La película no está en la cúspide de Nolan, pero es una proeza con muchas cualidades. Sus carencias hacen que la historia de Homero sea un lugar al que querer volver.
No sé qué es más increíble: que la historia de Homero haya llegado a nuestros días, la épica de Ulises o que su historia nos siga rebanando los sesos. Otra curiosidad es que, en la 11.ª película de Nolan, Tenet (2020), Oppenheimer fuese mencionado en el guion y que en Oppenheimer (2023) se mencionase el mito griego de Prometeo.
Todo esto es tan interesante como que el director inglés ya había adaptado La Odisea, solo que no directamente. Incontables veces, sus protagonistas tienen que recorrer laberintos para llegar a sus seres queridos. A veces, laberintos de recuerdos (Memento), oníricos (Origen) o galácticos (Interstellar).
La Odisea de Nolan se estrena hoy y es tan épica que es difícil de digerir. No todo en ella funciona, pero se acerca mucho. Tengo la sensación de que su inicio es donde está su mayor fuerza. Echo de menos el virtuosismo de montaje, guion y música de Oppenheimer y no diría que esté en el top de Nolan. Sin embargo, ningún defecto la aleja de ser una auténtica proeza de adaptación cinematográfica.
Tenía 7 años cuando vi Troya (2004) en un cine de verano. Me encantó todo en ella y, por supuesto, lo que la acompañaba: ese mundo de los dioses griegos y sus mitos. Y me llevó a conocer esa segunda parte que decidieron no hacer, llamada La Odisea.
No se ha hecho en Hollywood desde entonces y no me extraña. Es un rodaje duro: es difícil lidiar con todo lo fantástico, contarlo todo en una película y conseguir que el viaje en barco de Ulises no se vuelva pesado. Hasta Kubrick rodó una y todavía pensamos en ella. Es el tipo de producción que puede acabar con un director consolidado.
Si alguien podía hacerlo, era Nolan, cuyo montaje de Oppenheimer le valió un Óscar muy merecido: ¡qué rápido y qué bien se mueve esa película! Ulises, igual que el propio Oppenheimer, vive con el peso de las consecuencias de su idea. Ambas —bomba y caballo— son desarrolladas para detener la guerra, pero no sin cobrarse víctimas. De eso va esta Odisea: del precio de la violencia.
El director y guionista no es especialmente político ni propagandista, pero sí vemos en sus últimos cuatro filmes un intento por escapar de la locura bélica, ya sea en las playas de Dunkerque, en una guerra cuántica, impidiendo que los alemanes desarrollen una bomba atómica o evitando que la barbarie de Troya se lleve consigo a la civilización occidental.
Las ganas estaban, sobre todo tras una mitad de año de cine floja. Mi sensación es confusa: hay mucho que me ha gustado, pero echo de menos cosas y me sobra alguna aventura.
El primer tercio, de maravilla —empieza a mil por hora—; me gusta el tercer tercio y es en el segundo donde encuentro algún meandro y donde la cinta no va por delante de nosotros. Curiosamente, algunas de las escenas que más me han gustado corresponden a aspectos que Homero nos narra en su historia, pero no explícitamente, y aquí sí.
Al ser una historia tan larga, es difícil no juzgarla por su final, al que veo algo carente de emoción o revelación. ¿Quizás un encuentro con Laertes lo habría solucionado?
Sin embargo, hay mucho con lo que deleitarse en esta producción de más de 200 millones: los imaginativos efectos prácticos que emplea para mostrarnos los aspectos más fantásticos sin recurrir a efectos especiales. Algo tan sencillo como ver a tanta gente arrastrar al caballo… Nos estimula, acostumbrados como estamos a ver tanto efecto digital. Todo lo que vemos de lo ocurrido en Troya es oro.
Me encanta cuánto ha ganado el cine de Christopher Nolan desde que, en 2014, contó con Hoyte van Hoytema como director de fotografía. Sus imágenes tienen un color y evocan más simbolismo que nunca.
Me gusta cómo el guion y los actores consiguen mantener más interesante lo que sucede en Ítaca que en la flota de Ulises. En otras adaptaciones, suele ser un espacio más estanco donde Penélope y Telémaco no terminan de tomar decisiones.
No es perfecta ni está en la cúspide de Nolan, pero es una proeza con muchas cualidades. Ahora, tengo que decir que algunas de las pelis de Nolan a las que más estoy volviendo (Dunkerque u Oppenheimer) no me maravillaron en su momento. Sus carencias hacen que la historia de Homero sea un lugar al que querer volver.