• viernes, 29 de mayo de 2026
  • Actualizado 16:33

Opinión / A mí no me líe

Por qué el socialismo no funciona nunca

Por Javier Ancín

“El socialista mira una cifra, el 2%. La realidad mira todas las demás. Limitar el precio de un alquiler es fácil. Basta una ley. Lo difícil es controlar lo que ocurre después”

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza?

El verso es de Borges. Habla de las consecuencias que vienen detrás de las consecuencias. De las piezas que empiezan a moverse cuando creemos que ya hemos terminado de mover las nuestras.

Y nos sirve para entender por qué el socialismo no funciona.

Los socialistas siempre creen que controlando la primera jugada se gana la partida. Nunca entienden las siguientes, que son precisamente las que les hacen perderla.

Esta semana hemos sabido, por los datos publicados sobre la evolución del mercado del alquiler en Navarra tras la declaración de zonas tensionadas, que los nuevos contratos se han desplomado desde la entrada en vigor de la medida. De 1.365 contratos registrados en el segundo trimestre de 2025 se ha pasado a 843 en el primer trimestre de 2026, una caída cercana al 39%. Al mismo tiempo, el Gobierno de Chivite destaca una reducción de los precios del alquiler de alrededor del 2%.

Y ahí está el problema. El socialista mira una cifra, el 2%. La realidad mira todas las demás.

Limitar el precio de un alquiler es fácil. Basta una ley. Lo difícil es controlar lo que ocurre después. ¿Qué hace el propietario que pensaba alquilar? ¿Qué hace el que estaba valorando comprar una vivienda para ponerla en el mercado? ¿Qué hace el pequeño ahorrador que hereda un piso? ¿Qué hace el promotor que estudia si construir o no construir?

Ahí empieza la trama que se le desborda al socialismo. La izquierda mueve una pieza y piensa que enfrente no hay nadie moviendo otra. Nadie calculando. Nadie respondiendo. Nadie multiplicando las opciones.

Esto, que cualquier niño entiende en cuanto empieza a jugar al ajedrez, el socialismo no llega a comprenderlo nunca. Por eso insiste una y otra vez, repitiendo esquemas que conducen al fracaso. Y cuando todo se derrumba, en vez de asumir que su ideología no funciona, recurre al viejo mantra para volver a empezar: aquello no era verdadero socialismo.

Los pisos no obedecen decretos. Obedecen incentivos.

Si alquilar resulta cada vez menos atractivo, habrá menos alquiler. Es así de simple. Sigue controlando los precios y al final controlarás un solo precio: el de la única vivienda que quede en el mercado de alquiler. Si consigues que ese único piso baje de 1.000 a 500 euros, podrás sacar un titular precioso: «El Gobierno reduce el precio del alquiler un 50%».

Para un único inquilino.

La izquierda lleva toda su vida intentando resolver problemas de oferta actuando sobre los precios, como si el precio fuera la enfermedad y no el síntoma.

Faltan viviendas. No hay más.

Y cuanto más tardes en entenderlo, más años se tardará en construirlas. Más familias quedarán fuera. Más jóvenes seguirán atrapados en casa de sus padres. Más personas descubrirán que la vivienda protegida por el Gobierno existe sobre todo en las ruedas de prensa del Gobierno.

Construir viviendas lleva años. Limitar precios lleva una tarde. Por eso hacen lo segundo. Para que parezca que hacen algo, cuando lo único que consiguen es destruir el poco mercado que quedaba.

Y luego se sorprenden los votantes de izquierda cuando aparecen las consecuencias: menos contratos, menos oferta, más alquiler temporal y más dificultades para encontrar piso.

Entonces llega la segunda regulación para corregir los efectos de la primera. Después, una tercera para corregir los efectos de la segunda. Después, una cuarta.

El socialismo es eso: una intervención intentando arreglar los problemas creados por la intervención anterior.

Porque las personas reaccionan. A los incentivos, a los riesgos y a las leyes.

Y cuando reaccionan, la realidad cambia. Se estropea el ecosistema para el que la intervención había sido diseñada. Qué contrariedad. Mecachis.

Entonces llegan las excusas.

La primera es la de siempre: esto no era verdadero socialismo.

Y la segunda, todavía más enternecedora: la he cagado, sí, pero tenía buena intención.

Como si las consecuencias desaparecieran por la nobleza de los sentimientos. Como si una política pública pudiera evaluarse por las intenciones de quien la impulsa y no por los resultados que produce.

Mientras tanto, los contratos desaparecen, la oferta se reduce y encontrar vivienda resulta cada vez más difícil.

Pero tranquilos. La próxima vez sí será el verdadero socialismo, amiguitos, y lo resolveremos para siempre. Y eso es todo.

¿Tienes una tienda, un bar, un restaurante o un local comercial en Pamplona o alguna localidad de Navarra?

¿Quieres salir en nuestra sección de Comercio Local y que miles de personas conozcan todo lo que ofreces con una noticia y fotografías hechas por profesionales?

Escríbenos a esta dirección y hablaremos contigo para contactar cuando antes: [email protected]


Apóyanos para seguir realizando periodismo independiente.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Por qué el socialismo no funciona nunca