El conocido bar de Pamplona que cambió de nombre tras 42 años y ha cerrado en solo siete meses
La persiana lleva tres meses bajada y no hay señales de actividad. Uno de los bares más conocidos de Pamplona, situado junto a la Plaza de Toros, ha vuelto a cerrar sus puertas, apenas siete meses después de iniciar una nueva etapa con otro nombre y una propuesta gastronómica diferente.
Se trata de El Gato Bigotón, el antiguo bar El Ruedo, situado en el número 4 de la calle Olite de Pamplona. El establecimiento reabrió el 6 de diciembre de 2025, después de una pequeña reforma, pero dejó de funcionar tras los sanfermines de julio de 2026 y continúa cerrado a mediados de octubre.
El cierre ha puesto fin, al menos por ahora, a un proyecto que había despertado curiosidad entre los clientes habituales de la zona. Su principal atractivo era el jamón asado artesano, una especialidad con la que sus nuevos responsables pretendían hacerse un hueco en la hostelería pamplonesa.
La nueva aventura hostelera ha durado poco más de siete meses. Una etapa muy breve si se compara con los 42 años de historia del antiguo El Ruedo, un establecimiento que llegó a convertirse en toda una referencia para los aficionados a los toros y los amantes de los almuerzos tradicionales.
De los 300 almuerzos diarios de El Ruedo al cierre de El Gato Bigotón
Para entender la importancia de este local hay que remontarse a 1982, cuando Feli Nieto y Vicente Lacarra compraron un restaurante que ya tenía una marcada personalidad taurina.
El negocio pasó posteriormente a manos de su hijo, Joaquín Lacarra Nieto, que había comenzado a trabajar allí con apenas 14 años. Con el paso del tiempo, Joaquín se convirtió en una cara muy conocida de la hostelería pamplonesa.
El Ruedo era especialmente famoso por sus almuerzos, que comenzaban a servirse a las ocho de la mañana. Su cocina casera, el ajoarriero de receta familiar y el ambiente taurino atraían a una clientela fiel que llenaba el establecimiento.
En sus mejores jornadas, el bar llegaba a servir hasta 300 almuerzos diarios, además de las comidas que continuaban hasta bien entrada la tarde. "Aquí siempre almuerza todo el que viene", explicaba entonces Joaquín, orgulloso de un negocio en el que había pasado prácticamente toda su vida laboral.
Sin embargo, aquella etapa terminó después de los sanfermines de 2024, cuando Joaquín se retiró y el histórico establecimiento cerró sus puertas. Por primera vez en décadas, El Ruedo no abrió durante las fiestas de 2025.
El Gato Bigotón reabrió con jamón asado y una decoración renovada
La segunda vida del establecimiento comenzó el 6 de diciembre de 2025, cuando tres navarros con experiencia en hostelería asumieron el proyecto y decidieron cambiar su nombre por el de El Gato Bigotón.
La gestión diaria quedó en manos de Rodrigo Coronel Molina, un ecuatoriano de 49 años que llevaba dos décadas viviendo en Pamplona y que había trabajado en establecimientos como La Mandarra de la Ramos. "Vivo en Pamplona desde hace 20 años y esta es mi casa", explicaba Rodrigo durante la presentación del nuevo negocio.
El responsable comenzó aquella aventura con seis trabajadores y una carta que pretendía conservar parte de la cocina tradicional, aunque con una identidad diferente a la del antiguo El Ruedo.
El producto estrella era el jamón asado artesano, elaborado con una receta especial. También ofrecían bocadillos calientes, raciones, cazuelicas y una barra de pinchos que se adaptaría a las preferencias de los clientes.
La reforma había sido sencilla, con cambios en la pintura y la decoración para conseguir un ambiente más moderno y juvenil. Incluso las paredes incorporaban mensajes desenfadados y una particular receta en la que aparecían abrazos, amor, paciencia y sonrisas.
Claribel Lara preparó los primeros sanfermines con bocadillos y fritos
El gran examen para El Gato Bigotón llegó con los sanfermines de 2026, sus primeras fiestas desde la reapertura. El 30 de junio, pocos días antes del chupinazo, Claribel Lara, encargada del establecimiento casi desde su inauguración, explicaba los preparativos para afrontar unas jornadas especialmente intensas.
La trabajadora dominicana confiaba en que las fiestas sirvieran para dar a conocer el nuevo bar y conseguir que los visitantes regresaran después a probar su especialidad de jamón asado.
La propuesta era muy diferente a la del antiguo El Ruedo. No habría almuerzos tradicionales, comidas ni cenas durante San Fermín. En su lugar, el establecimiento apostó por una amplia selección de bocadillos y fritos para atender rápidamente a los clientes.
Entre las especialidades destacaban el croquetón casero de jamón asado, los fritos de jamón y queso y las bolas de pimiento. También se podían pedir bocadillos de lomo con queso y pimiento verde, bacon, chistorra, tortilla de patatas, salchichón ibérico y chorizo ibérico.
El más característico era el de jamón asado de la casa con aceite de oliva y pimentón, uno de los productos con los que los responsables pretendían diferenciarse de otros establecimientos de la zona.
Un horario de seis de la mañana a cuatro de la madrugada
La cercanía con la Plaza de Toros de Pamplona condicionó completamente la organización de aquellas fiestas. El bar preparó un horario especialmente amplio, con apertura prevista a las seis de la mañana para atender a quienes acudían al encierro y cierre a las cuatro de la madrugada.
Para sacar adelante el servicio, el establecimiento había previsto contar con unas 14 personas entre camareros y personal de cocina. También decidió prescindir de las mesas y sillas durante las fiestas, aunque mantuvo un pequeño espacio de barra en la terraza. La intención era facilitar el movimiento de clientes y servir los pedidos con rapidez.
Claribel reconocía entonces que una de las principales dificultades era conseguir que los pamploneses identificaran el nuevo negocio. Muchos todavía entraban preguntando por El Ruedo, cuyo recuerdo seguía muy presente.
La encargada explicaba que los fines de semana estaban funcionando bien y que los clientes valoraban positivamente los bocadillos y el croquetón casero.
El antiguo bar El Ruedo vuelve a quedarse con la persiana bajada
Sin embargo, aquella primera experiencia de El Gato Bigotón en San Fermín también ha sido la última etapa de actividad conocida del establecimiento. El bar cerró después de las fiestas de julio de 2026 y, tres meses después, continúa con la persiana bajada en la calle Olite.
No ha trascendido el motivo concreto del cierre ni si sus responsables tienen previsto recuperar la actividad más adelante. El local se encuentra en una zona de gran tradición hostelera, muy cerca de la Plaza de Toros, del bar Tomás y del restaurante El Burladero, otro establecimiento especialmente vinculado al ambiente sanferminero.
En apenas dos años, este espacio de Pamplona ha pasado de despedir a Joaquín Lacarra Nieto, después de cuatro décadas de almuerzos y ambiente taurino, a estrenar una nueva identidad gastronómica y volver a quedarse sin actividad.
La persiana de El Gato Bigotón permanece bajada desde julio, mientras el recuerdo del histórico bar El Ruedo sigue ligado a los almuerzos que durante 42 años se sirvieron en el número 4 de la calle Olite.