Carta de un policía municipal de Ansoáin
La gestión de la plantilla en la Policía Municipal de Ansoáin ha dejado de ser un problema organizativo interno para convertirse en un ejercicio insostenible de presión sobre los trabajadores. Avisar a un agente con menos de veinticuatro horas de antelación para modificar su turno de trabajo no es una anécdota ni una exigencia puntual del servicio: es la prueba evidente del colapso en la planificación de la jefatura y del equipo de gobierno municipal.
Con el 80 % de la plantilla de baja, la única forma de proceder en estos momentos no es la conciliación, sino el mandato directo de cambio de turno o de día de trabajo, bajo la figura de la orden de servicio de un superior jerárquico. Es decir, te cambio de turno o de día y punto.
La realidad operativa resulta demoledora. Con solo trece agentes —en el mejor de los casos, porque hay varios de baja— en activo para cubrir una plantilla presupuestada de dieciocho, la carencia de personal se está supliendo a fuerza de improvisación, anulando la conciliación y sometiendo a los profesionales a un nivel de estrés continuado.
Las denuncias de las organizaciones sindicales UGT y SPPME, sumadas al reconocimiento del propio Ayuntamiento de que existe un problema de carácter estructural, constatan que la cadena de mando ha optado por la vía más lesiva: trasladar las deficiencias de gestión directamente a la vida personal de los empleados.
Resulta inaceptable que un Ayuntamiento con un presupuesto que supera los doce millones de euros, con superávit en sus cuentas y una deuda cero, sea incapaz de articular un cuadrante laboral predecible y respetuoso con la legalidad. La solvencia económica de la que presume el municipio contrasta frontalmente con la precariedad organizativa que se impone a sus policías. Ningún superávit presupuestario justifica la vulneración del derecho al descanso.
Queda patente que puede no tratarse, entonces, de un tema económico, sino de unos prejuicios hacia la institución policial, al no respetar a sus agentes como los trabajadores que son.
Sostener el servicio público a base de llamadas de última hora y cambios arbitrarios degrada la función policial y agota la capacidad del personal. La cobertura de la seguridad ciudadana requiere previsión, cálculo y rigor administrativo, no parches imprevistos que dinamitan la estabilidad de la plantilla. La responsabilidad de la falta de efectivos debe asumirse en los despachos, no imponerse mediante el recurso sistemático al teléfono personal del agente.
El Ayuntamiento dice abogar por la comunicación, pero, hasta el momento, solo se han recibido órdenes directas, porque cumplir el convenio vigente no está dentro de sus planes.
Hay que remarcar que, con la anterior jefatura, no existían estos problemas o, por lo menos, no estaban tan agravados; existía coherencia en su mandato.
El Ayuntamiento aboga por la comunicación, pero no comunica; aboga por la seguridad de sus vecinos, pero no cubre servicios.
Más de 25 años sin dejar un servicio sin cubrir: eso era hasta hace bien poco tiempo.
Que cada cual saque sus propias conclusiones.
Carta de un policía municipal de Ansoáin