UPN y PP tienen ante sí una negociación que no debería limitarse a decidir cómo concurrir a las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. La verdadera cuestión es si ambos partidos son capaces de construir una estrategia común que tenga continuidad también en las elecciones forales y municipales de mayo de 2027.
Las razones electorales son evidentes. Juntos pueden disputar el tercer escaño de los cinco que reparte Navarra y recuperar en el Senado una posición mucho más fuerte. Con los resultados de las últimas generales, una candidatura conjunta habría conseguido tres de los cuatro senadores por Navarra.
Pero el debate va más allá de la aritmética. Una coalición estable permitiría a ambas formaciones competir por convertirse en la primera fuerza de Navarra, evitar la fragmentación del centroderecha y llegar a mayo de 2027 con una estructura electoral ya construida, un programa compartido y una alternativa reconocible frente al actual bloque de gobierno de Chivite, sumido en la sombra de la corrupción y las cesiones a los nacionalistas vascos.
UPN y PP deben resolver sus diferencias y cerrar una fórmula que permita también a UPN conservar voz propia en Madrid. Si ambos partidos consideran necesario sumar fuerzas en noviembre, resultaría difícil justificar que vuelvan a competir entre ellos apenas seis meses después en las elecciones al Parlamento de Navarra y a los ayuntamientos.
La situación política exige además tener memoria. El PSOE atraviesa una etapa marcada por graves casos judiciales que han afectado a algunos de sus antiguos dirigentes de mayor responsabilidad. José Luis Ábalos, exministro y exsecretario de Organización socialista, ha sido condenado a 24 años y tres meses de prisión por delitos de corrupción. El navarro Santos Cerdán, que también ocupó puestos de máxima responsabilidad en el partido, ha pasado por la cárcel y sigue implicado en investigaciones judiciales de enorme gravedad.
Desde una óptica crítica con el socialismo navarro, ese contexto reduce los incentivos para que UPN construya su estrategia futura pensando en eventuales entendimientos con el PSOE, mucho menos tras la aberrante moción de censura que entregó Pamplona a Joseba Asiron. UPN debe olvidarse de futuros pactos con los socialistas y pergeñar ya una estrategia sólida para tratar de llegar a sumar los 26 escaños de la mayoría.
Por eso, la negociación abierta ahora puede ser mucho más que un acuerdo técnico para unas elecciones generales. Puede servir para definir si UPN y PP reconstruyen un proyecto común con vocación de gobierno en Navarra.
La decisión que adopten UPN y PP en los próximos días determinará, por tanto, mucho más que una lista electoral. Determinará si vuelven a caminar separados o si comienzan a construir una alternativa conjunta para el próximo ciclo político de Navarra.