, dice sin rodeos. La usa para hacer transcripciones, generar subtítulos automáticos, detectar imágenes borrosas entre miles de fotos y acelerar partes de la edición que antes le quitaban muchas horas.

Pero su interés por la IA va más allá del ahorro de tiempo. Cree que también sirve para mejorar el trato con el cliente y la forma de entregar el trabajo. Pone como ejemplo procesos automatizados, webs personalizadas o sistemas que hacen más cómoda la experiencia de quien contrata una boda o un servicio para su empresa. “Te centras más en la experiencia del cliente para diferenciarte del resto”, explica.

Esa visión encaja con otro convencimiento que repite durante la entrevista: hoy no basta con hacer bien las cosas si nadie las ve. “Los tiempos han cambiado tanto que si tú no estás en redes sociales y no sabes indexar, estás muy perdido”, asegura. Por eso, ha decidido mezclar cámara y estrategia digital, estética y posicionamiento, imagen y captación. En su proyecto, una boda y una campaña para empresa parten de lugares distintos, pero comparten el mismo telón de fondo: la necesidad de comunicar mejor.

La decisión de poner en marcha el negocio ha llegado después de varios años en Madrid, ciudad a la que se fue para estudiar y en la que se quedó varios años trabajando. El alto coste del alquiler en la capital le hizo replantearse volver a poner rumbo a casa. "Tenia ahorros para invertir en este proyecto, pero no tanto como para permitirme vivir en Madrid y sacarlo adelante", lamenta. 

Por eso ha preferido volver y empezar en un entorno más manejable, donde cada euro puede invertirlo en sacar el negocio adelante. 

Barzola asegura que "el boca a boca" le está ayudando mucho en estos primeros pasos de su negocio. Algunos clientes y contactos profesionales ya le conocían por su trabajo anterior y han empezado a contar con él para proyectos sueltos. No han sido encargos masivos ni una red comercial cerrada, pero sí un primer paso. “Ha habido algunos clientes y creo que esto se puede volver algo serio”, sostiene.

También ha contado con el apoyo de personas cercanas que le han ayudado a hacer porfolio y a seguir ganando experiencia. En un negocio de este tipo, donde muchas veces se trabaja desde casa y sin escaparate físico, ese círculo cercano se convierte en una base importante para despegar.

Ahora, uno de sus retos está en ajustar su propuesta al mercado navarro. En Madrid ya manejaba unos precios concretos, pero sabe que aquí el contexto es distinto y que tiene que medir bien el terreno. “Todavía estoy intentando saber cuál es el precio medio para que las personas puedan dar el paso a confiar en mí”, admite. Mientras tanto, insiste en que está abierto a presupuestos personalizados y a adaptarse a cada encargo.

De momento, reconoce que en Local Disstrict ha trabajado sobre todo con empresas grandes, en parte porque viene de ese mundo y porque sus contactos están ahí. Pero no quiere limitarse a ese perfil. La intención es abrirse también a negocios más pequeños que necesiten apoyo para ganar visibilidad, mejorar su imagen o empezar a comunicar de una forma más profesional.

Con Fortuny & Co y Local Disstrict, Arturo Barzola ha decidido convertir una mezcla de intuición, práctica y experiencia en un proyecto con vocación de futuro. Ha vuelto de Madrid, ha ordenado todo lo que sabía hacer y lo ha dividido en dos marcas para llegar a públicos distintos.

Detrás de ambas está la misma idea que le ha acompañado durante años: emprender, contar historias con imágenes y construir un negocio propio desde la cámara y la estrategia. De estos meses de aprendizaje se queda con la emoción de poder formar parte del día más especial en la vida de muchas personas: su boda. "Ojalá algún día me toque a mí".