La colombiana que llegó sola a Navarra y lleva media vida arreglando ropa muy cerca de Pamplona
Liliana Hincapié ha pasado más de media vida entre arreglos de ropa, cremalleras, zapatos, bolsos y pequeños apaños. Esta colombiana de 58 años está al frente de una pequeña tienda de arreglos de ropa y calzado en un municipio de la comarca de Pamplona donde ha encontrado clientes fieles y una vida hecha en Navarra.
El establecimiento se llama El Remiendo Navarro y está situado en la calle Lerín 17 de Ansoáin, muy cerca de otros comercios conocidos como la frutería Segura, la tienda de chuches de Agustín Villarroya ‘Tino’ o la tienda de regalos Basoa de Luis Miguel Martínez. El nombre llama la atención desde fuera y resume bien la historia de una mujer que llegó desde Colombia, empezó trabajando en este oficio y terminó quedándose al frente del negocio.
“En esta tienda llevo unos 17 años más o menos. Estoy contenta. Los clientes son muy majos. La gente aquí es muy de barrio. Le gusta consumir en el comercio del barrio, aunque Ansoáin es un municipio propio”, explica Liliana Hincapié, que atiende sola el local de lunes a viernes, de 9.30 a 17 horas, y descansa los fines de semana.
La tienda de arreglos ya funcionaba cuando ella llegó. “Esto funcionaba como una microempresa donde yo empecé a trabajar y al final me quedé con la franquicia”, recuerda. En realidad, su trayectoria en el oficio es más larga: casi 22 años desde que comenzó en una tienda de Pamplona y 32 años desde que llegó a la ciudad. “Fui de las primeras colombianas que llegó a la ciudad. Había muy pocas cuando llegué”, señala.
Liliana llegó a Pamplona con 27 años porque tenía una amiga en la ciudad. “Probé suerte y me ha ido bien. Llegué con 27 años y solo conocía a una amiga. Poco a poco fui echando raíces, traje a mi familia y aquí nos instalamos”, cuenta. Desde entonces, Navarra se ha convertido en su casa, hasta el punto de sentirse plenamente integrada en la vida de Pamplona y Ansoáin.
“Me he hecho totalmente a Pamplona y a Ansoáin. Yo diría que ya soy una pamplonesa más. Me han tratado muy bien”, asegura. En Navarra tiene hoy a casi toda su familia: su madre, de 91 años; una hermana; su marido, Jesús Baigorri, que es de aquí y está jubilado; y su hijo Iosu, de 22 años, al que define con cariño como “navarrico”.
El negocio le permite vivir, aunque no da para tener empleados. “Tampoco te da para tener empleados, pero bueno. Un negocio pequeño es para que lo lleve el dueño”, explica. En El Remiendo Navarro arregla ropa y calzado, además de bolsos, cinturones y “algunos apañicos”, esos trabajos pequeños que muchos clientes siguen necesitando para alargar la vida de sus prendas y objetos.
Liliana habla de su oficio con sencillez, pero también con orgullo. Sabe que quedan pocas tiendas como la suya y que los pequeños comercios de arreglos se han convertido casi en una rareza. “Los clientes están contentos en general. Quedan pocas tiendas así. Creo que somos una especie en vía de extinción”, afirma.
El problema, según reconoce, es la falta de relevo generacional. “No hay relevo generacional. Los chavales de hoy en día van a otras cosas”, lamenta. A sus 58 años, sin embargo, no piensa todavía en dejarlo. “Aún me queda alguna mañana de trabajo y además hago mi trabajo con cariño. Me gusta”, añade.
También ha visto cambiar mucho Pamplona desde que llegó. “Ahora hay mucho inmigrante. Antes era diferente. Igual más trabajo. Ahora ha cambiado”, reflexiona. Su propia experiencia forma parte de esa transformación: llegó sola desde Colombia, construyó aquí su familia y ha terminado siendo una vecina más en un entorno donde se siente reconocida y querida.
Colombia, aun así, sigue ocupando un lugar especial en su vida. Hace un par de años volvió a Pereira, en el eje cafetero colombiano, con su marido y su hijo, que no conocían su ciudad de origen. “El corazón un poco dividido. Fue una experiencia bonita que vieran la ciudad de Pereira”, recuerda. De Navarra, en cambio, dice que le gusta todo: “Las costumbres, las fiestas, la comida. Me han tratado muy bien, estoy muy hecha a todo”.
Las reseñas de los clientes reflejan esa buena relación con el barrio. “Excelente servicio y muy buena atención al cliente. Muy recomendado para el arreglo de ropa y calzado. Gran profesional y persona, volveré seguro”, ha escrito uno de ellos. Otra clienta ha destacado: “He ido dos veces y en ambas veces el servicio fue rápido y amable. Cuando algo no se podía arreglar, me lo comentaron. Contenta con los resultados”. Detrás del mostrador de El Remiendo Navarro, Liliana sigue reparando ropa, zapatos y bolsos, pero también manteniendo vivo un oficio cada vez más difícil de encontrar.